PALABRAS DESCUBIERTAS O REDESCUBIERTAS: ORBITAL (Y DOS O TRES DETALLES SOBRE LOS LIBROS DE IAN M. BANKS SOBRE LA CULTURA)


Un inciso. Como novedad, incluyo una de esas palabras que sólo encuentra uno en la literatura de ciencia ficción. No hablo tanto de esa jerga inventada sin base alguna, sino esas palabras que sí coquetean con la ciencia verdadera. 
Uno puede darse de cabezazos buscando qué significa “orbital” pero sólo en Internet puede uno entender que es una creación original del autor, y su significado real. 
Por cierto, por si no tengo ocasión de colgar aquí un análisis más reposado de algunos de los libros de Ian M. Banks que forma su ciclo de La Cultura, anticipo que, si bien Pensad en Flebas (Consider Phlebas, 1987) tiene localizaciones más grandiosas (y origen de ese aspecto tan relevante de la ciencia ficción, el sentido de la maravilla), es mejor obra A barlovento (Look to Windward, 2000). 
Eso sí, no me pidan que les explique por qué esa idea suya de La Cultura ha tenido tanto impacto en la ciencia ficción, porque, a mis ojos, es un cúmulo o bien pobremente explicado o bien caótico por definición. Para mí, estas novelas representan parecidos problemas de esa hard-science fiction de la serie de Mundo Anillo, de Larry Niven (con la que comparte también esa broma, un poco demasiado aplaudida por ciertos fans del género, de bautizar con nombres curiosos a las naves). Un marco bien pensado desde el punto de vista de la ciencia, y unos personajes casi tan simples como los de algunas obras de Robert A. Heinlein. Pero ésa es otra historia. Vayamos con la palabra en cuestión.

Orbital

Hábitat espacial construido a propósito (en otras palabras, por seres inteligentes) que forman un anillo (si bien menor que un anillo mundo, como el que inventara Larry Niven, en Mundo Anillo), que rota simulando gravedad. Sus habitantes, a menudo alcanzando el número de billones, viven en la cara interna del anillo, donde planchas del tamaño de continentes han sido formados para ofrecer todo tipo de ambientes naturales y clima, normalmente con el objetivo de crear resultados espectaculares.


“Vavatch flotaba en el espacio como el brazalete de un dios. El  aro de catorce millones de kilómetros relucía y centelleaba con destellos azules y dorados, recortando su silueta contra el telón de fondo negro azabache que se desplegaba detrás de él. La Turbulencia en cielo despejado emergió del hiperespacio con el orbital delante de la proa, y casi toda la tripulación se congregó ante la pantalla del comedor para observar cómo su objetivo se iba aproximando. El océano color aguamarina, que cubría casi toda la superficie del material de base ultradenso utilizado en la construcción del artefacto estaba salpicado de nubecillas blancas que se agrupaban según los caprichos del clima para formar inmensos sistemas tormentosos o vastas cordilleras algodonosas. Algunas de ellas parecían extenderse a lo largo de los treinta y cinco mil kilómetros de anchura del orbital que giraba lentamente sobre sí mismo”

Pensad en Flebas. Ian M. Banks  (La Factoría de Ideas, 2007)

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CHRONICLE (JOSH TRANK, 2012): ANÁLISIS


Chronicle (Josh Trank, 2012) es una película de ciencia ficción como género “madre” que, en cambio, se inserta dentro de un subgénero: el del found footage. O quizá haya de considerarlo como un formato. Ofrece pocas posibles variantes. Y añade una problemática justo en el propio nombre. ¿Quién se supone que ha encontrado este material filmado o grabado? Si no se explica nada de las circunstancias en que el material “encontrado” se exhibe todo resultará poco probable.

Por ejemplo ¿quién encuentra todo lo grabado por el equipo del documental de El último exorcismo (The Last Exorcism, 2010, Daniel Stamm)? ¿Y cómo es posible que se exponga, cuando todo acaba como acaba? Si no recuerdo mal, aquel incipiente proyecto paralelo al estreno (una especie de anticipo de transmedia) de El proyecto de la Bruja de Blair (The Blair Witch ProjectDaniel MyrickEduardo Sánchez, 1999) sí creaba una posible explicación a cómo accedíamos al material que veíamos. En Monstruoso, se supone que era una grabación retenida para su estudio por los militares. 

Aun así, ni siquiera esta “explicación” justifica todo el metraje. Por ejemplo, se hace difícil de asimilar que alguien grabe con tanta constancia durante todo lo sucedido en Monstruoso (Cloverfield, 2008). Eso sí, el formato permite otras posibilidades que contraponerle ventajas para lo dramático. Recuerdo cómo la cinta encontrada del metraje se cortaba en ciertos momentos, para dar paso a grabaciones anteriores, que funcionaban a modo de flash-back. ¿Era original? Todo es relativo en cuanto a este concepto; pero era, sobre todo, efectivo.

En cuanto a Chronicle ya empieza con esa limitación que hay que aceptar pronto o, como espectador, te quedas fuera. No tenemos idea de quién ha montado todo esto, ni cómo el material ha llegado a sus manos. En especial, el final lo hace todo más confuso, con una cámara donde se supone que se ha guardado mucho de lo anteriormente visto, y que es abandonada… ¡en el Himalaya!

Otros detalles un tanto inverosímiles están desde el principio. La cámara que usa Andrew, el protagonista, es antigua. Eso justifica que un adolescente pueda comprarla con sus ahorros. Pero al tiempo, es lo suficientemente grande como para que pase desapercibida. Es poco probable que logre captar algunas imágenes, al principio… (cuando la lleva al instituto) y que nadie se la rompa, cuando Andrew, sabemos enseguida, es un paria. 

La contrapartida de este subgénero/formato es que lo barato tiene sentido (aquí, un artículo sobre qué ha significado su paso por la taquilla de los Estados Unidos). Y que suelen ser películas muy cortas. Que empiezan relativamente pronto y cuyo ritmo es bastante raudo. Quizá por esa misma dificultad de verosimilitud. Más velocidad; menos opciones a que el espectador se haga preguntas sobre si se cree lo que ve o no.

Por otra parte, estoy de acuerdo con Abigail Nussbaum cuando dice, en su análisis, para Strange Horizons: 

“Found footage, meanwhile, which was originally intended as a way of short-circuiting the artificiality of composed, professional camerawork and injecting a sense of realism into a narrative, has, through massive overuse, quickly become a cliché.”

Sin embargo, igual que ella, he de admitir que Chronicle ofrece algunos aspectos interesantes, en particular en la temática del super héroe. No hablaríamos tanto de un guión redondo tal cual, como de una idea o premisa que ahonda en un tema de manera peculiar.

Para ello, hemos, ya digo de aceptar, con mayores o menos reticencias,  este pacto de verosimilitud. Si esperamos un poco, puede que entremos más en la trama. Así, una vez pasadas esas primeras escenas, el hecho de cómo descubren el extraño objeto que “dispara” o “detona” la trama está mejor pensado. El detonante puede ser filmado justo porque otro chico de la fiesta (el popular) detecta a Andrew con la cámara, le pide que le acompañe al sitio del evento: necesitan alguien que grabe lo que ya intuyen que es una rareza.

En cualquier caso, esos insertos de la segunda cámara (la que lleva Ashley, que graba para su blog) vuelve a hacernos la misma pregunta: ¿quiere decir que alguien ha editado el material? ¿Quién y cuándo? Y es algo que se usará más adelante. 

Pero pasemos por alto esta incoherencia. En cambio, sí está conseguido el tono. Siendo adolescentes, los primeros usos de los poderes tiene sentido que lo utilicen para grandes estupideces. En verdad, Chronicle de pronto nos expone una vertiente de realismo que siempre debió estar ahí, en lo referente a superhéroes y, sin embargo, nunca nos lo planteamos como necesario.

Si nos vamos al superhéroe de cómic con más elementos en común, tenemos a Spiderman. Peter Parker es un adolescente y, aun más, es lo que hoy llamaríamos un geek (recordemos que era un empollón al que se le daba muy bien la ciencia) y, hasta cierto punto, un marginado. La diferencia puede ser de época, o bien por la carga idealista que le quisiera dar Stan Lee cuando lo creó, allá en los años 60. Parker recibía los poderes y en ningún momento se veía tentado de usarlos para su provecho, ni, sobre todo, para hacer las burradas que a cualquier chaval de su edad se le hubieran ocurrido. Sea porque el cómic original es de época más ingenua, o porque aún las viñetas no reflejaban tanto la realidad, sólo ahora Chronicle nos hace percatarnos de que Peter Parker era carne de marginado. Y que cómo es posible que, como sucede con Andrew, a él gozar de poderes no le sugiriera una tentación para la venganza. 

En ese sentido, Chronicle es más fiel al tono semidocumental: estos chicos no tienen un comportamiento modelo. Ni son muy profundos. Al mismo tiempo eso produce aquel otra falla que tantos reseñaron de El Proyecto de la Bruja de Blair. Que sus protagonistas eran unos tarados sin psicología ninguna.

Con la historia de Max Landis y Josh Trank, no diríamos tanto. Sí es que todo es un tanto rudo, un tanto básico, como si el guión fuera más bien un esquema no trabajado en exceso. Pero es en él donde se guardan los elementos fundamentales para que se explique y proponga este reverso tenebroso de Spiderman.

Parker tenía al tio Ben y aquella frase ya mítica (“un gran poder exige una gran responsabilidad”), aunque tal vez no sólo los adolescentes necesitan un “maestro” para conocer el “buen” camino. Superman necesita al padre ausente (pero presente como voz y espíritu, en su refugio polar) antes de tener sus poderes en toda su amplitud (hasta el traje, en la película original de Richard Donner). Christopher Nolan le añade un guía espiritual a Batman en Batman Beguins (2005), si bien es alguien al que, tal vez siguiendo la senda psicoanalítica, luego ha de superar y matar.

Pareciera que un super héroe siempre requiere, en su principio, un conjunto de reglas, una moral o una ética proveniente de una figura paterna. Ahora bien, ¿qué sucede cuando dicha figura es problemática? Algo de ello se entreveía en el Hulk cinematográfico primero (Ang Lee, 2003). El propio personaje de cómic ya lo facilitaba, pero sus guionistas le dieron un vuelco: la rabia archiconocida de Hulk, su poder y, al tiempo, su problema, provenía de un padre en este caso tan inmoral como, al final, hasta enemigo.

El protagonista de Chronicle vive también en un marco familiar incierto. Su padre no es una posibilidad de confidente. Y a su alrededor tampoco hay hueco para un posible guía o maestro que le enseñe, no ya, a cómo usar sus poderes, sino que le ofrezca una filosofía que justifique en qué situaciones no usarlos.

Así, sería como ese trasfondo habitual que puede darse en los super héroes, el de la mitología (esta crítica de aquí, ve en la película de Trank estas influencias), se llenara o chocara con un retrato más a ras de suelo. No sabemos si en los años 60 de Stan Lee sucedería o no; lo claro es que hoy, aquí (y no sólo en Estados Unidos; digo “aquí”, y me refiero a todo Occidente), cualquier adolescente que vaya por los lindes de la marginalidad sería un superhéroe muy muy peligroso.

En Chronicle el el mayor problema es que el guión depende de los personajes, ya que no hay ningún misterio concreto que desvelar.  Esto sí sucedía en The Witch Blair Project, o, más cercana en el tiempo,  y otro caso del subgénero, en Apollo 18 (Gonzalo López Gallego, 2011). Al menos, en esta película de ciencia ficción, si no nos importaban mucho los personajes, queríamos seguir el metraje para averiguar qué ha sucedido con la misión rusa. Cómo serían los alienígenas. Como ya decíamos aquí, la atracción por lo maravilloso es un aspecto relevante cuando se mueve uno en los géneros de la ciencia ficción o el fantástico.
Aquí, no estoy seguro cuál lo que se supone que nos mueve a seguir la historia. ¿La fascinación porque empiecen a usar los poderes para hechos más espectaculares? Bueno, existiendo la ingente lista de películas, series, cómics, etc, sobre gente con super poderes, parece imposible. Y los poderes que reciben no son, tampoco, especialmente originales.
Dependemos de tres personajes que, insisto, apenas están esbozados. Sin duda, hay más tiempo y dedicación para el protagonista, pero una situación crea un “representante” social, una categoría (“adolescente marginado”), no una individualidad. Andrew, así, es bastante predecible con esas mismas primeras escenas. Rápidas y contundentes: un poco demasiado, quizá. Padre abusador, madre enferma, problemas en el instituto. En cuanto a síntesis, nada que objetar (de hecho, tal vez sea una película mejor dirigida que escrita): ojalá mucho cine comercial fuera tan sintético. En cambio, no hace falta mucho para saber qué va a suceder.

A eso le sumamos que alguno de los intérpretes están algo forzados en ese entusiasmo adolescente (ver cómo reacciona Steve después de que Andrew le salve). Y sobre todo, algo que yo encuentro clave. Andrew es el camino oscuro que toma el super héroe, y se expone claramente por qué, pero… ¿y qué sucede con su primo? Él no tiene guía ni maestro y sin embargo siempre asume cuáles son los límites morales o éticos.

¿Será que Chronicle propone la emancipación de todo maestro? ¿Que la idea propuesta es que, aquí y ahora, y a diferencia de los super héroes clásicos, es mejor que cualquier adolescente aprenda por su cuenta que tener que acudir a figuras paternas? 

En este caso, nos acercamos al film de tesis, y, en este sentido, los personajes acaban siendo más bien marionetas más bien vacías a las órdenes de dicha tesis. No hay duda de que hay momentos logrados como cuando Andrew habla a su cámara explicando su improvisada teoría de la evolución, con un tono y actitud que promete sembrar el terror entre sus (ya no tanto) semejantes.

El momento en que el espectador percibe que Andrew comenzará su camino de destrucción

También, de nuevo, insistiremos en que Josh Trank es fiel al found footage hasta en momentos inconvenientes para el blockbuster de turno como es el clímax de acción y destrucción (dependemos de cámaras no fieles a grabar de la mejor manera posible los vuelos y destrozos de la pareja de super héroes).

Pero, como retrato de esa otra posibilidad, cómo sería un super héroe joven que recibiera poderes hoy día, es demasiado esquemático, y hasta simplista. 

AFTERBIRTH KAMERON HURLEY 2011 BSFA AWARD NOMINEE SHORT STORY. RELATO NOMINADO A LOS PREMIOS BSFA AL MEJOR RELATO


After Birth es un relato de ciencia ficción de Kameron Hurley, nominado este año al mejor relato por la BSFA (British Science Fiction Association). 
Posee una estructura que intercala el pasado y el presente, si bien es una estrategia que sólo se detecta a media que se avanza en ello. El pasado utiliza un narrador omnisciente, y expresan la vida de la protagonista, Bakira, hasta llegar a la situación que narra el presente, expuesto mediante el diálogo de ésta en un encuentro con una superior.
Esta estructura oscilante ofrecen diferencias de ritmo y, de este modo, variaciones. Así que tenemos el relato de los hechos, que quizá pequen de demasiado resumidos: lo que se nos cuenta aquí es casi toda una vida. Pero, a diferencia de la historia de Nina Allan, es una técnica, la del resumen, lógica para con un formato de relato corto.  
A su vez, dicho resumen, impide que los molestos info dumps se cuelen; aquí no hay un narrador intrusivo que detenga la narración para señalarnos los por qués de esa sociedad futura que retrata Kameron Hurley.  
Como decía, no hay referencias contundentes a la cronología, de modo que sólo poco a poco entendemos que la conversación entre Bakira y su superior sucede al final de todo su periplo. Lo que es interesante porque oferta un método para que como lectores contrastemos cómo es posible que esta protagonista (como mujer, y en ese mundo tan contrario a las mujeres por tantos motivos) alcance la clarividencia y el valor para enfrentarse a dicha superior.
En el contenido de la historia en sí, el contexto de la historia, al parecer, se completa y matiza mediante el universo que Kameron Hurley desarrolla en sus novelas; la primera, God´s War. Por fortuna, y de nuevo a diferencia de Nina Allan y The Silver Wind, no considero que sea necesario leer esa otra ficción para disfrutar de After Birth. Resumidos, sí, pero con una buena selección (esto es; incluyendo aspectos relevantes) de elementos, uno puede imaginarse sin problema la sociedad retratada aquí. Y, de propina, el relato ofrece bellos pasajes.
En lo referente a lo negativo, estoy de acuerdo con Martin, el autor del blog Everything is nice (y el que ha abierto el debate sobre los relatos nominados este año a los BSFA Awards). Esa necesidad de Bakira  en las escenas (una escena, en realidad, sólo que llena de diversos insertos/flash-backs donde se narran los hechos) de diálogo va afirmando un camino que yo creía que se iba a evitar. El exceso de información mediante técnicas poco sutiles. De forma que no hay info dumps, pero sí hay mucho diálogo demasiado aclaratorio, en especial en la última parte del relato.
Respecto a lo que Martin McGrath dijo en el blog, yo añadiría que a veces uno puede descubrir que algunos hechos están ahí por conveniencia y no originados por la propia narración. Por ejemplo: la decisión de hacer frente a la concejala. Es una acción de Bakira que pudiera juzgarse, bien como contradictoria (no en el buen sentido; Bakira es muy interesante como un personaje contradictorio, en realidad) o bien como inconcebible. Contradictorio, porque es obvio que Bakira sabe muy bien la forma de pensar de este sistema. Luego, digamos que es aquella persona que nunca se rinde, que se prepara para intentarlo una vez más, incluso ante esta sociedad que es improbable que admita sus teorías. ¿Es concebible, aún así, que también pondrá en riesgo su vida o su futuro por ello? A medida que avanzamos en la lectura de estas conversaciones, nos damos cuenta de Bakira no calla ninguna de sus ideas … cuando esto podría ser tomado como una especie de herejía. Así que no sé a ciencia cierta el verdadero motivo de esta reunión (una interna, es decir, una externa sería para el autor para exponer lo que la historia necesita que le llegue al lector). 
Dicho esto, quiero subrayar que la historia de Hurley es uno de los mejores entre los relatos finalistas  a los BSFA Awards en lo que respecta a la creación de imágenes poderosas (el otro destacable en este sentido sería Covehithe, de China Miéville); imágenes, que, al tiempo, expresan muy bien este mundo que está retratando. Algunos ejemplos:
“The magicians crowded over her like flies, buzzing and spitting. “
Esa imagen, en el momento en que ella es para dar a luz, describe perfectamente a esta sociedad en la que está siempre a una mujer sometida a las demandas de otras personas. Los magos de los que habla se refiere a un universo donde ciencia y magia se confunden. Lo que no es nada confuso es cómo se abusa de las mujeres; meros seres destinados a la procreación.
“It was three days after the birth, and Bakira´s wound was already scarred over. They said she could come back and have it cut out of she liked, but most women liked to keep it, to prove they had one
their part for the future of Nasheen.”
Creo que esto dice mucho, y funcionan muy bien como una forma de sintetizar cómo las mujeres de este mundo, pese a lo dicho, aceptan e incluso apoyan las reglas impuestas. Por eso Bakira será una excepción.
En realidad, estas imágenes, los detalles y los hechos eran suficientes. Tras su puesta en palabras (en la escena de diálogo) acerca de cuán cerrado era este sistema, y cuán cansada y oprimida se siente Bakira al respecto, hacia el final, era, según mi perspectiva, hacer un poco haciendo evidente lo que no era necesario. Una vez más, de acuerdo con Martin. Los hechos de los apartados de narración en tercera persona eran suficientemente contundentes. No hacía falta que Bakira, la protagonista, los enfatizara.
Otro tema que me pareció interesante es esta conexión entre Dios y la exploración, más específicamente, la exploración del espacio. Sé de sobra que la religión y la ciencia se han conectado antes en la ciencia ficción, pero lo que me atrae es la forma en que se asume por esta protagonista en particular. Cómo somos capaces de entender su desesperación y su necesidad de encontrar una salida, y cómo esas pequeñas pistas de lo que es capaz de ver desde la distancia (su obsesión por la astrología y qué hay más allá, en las estrellas) podía, para ella, contar una historia completa de lo que sucedió hace años y años. Y cómo también todo ello construye un personaje con contradicciones enriquecedoras.

“For a woman whose use of logic is so vital to her proclaimed profession, you have presented very logical statements”
En efecto. Ya sea debido a la conexión entre la magia y la ciencia en este mundo, o por la conexión personal que Bakira ha hecho, aquí nos encontramos con un tema a desarrollar (o eso espero) en futuras ficciones de esta autora. Si no es así, de todos modos tenemos este Bakira contradictoria que ni siquiera sabe por qué recupera a esos hijos; una obligación que no es tal en la sociedad reflejada aquí. Tal vez eso explique o justifique, al menos en parte, algunas cuestiones de las reseñadas: tal vez Bakira actúa como actúa porque es contradictoria, apasionada, y ha llegado a un punto en su vida en que no teme arriesgarse. Lo dejo a la opinión de los lectores.
Para finalizar, diría que es llamativo que After Birth comparta ciertos elementos con otro de los relatos nominados: The Copenhagen Interpretation, de Paul Cornell. En ambas historias, un sistema (en el de Kameron Hurley, cultural y político; en el de Paul Cornell, policial) logra la ocultación de otra posible realidad más allá de unos límites que no se quiere que ningún ciudadano común traspase. En el caso de After Birth, ese conocimiento es un vínculo potencial con la Historia; con un pasado que quizá hablara de otra manera en que la sociedad podría organizarse. En el caso de The Copenhagen Interpretation, todo queda en un mayor misterio, con cierta ambigüedad. Pese a la cual, uno sospecha que lo que descubre el agente protagonista es algo bien real, y que sus instancias superiores deciden ocultarlo.

Si quieren leer otras impresiones y críticas respecto a After Birth, de Kameron Hurley, vayan aquí.

THE SILVER WIND, NINA ALLAN. 2011 BSFA AWARD NOMINEE SHORT STORY. RELATO NOMINADO A LOS PREMIOS BSFA AL MEJOR RELATO


The Silver Wind, de Nina Allan, es un relato de ciencia ficción que juega con las realidades alternativas y el viaje en el tiempo. 



En cuanto a este primer relato nominado para el premio BSFA, el principal problema es de verosimilitud. Creo que está relacionado con la opción de un narrador en primera persona.

Como otros comentaristas del blog Everything is Nice han mencionado, para ser el protagonista, y estar contando lo que le sucede (que se supone que es, pues, relevante) es, a la vez, excesivamente minucioso con cada detalle, y demasiado distante. Tanto que, por momentos, da por pensar si no es un narrador en primera persona “falso”. Uno que se expresa como un narrador en tercera persona. Demasiados detalles y no una voz particular: `habla’ en una gramática ortodoxa, pero plana; no hay sentimiento especial en él. Lo que hace que me pregunte si esta historia no sería mejor con un narrador omnisciente. Como afirma Radu Eugen Romaniuc (@rreugen):

              “I didn’t see the narrator as a real human being at all, but only as an echo of the author.” 

Incluso cuando habla de su esposa, no puedo encontrar una forma personal de expresarse que me toque como lector. Y la pérdida de la misma es nada menos que la Motivación principal de este protagonista. Algunos comentaristas en los posts del blog mencionado hablan de que es intencionado: que este personaje es aburrido, mediocre. Aunque si fuera el caso, y no es, pues, por su esposa fallecida, ¿entonces para qué se iba a interesar por esa investigación en pos de Owen, el dueño del reloj?

Otra cuestión fundamental es el grado de predictibilidad. La mayor parte del tiempo, como lector, me sentí por delante de lo que estaba pasando. Por así decirlo, tuve la impresión de que yo era más inteligente que el personaje. No, por supuesto, porque yo sea especialmente hábil, sino debido a que la conversación con Owen muestra información de sobra como para prever lo que sucederá. Con un protagonista que parece no haber presenciado o escuchado lo que nosotros sí, significa una falta absoluta de suspense. 

Si Owen cuenta lo que cuenta (por cierto, lo “dice”; no se “cuenta”: no se muestra, no son hechos que veamos por nosotros mismos), parece innecesario, y hasta contraproducente, ver los hechos después. Puestos a que ideemos posibilidades, en todo caso, mejor una explicación que hubiera venido después de que hubiéramos asistido a los hechos. En ese hipotético caso, nos sentiríamos perdidos, y aceptaríamos mejor que entonces Owen (o el narrador/protagonista) nos facilitara uno de esos info dumps que son tan comunes en la literatura de ciencia ficción, por desgracia, aunque no sólo en ella; también en el best seller medio. Se me ocurre que algo así sucede con Al final del Arco Iris (Rainbow´s End, Vernor Vinge, 2007), donde se nos incluye en un mundo futuro apenas sin pistas, y, a ratos, hasta yo, que los odio, anhelo que haya uno de esos info dumps. Y, aun así, Vinge es un autor más osado: no se detiene para dichos trozos “encajados” mejor o peor para que se nos expliquen datos e informaciones.

Por tanto, la decisión de Nina Allan de que la entrevista con Owen desvele ya casi todo ocasiona dificultades para con el suspense, y, además, causa una reiteración innecesaria.

En la página 35, después de lo que Owen le ha dicho, parece muy poco probable que el protagonista no se da cuenta de que entrar en el bosque es peligroso. Él se siente dubitativo sobre qué hacer, ¿y si regresa a la casa de Owen? No, él teme el lugar … Sin embargo, no siente ningún tipo de preocupación respecto a la idea de entrar en el bosque. Se le ha advertido sobre los mutantes allí, y también acerca de lo que alguna vez le hacen los soldados a algunas personas. Sin embargo, parece haberlo olvidado. En ese momento, el protagonista me perdió como lector. Después de eso, cuando los soldados lo llevan al interior del hospital, que no tiene ni un solo pensamiento sobre el peligro que sin duda podemos sospechar: el hecho de que será utilizado en el experimento de enviar gente a otros tiempos.
El narrador no presta atención suficiente a lo que está sucediendo a su alrededor y, sin embargo, es obsesivo con casi cualquier cosa. Esto origina una extensión del relato que resulta enervante. Por supuesto, también podría ser con el fin de crear algún tipo de atmósfera. No creo que este sea el caso, excepto, quizás, al principio, cuando, como lectores, logramos acceso a algunos detalles (no muchos, no muy originales o atractivos) de esta sociedad del futuro. 
Además, puedo estar equivocado, pero una característica importante en la escritura de los relatos es la precisión. Yo diría que esta historia podría haber sido 20 páginas más corta … por lo menos. En la página 5, hay una pista de lo que puede ser la clave de la historia: un “sembrado” según la terminología del guión. No se recupera hasta varias, muchas, páginas después. Y toma 35 páginas “volver ” a esa escena en la introducción: el encuentro con Owen. Yo diría que es un primer acto demasiado largo. Y diría, también, que la estructura también es bastante deficiente.
Por ejemplo, toda aquella parte acerca de cómo el protagonista llega a tener conocimiento de Owen es demasiado tiempo, y no da tanta información relevante. Tal vez, algunos detalles sobre Miranda. Pero Usher o Dora … ¿eran secundarios necesarios? ¿Era imprescindible que se indagara tanto en ellos, para que la historia siguiera adelante? ¿Lo era, desde un punto de vista dramático? Tal vez, estos otros personajes tienen su objetivo en ese contexto más amplio que otros comentaristas han mencionado en el blog Everything is Nice. Según se nos informa sólo en el contexto de otros relatos y su colección, el relato de Nina Allan adquiere sentido pleno.

“The story was collected in a book of the same title with four linked “stories of time disrupted“.

Aun así, ¿la historia de un relato no debería sostenerse por sus propios méritos?

Por último, encuentro una serie de contradicciones en el protagonista, especialmente una: una vez que está en ese “tiempo alternativo”, ¿por qué no busca a Miranda? Al parecer, lo que creíamos su motivación era sólo una excusa. 
El final está lleno de incongruencias, con algunos detalles inexplicados (¡después de tantos detalles irrelevantes durante toda la historia!). Como la forma en que recibe un trabajo con tal facilidad, y se queda a vivir en ese tiempo alternativo. La parte final me parece que apresurarse demasiado, cuando todos los indicios llevaban a pensar que la forma en que el tiempo funciona como alternativa iba a ser el tema y la idea central de la historia. Así que, para mí, la historia es predecible en lo que no debe y no lo es cuando debería ser. La conversación con Owen era, pensé, para crear la expectativa de que, tarde o temprano, asistiríamos a ver todas esas teorías por nosotros mismos. Sin embargo, las páginas y las páginas que siguen pasando, y no pasa nada. Y cuando lo hace, en menos de 5 páginas, todo acaba. Por lo tanto, en la estructura, un primer acto muy largo, el segundo acto largo y tercer acto muy corto.

Sin embargo, otros lectores del relato de Nina Allan difieren. Si quieren saber cómo, y sus argumentos, les indico de nuevo dónde leerlos: aquí.

CIENCIA FICCIÓN. RELATOS NOMINADOS A LOS PREMIOS BSFA (BRITISH SCIENCE FICTION ASSOCIATION)


Desde hace unos años, he recuperado mi gusto por la ciencia ficción, en su vertiente literaria. No tengo tiempo para hablar de todo en este blog (menos ahora, que se me van las horas en el guión; bueno, en el tratamiento previo al guión), pero lo cierto es que mi viejo hábito me ha llevado a la investigación de las actuales tendencias y autores. 
Sin embargo, los libros que compro, que encuentro más disponibles, me hablan de un pasado lejano o sólo relativamente cercano. Robert A. Heinlein; Ian M. Banks; Larry Niven. Es notable la poca preocupación de las editoriales por traer lo más reciente, y, sobre todo, por hacerlo con traducciones y ediciones de calidad. La excepción (al menos en cuanto a editar aquí a autores relevantes) había sido por un tiempo la serie Nova, de Ediciones B. Aunque sus últimos lanzamientos ponen en duda que quieran seguir por ese camino. Para lo más reciente tendría que acudir a Amazon.
Una novela que sí merece esperar, o desear, que Nova siga arriesgando un poco.
Por tiempo y afición, además de por ahorro, por supuesto, me centro bastante en los relatos. Hay una gran variedad de ellos, de autores contemporáneos, que están disponibles para descargar. Legalmente, además; al fin y al cabo mucha de esta ficción se publica en magazines online y hasta en blogs personales de los autores. Obviamente, están en inglés. Por el momento, este género (y el género fantástico también) continúa siendo uno que los anglosajones dominan. Por otro lado, porque lo disfrutan más y mejor: tienen un público fiel. Otro día hablamos de mis impresiones negativas sobre los intentos de autores españoles por hacer ciencia ficción. O debería decir ciencia ficción “de género”, que en esto también hay polémica y dudas al respecto, separándose aquélla de una ciencia ficción “literaria”. Al fin y al cabo, autores españoles que traten lo fantástico y hasta la ciencia ficción han existido, y todavía existen, si bien sin quererse (ni ellos, ni la crítica) adscribirse específicamente al género. Y en otros idiomas, podemos encontrarlos también.  
Pero el inglés sigue siendo el idioma principal de las ficciones de esta clase, si lo consideramos como género. 
Hace poco he dado con una oportunidad interesante. Una web que trata estos temas que abre, de cuando en cuando, una especie de club de lectura online, donde cualquier podía leer unos relatos de ciencia ficción, y, después, compartir sus ideas e opiniones en los comentarios del post. Es esta web.
Los relatos estaban, y están, disponibles on line, y son los nominados a los premios BSFA en el apartado de short-fiction. La BSFA es la British Science Fiction Association, y, por experiencia, y por blogs que leo, parecen más serios que los que están detrás de los clásicos premios Hugo, cuyas últimas evoluciones parecen haber bajado el nivel muy mucho.
Son los siguientes:
Pueden ustedes descargarlos, leerlos, y dejar sus opiniones, y enriquecer el debate hasta la fecha en que se conceda el premio (consulten los nominados en novela; son bastante definitorios de por dónde se mueve la buena y tal vez la menos buena ciencia ficción en estos días). De nuevo, tendrá que ser en inglés. Advierto que el concepto de short-fiction, de relato, es un tanto neblinoso, e igual hay historias de 8 páginas que las hay de casi 60. 
Próximamente, iré colgando aquí mis análisis de cada relato, traducidos al español. 

8 ESCENAS DE 2011; SERIES DE TELEVISIÓN (I) BURN NOTICE, FRINGE, DOCTOR WHO


El orden no es de mejor a peor o viceversa. Son tan sólo escenas y momentos (en ocasiones, incluso meros planos) que son punto de partida (o de llegada) para una reflexión sobre las series de televisión que he visto durante 2011. Hay spoilers repartidos por los textos, así que mejor lo leen si ya han visto estas series.
1. Burn Notice, Quinta Temporada, Capítulo 2 (Bloodlines)
Los que seguimos Burn Notice, en verdad, tenemos algo de masoquistas. Sabemos que la cadena USA no se atreverá a avances reales sobre las aventuras de Michael Westen. “Characters Welcome” ya se antoja contradictorio como lema: sin progresión, no hay personaje. Supongo que aún no perdemos la esperanza, o bien nos caen ya demasiado bien los secundarios, como Maddie y Sam. O quizá, con esta quinta temporada, teníamos curiosidad. Westen por fin volvía a la CIA; su Objetivo como personaje durante ¡cuatro temporadas! ¿Cómo pensaba dotarle de interés y narración Matt Nix?
Y la temporada comenzaba fuerte. De pronto, en esa trama episódica (ese esquema de stand-alone episodes que son, a la vez, subtramas con respecto a la Trama principal de cada temporada), se empujaba el caso habitual que había de resolver Westen hacia algo que de veras importaba: Michael y su pasado. Michael y su madre. Michael y su herencia, más presente en su trabajo actual de lo que él tal vez quisiera admitir.

Y con esto es suficiente; el silencio de Maddie, su dificultad con el mechero, la preocupación de Michael… Y sabemos que la “actuación” ante el detenido ante el que Michael ha simulado que maltrata a Maddie trae malos recuerdos. Y la cosa va a más…
Burn Notice ganaría si la serie siguiera alguna variación. Una posibilidad sería que lo personal creciera y se entrometiera más, ahora que la Trama Principal parecía, digamos, estabilizarse. Es el caso de esta escena, y de todo este capítulo. Otra posibilidad estaría en que se contemplara cuán inverosímil es que Westen se meta en casos ajenos hasta cuando se juega su futuro. Y, como fuimos descubriendo, la Trama Principal volvía a incluir un peligro bastante inminente. Toda una manía, la de las Subtramas; aquí esos episodic plots que a veces no son necesarios y hasta estorban.  ¿Por qué no dejarlas de lado, al menos de cuando en cuando, en esas ocasiones en que la Trama Principal tiene suficiente peso? Ni una opción ni la otra han sido escogidas para la temporada. Cierto que ahora se añadía una variante que dejaba respirar un tanto el esquema habitual: ahora, dichas stand alone plots podían ser no ya esos casos que toma Michael; también podían ser, y han sido, las misiones de la CIA. Pero no ha sido suficiente. No, después, justamente de este capítulo segundo, donde el efecto en los personajes era tan fuerte.

Otro problema ha sido, y es llamativo, la aparición de un oponente fuerte (casi mejor que los de otras temporadas)… demasiado tarde. Y demasiado tarde en la totalidad de la propia serie. Cuando en una ficción, hacia su final surgen esos datos nuevos que reinterpretan el pasado del protagonista, el desastre es muy posible. Veáse cómo también surgía de la nada la madre del protagonista de Prison Break. Y cómo esto siempre parece un conejo sacado de la chistera.
2. Fringe, Tercera Temporada, Capítulo 15 (Subject 13)
Porque indica, con dolor, todo lo que la serie no está consiguiendo ya, y es probable que nunca consiga. Centrarse en la Trama Principal, producir un terror diferente (es esta, una ciencia ficción peculiar que ya había dado pruebas de reconducirse a los terrorífico), y retomar ese tema tan afín a la ciencia ficción. Walter no deja de ser un regreso al arquetipo del “científico loco” y los efectos de éste (y de su compañero de andanzas, y creador de una multinacional, nada menos) en Olivia de niña (y de la Olivia actual) es de una crudeza inusitada. Visto a través de una grabación, aún más. Y un capítulo donde, en un final notable, se desvelaba nueva información: cómo descubría el otro Walter qué había sucedido realmente.

Nunca es agradable ver cómo se experimenta con humanos. Menos lo es cuando el sujeto es un niño. Menos, cuando Walter ha sido tan amable con Olivia, para luego incrementar su obsesión, con pruebas que fuerzan a la niña hacia el terror.

No han ido por ahí los tiros.

Son estos dos personajes, Olivia, y Walter, los que han centrado la ficción, y no sólo porque Peter haya estado “borrado” parte de la cuarta temporada. Y sí; ambos, nos tienen ganados. Sufrimos con la locura de Walter (en especial en el principio de la cuarta temporada, algo que no se explotó ni desarrolló; el temor a estar de veras loco) y entendemos los silencios de Olivia, y su dolor, en la tercera temporada. Sin embargo, desde que ahora la línea temporal ha variado (y nunca sabemos del todo cuánto) parece que la desgracia de Olivia es menor. Los “stakes” han bajado y mucho.

Este 2011 han pasado los capítulos sin que, muchas veces, no sucediera nada relevante. No es suficiente creernos que una serie así requiere tiempo para seguir construyendo una mitología que era (y es) atrevida y atractiva. Porque no; la mayor parte de esos capítulos de más no han investigado o expuesto qué más diferencia el mundo a del mundo b… y ahora, tampoco lo hacen con el mundo c.

Tampoco vale el supuesto argumento de que muchas series “son así”. Fringe ya se atrevió al salto mortal en aquella segunda temporada, y resulta frustrante que se retorne al esquema de casos que restan metraje. No todos esos episodic plots han sido descartables, aunque esto no libra a los creadores de la serie de pereza, recuperando un esquema que estaba superado. A Fringe le podemos exigir más. Y otras series con estructura episódica, sí que crean nuevos conflictos que afectan a la Trama Principal: sin ir más lejos, The Good Wife.

3. Doctor Who. Sexta Temporada. Capítulo 2 (Day of the Moon)
Las expectativas en ocasiones se apoyan en argumentos sólidos, y ¿qué más sólido que ese Moffat que nos había dado los mejores capítulos del Doctor Who de Russel T. Davies? ¿Quién, si no él, para nuevo showrunner? Y, sin embargo, no. Puede que sea porque las temporadas sean cortas, pero el esquema de la serie comprime demasiado. Y que cada final signifique esa especie de “final del universo tal como lo conocemos” empieza a cansar. Y complica los guiones. Moffat mete en berenjenales cada vez más extremos al Doctor, y, por ello, su salida se antoja cada vez más por los pelos… Ya sucedía con el final de la quinta temporada. Y regresó con el capítulo 7 (A Good Man Goes to War) de esta sexta temporada. De pronto, nadie sabe de dónde, volvían los Cyber-Men (¿no estaban eliminados ya de este universo?) y toda una organización que iba contra el doctor porque era “peligroso”. ¿Cuándo lo ha sido? ¿Hay que ser un seguidor fiel de todas las series anteriores, para entender dicho peligro? Todo se apresuraba, una manía de Moffat que se ha acrecentado mucho, y también se percibía en su guión para el Tintín de Spielberg.
También en aquel final de la quinta temporada se planteaba lo que surgía en el de la sexta; esa cuestión conocida de los guionistas: si enfrentas a tu protagonista a un peligro complicadísimo, luego no lo saques con facilidad. Si era tan sencillo resolverlo, se creaban expectativas falsas. Los finales además puede que funcionen peor porque los últimos Actos crecen en metraje. Es algo que recuerdo que sucedía en Smallville. No es tanto problema en los capítulos “normales”; pero en aquellos y lo que se resuelve allí no es, propiamente, nada de esa conflicto principal (de ese “conflicto” que acabará con el Doctor y/o el Universo).
 
La escena elegida incide en esa capacidad de Moffat para crear seres nuevos (aquí, los denominados “El Silencio”, si bien la propia temporada luego nos matizará quiénes son), algo en lo que coincido con Miss MacGuffin. Y, sobre todo, cómo los incluye en las imágenes sin exponerlos demasiado, o con un uso del off muy trabajado (lo que nunca entendió Russell T. Davies, que exponía seres donde el cartón piedra era muy obvio). Aquí, la presencia de estas criaturas muchas veces se nos hacía saber por esas marcas que se hacían a sí mismos los que las veían… y luego las olvidaban.
Lástima que esa velocidad excesiva (también en plantear y luego resolver un problema) haga que el aspecto oscuro, y casi el género de terror haya saltado por la ventana en la nueva orientación de Doctor Who. Estaba en este principio y estará en la sexta temporada
El final jugaba con guiños al espectador, pero este año Moffat apremiaba todavía más; al menos, en la anterior, se requerían dos capítulos para afrontar el peligro y cómo lo resolvía el doctor. En este caso, sólo uno; y, de nuevo, un último Acto que alargaba y restaba metraje para la Trama principal. La complejidad de dicha Trama en sí dificultaba muy mucho cerrar y cerrar bien esta sexta temporada.

(Continuará)

LA FUGA DE LOGAN (Logan´s Run, Michael Anderson, 1976) Ciencia Ficción extravagante y… divertida (¿a su pesar?)


La Fuga de Logan desespera o divierte cuando se torna un poco pop. Contiene momentos insólitos, otros, bien planificados (la escena con la máquina que permite que los ciudadanos se cambien su rostro a voluntad; parte de la ceremonia de “renovación”), y otros algo ridículos, por culpa de unos efectos especiales o bien desfasados o bien deficientes, y unos personajes un tanto simples.

Para un resumen de su argumento, ver el propio trailer.

El film es del año 1976. Al año siguiente, se estrenó Stars Wars. Con un sentido del espectáculo que, para bien o para mal, lo cambiaba todo. 2001, y el camino abierto por Kubrick era ¿otra vez, quizás?, cerrado justo tras su paso. La ciencia ficción más reflexiva o sesuda o madura o adulta o filosófica (disculpen la indecisión con los adjetivos; también la tengo a la hora de juzgar la peli de Kubrick) quedaba en segundo plano.
Pero La Fuga de Logan, de forma curiosa, ya parecía dirigirse a eso (casi todo será ya más bien espectáculo), antes que la saga galáctica. Muchos aspectos jugosos de la novela en que se basa se sacrificaron (Ver aquí, http://en.wikipedia.org/wiki/Logan%27s_Run_%281976_film%29#Differences_between_the_novel_and_film).
Pero el film de Lucas también revolucionó el cine de Hollywood en términos de efectos especiales. Lo primero que uno encuentra en la mayoría de reseñas es que la película de Michael Anderson se ha quedado “antigua”. En verdad, por muchos otros motivos, como la misma dirección de arte (es cierto que uno nota demasiado que la cámara se desplaza por una maqueta), o incluso cierta ingenuidad, y simplicidad incluso en la relación de los dos protagonistas, Logan 5 (Michael York) y Jessica 5 (Jenny Agutter).
O, bueno, puede que haya que situar el film en su década, porque ese efecto pop también lo producía Barbarella. Claro que en aquella película todo parecía tomarse menos en serio, y la risa o la sonrisa parecían, más que probables, buscadas. Y había un poco más de carga sexual. De todos modos, para ser una película mainstream, La Fuga de Logan tiene elementos eróticos bastante marcados.
 Sobre lo que se desprende en lo ideológico, tengo impresiones encontradas. No puedo rebatir lo que afirma Richard Scheib, sobre cómo algunos mensajes (además, hechos explícitos en los diálogos) parecieran indicar que se postulan unos valores conservadores.
“then (they) realize the concepts of mother and father and lifelong commitment. Eventually they surmise “People would stay together out of a feeling of love. They’d stay together, raise children and be remembered.”
Cierto. Menos de acuerdo estoy con que el film sea del todo una especie de respuesta conservadora a la novela de William F. Nolan y George Clayton Johnson. Si aquélla, aparentemente, se ponía del lado del pensamiento de la juventud contestataria, la que quería ser joven para siempre, y la que era “víctima” del sistema, La Fuga de Logan tal vez responda al libro con otra pregunta: ¿y qué tiene de divertido ser joven siempre?
No es que el director o el guión vayan mucho más allá, y planteen, digamos, dicho argumento, tal cual. Pero tampoco sé si una crítica (nada enfática) acerca de la vida sin propósito es retrógrada. Puede que sea yo el ingenuo pero no llego tan lejos como para creer (como Scheib) que el hecho de que se use la bandera americana durante una pelea señale aún más ese conservadurismo.
“seems like [the film] is made by middle-aged conservatives who can’t understand what youth is rebelling about and believes that what they need is to forsake hedonism and make a return to traditional respect for one’s elders, for the sanctity of family and marriage and the American flag.”
Hombre, a lo mejor hay que tomárselo con más humor (como hace  Roger Ebert). Además, puestos a analizar al detalle, analicemos. La bandera la pica donde está, para ser concretos la usa el villano para casi ahogar al protagonista. Luego, es Logan quien la usa, y contraataca.
¿De verás el uso simbólico de la bandera es, pues, tan unidireccional?
Sigamos. ¿Posee espíritu contestatario? Como diría un americano, “Hardly”.

La ciudad bajo esa cúpula no está controlada por un gobierno oscuro y conspirativo. Lo maneja una computadora. Sus siervos son humanos, el cuerpo llamado “Sandmen” (¿una referencia ininteligible a esa figura que tiene que ver con el sueño?). Son los policías encargados de vigilar y cazar (con bastante mala leche; ver la escena en que juegan a acorralar a uno de los que intentan escapar, un “runner”, un corredor). O sea que, como mucho, la crítica se vertería sobre las fuerzas “represoras”. Quizá el uniforme remita al cliché de la SS (se menciona en la promoción del film algo de ello, que puede visionarse en el DVD). Además, a Francis (Richard Jordan) y el propio Logan son los que empiezan el relato, y les vemos vanagloriarse y divertirse con la caza de runners; esto ya ocasiona un cierto “choque” con el espectador; especialmente con Francis; quizás el mejor personaje, siempre cómodo en su rol de verdugo hasta la obsesión como para perseguir a Logan hasta el final. 
Pero el hecho es que mismas fuerzas represoras también sufren el sistema.
Cuando la luz del extraño diamante que todos tienen injertados en las palmas de sus manos parpadea, es hora de pasar por esa ceremonia de la “renovación”: el “Carrusel”.
Y aquí, en la ceremonia, más sensaciones encontradas. Cuando los “elegidos” (los que están a punto de cumplir 30) salen volando, no hay duda: no funciona. Le falta verosimilitud. Y, al mismo tiempo, todo el público gritando y volviéndose histérico (gritan “renovaos”, “renovaos”) produce una cierta inquietud.
Algo que también causa extrañeza son los vacíos del guión, que muchos comentaristas han visto y señalado. Recomiendo leer la introducción al libro que hacen los propios autores, sobre el proceso de compra y venta y adaptación de su novela. Claro que, a ratos, una historia que no aclara mucho causa una sensación de abstracción interesante. ¿Por qué nadie se ha rebelado antes? ¿Qué ha pasado con el mundo? ¿Por qué ni la misma computadora sabe que el sistema ya ha corregido el error de los pocos que han escapado?
Ésta es una de las preguntas más apropiadas, ya que alguno ha señalado como fallo del guión. Pero no lo veo así. Como tampoco creo un descuido que “la resistencia” mande a los suyos fuera, porque es obvio que no saben que antes pasarán por la zona de Box: un robot que no permite que nadie escape.
Es esa área helada donde se da unos de esos momentos para reírse, cuando los protagonistas se quitan la ropa (están empapados) y se la cambian por unas pieles halladas por allí, para, apenas unos minutos después, volvérsela a poner. 
 
Además, el androide es bastante patético, aunque coincido con Robert Ring, también es:
“a creepy, poetic robot who repeats variations of this line: Fish, and plankton, and sea-greens, and protein from the sea,” as part of his explanation of why his area houses frozen animals and humans. It may not sound remarkable, but after the fourth time he repeats the phrase, it becomes distinctly sinister, in a surrealistic way.”
El anciano que encuentran en el exterior no es que sea de mucha ayuda; no aclara nada a los protagonistas, y tampoco a nosotros, como espectadores. Por cierto, no me parece que la actuación de Peter Ustinov sea tan mala como algunos han señalado. Un poco en su estilo, exagerando un tanto ese viejo despistado. 
 De nuevo, veamos si de veras lo que se propone es un regreso al “american way of life” opuesto a esa vida de hedonismo de la cúpula donde vivían.
Yo ya tengo mis dudas, desde el momento en que, cuando están en la ciudad, no parece que se condene abiertamente esa vida fácil. Un par de detalles prueban, además, que se habla de temas bastante poco comunes, supongo, en una superproducción. Logan usa “el circuito” (¿un anticipo de Internet?) para conectarse con otros ciudadanos, a los que puede “materializar” en su habitación. Lo primero que aparece es … ¡un hombre! Y uno que incluso le hace un gesto ambiguo a Logan, que, por cierto, sólo se sonríe y mueve la cabeza. Luego, una vez aparece Jessica, ella le comenta que no le apetece sexo. Logan responde:
Oh, you prefer women?
Otra de las escenas que, cuando menos, resulta llamativa, es ese “paso” por “The House of Love”: un local donde se vive una orgía continua. Lo malo es que la cámara lenta devuelve un tanto de esa ambigüedad: ¿será que los protagonistas huyen de esa forma de vida y de las drogas (los coletazos de los 60) , ya que ese relentí transmite un poso de pesadilla?
Veamos si los mensajes nos llegan más claros una vez escapan de la cúpula.
No notamos que los protagonistas admiren o respeten la edad de ese anciano que hallan. Para empezar, esta edad se muestra con su lado negativo: el pobre tipo apenas recuerda nada, y tiene visos de haber perdido casi toda su razón. Poco “modelo” puede ser para nuestros héroes. Eso sí, a ellos les fascina la barba, las arrugas. Y sí, eso del matrimonio, aunque también lo de criar a los hijos. Bajo la cúpula, los niños no conocen a sus padres.
Por otro lado, no parece que Logan y Jessica abandonen algo de su lado “hedonista”, pese a que hayan salido. Hay toda una escena donde, desnudos, se bañan y tontean en el agua. Y, aunque en elipsis, claro tampoco se puede pedir peras al olmo, hacen el amor. Otro detalle: si ese hedonismo lo transmite bien un traje de la chica que es, a ratos, bastante transparente (no lleva nada debajo), desde luego no es que lo abandone una vez en el exterior.
No, no parece que el mensaje de “volved a los viejos tiempos” sea tan obvio. Se me ocurre, que, así visto, el film de Shymalan, El bosque (The Village, 2004) entonces también es conservador.
¿Nos habla de que la dictadura de la juventud no es precisamente una utopía conveniente? ¿O nos habla de conceptos más vagos, como la libertad de decidir vivir como uno quiera? Es decir, ¿no podía el film ser menos ambiguo, y marcarse unas cartas de manera más clara, para saber qué quiere decirnos?
Pues, es probable. Eso, si pensamos como ahora, en que la autoría, la película de un director (y no de un productor, o de un proyecto más amplio) es posible, algunas veces. Para un film como la Fuga de Logan, que, además, parece que fue de un gran presupuesto (muchos egos que conformar, muchos matices que se pierden por el camino), se conforma con ser entretenido, e introducir un poco, un atisbo no demasiado clarificador, de visión sobre la sociedad.
Además, viendo los extras del DVD, descubro que hay escenas cortadas. Esto quizás aclare las lagunas de la historia. Por desgracia, cuando se llega hacia el final, esto ya no produce extrañeza sino algo de desesperación. De pronto, la ciudad explota por todas partes, y la salida al mundo exterior es más que precipitada.
Y todo comienza justo después de que la computadora se vuelva más o menos “loca” cuando no puede procesar la información que le sonsaca a Logan. ¿Cómo que no hay ese santuario al que todos se supone que huían?
Otro momento surreal, donde los haya. ¿Será que la computadora tampoco asimila lo que un espectador medio ha tenido que “superar”, en cuanto a datos que se nos escamotean?
Y, de nuevo, mientras uno puede que se ría, también puede sorprenderse. El interrogatorio es indirecto, mediante una especie de introducción en la mente de Logan. Aparecen unos hologramas que, se supone, son los pensamientos de Logan. Repitiendo una y otra vez lo que ha descubierto. Raro, pero creíble.
Como en esa escena en la máquina que cambia las caras, no todos los efectos especiales o detalles de la dirección de arte son siempre desastrosos.
En resumen, es muy posible que el guión que prepararon los autores de la novela fuera más verosímil, más serio, y, seguro, más claro en el mensaje: como puede leerse en la misma introducción, trataba del tema de la superpoblación.
Claro que eso también le hubiera añadido un elemento que, ahora, también sería visto como desfasado. Sólo por entonces era preocupante cómo afrontar el crecimiento de población, como pasaba con Cuando el destino nos alcance (Soylent Green, Richard Flesicher, 1974).

DE RELATOS DE CIENCIA-FICCIÓN: ALDISS Y LA DISTANCIA



Me temo que yo no he arribado a la ciencia-ficción por el que supongo es el usual camino. Mi adolescencia no se superpobló de best sellers, o libros de bolsillo firmados por los autores conocidos (Asimov, Clarke), sino que la llenó una infinidad de géneros y temas. Mi “selección” se encuadraba en esas mismas ediciones de bolsillo, y algunas bajo el signo de los best seller, sólo que de selección había más bien poco, y era un cúmulo caótico y sin criterio. Sin definición clara por géneros o temas, mi entrada a la madurez no llevó el que sería primerizo interés a su subsiguiente estadio.La verdad es que he llegado con mayor gusto a este género por una vía secundaria: los relatos. De modo ocasional, cayeron en mi regazo libros y autores, en su versión novela, pero andaba yo, por entonces, un tanto desplazado al ojo cinematográfico. Encontraba en cada página una posible traducción a cine, y así desaprovechaba el placer simple de la lectura.Pero hace relativamente poco, he dado en buscar relatos. Los clásicos dan lecciones maestras, y los “grandes” te convocan piezas inolvidables. Sin embargo, mi persecución siempre deriva a entremeter, entre clásico y clásico, cuentos de ciencia-ficción.Me gusta la originalidad. Sé que todo está dicho y escrito, pero esta afirmación se me antoja un tanto excesiva y general. Hay grandes obras (literarias, cinematográficas) que transmiten personajes, situaciones o meras historias con las que conocemos más y mejor nuestro mundo (el interno también). Pero si quiero que mi imaginación se excite, si deseo el tránsito por esa peculiaridad de la literatura que es la conducción a imágenes inusuales o desconocidas, recurro al género fantástico o de ciencia-ficción.

Puede ustedes hacer el ejercicio. Lean cualquier novela realista, incluso una que sea buena, una que sea grande, y luego tomen un desvío por alguna obra de ciencia-ficción, incluso uno que no sea bueno, que no sea grande.

A mí me sucedió con dos novelas de Gregory Benford, A Través del Mar de Soles y Abismo frenético. Poseen una tremebunda extensión, una torpeza para con la creación de personajes, y el par de teorías científicas se expresan de un modo descriptivo más que intercalado con sabiduría en el entramado narrativo. Además uno no asimila del todo las posibilidades ciencia-ficticias. Pero la miríada de imágenes, las situaciones de unas criaturas con composiciones tan diversas, los escenarios imposibles, desbocan nuestra necesidad de representarnos todo este conjunto.

Luego, no leemos, como a veces sucede con las novelas realistas o psicologistas, un ensayo sobre los sentires, los amores, las traiciones, o el caos del mundo contemporáneo. Sucede como con Lovercraft, cuyas historias funcionan mejor o peor, pero cuya fuerza impactante se expone en los paisajes y sus habitantes (oscuros, extraños hasta el terror para el autor, aunque no tanto para el lector, que casi lo lee como ciencia-ficción, y pienso en el relato En la noche de los tiempos)

Vuelvo a los relatos, porque es ahí donde creo que todos podemos adentrarnos en el género sin que la sesera se haga un esgince en explicaciones científicas un tanto truculentas.

Creo que la mejor introducción pudiera ser Crónicas marcianas (The Martian Chronicles, 1950) de Ray Bradbury. Porque es un libro de relatos de una fuerza poética bastante poderosa, y porque, al cabo, aprovecha la ciencia-ficción para propuestas de tristeza y tragedia.

Yo, en particular, ando comparando los relatos de J. C. Ballard y Brian Aldiss, que son ya popes, en esto del género.

Y digo comparando porque he ido un poco más allá de esa cualidad inspirativa imaginaria. Me dicen o me digo que lo de la búsqueda de la sorpresa o la originalidad quizá sea un estancamiento infantil (aunque si no jugamos, y el juego es un asunto muy serio, menuda vida nos espera). Así que me empeñé: descubriría qué hace un relato de esta clase más trascendente.

Recalco que la selección puede que sea injusta. Utilizo dos colecciones de Ballard contra una de Aldiss, que, además, pertenece ya a una etapa tardía, donde su genio (leo por ahí) no es tan obvio. Además, averiguo que la versión original incluye relatos que aquí no hallo.

Los superjuguetes duran todo el verano (Supertoys last all summer long, 2001, Random House Mondadori en la edición española) es una recopilación realizada a tenor de la película de Steven Spielberg AI (2001), cuyo argumento se basa en el relato que nombra toda la colección. La muerte de Stanley Kubrick, primer interesado en la historia de Aldiss, suponía un morbo adicional (aunque fuera en níveles “cultos”, también allá se dan los chascarrillos), y el prólogo del escritor británico es bastante divertido al respecto del eremita que fue director de cine (o viceversa). Además, al parecer, las editoriales estadounidenses consienten a los autores consagrados (en especial, a los consagrados mayores de 60 años) sólo mediante contratos leoninos en los que debe publicar mucho, y con regularidad.


Tal vez ése sea el problema, y también leo por ahí que es un conflicto que se extiende a otros autores, como el mismo Bradbury. Yo tengo mis dudas, porque he leído relatos del Bradbury anciano que me parecen extraordinarios (algunos de Algo más en el equipaje, One more for the road, 2002, aunque quizá ya no sean de ciencia-ficción), y tampoco este Aldiss es desechable del todo.

Lo primero que compruebo es que un relato constriñe las opciones a eso que tanto me fascina: el retrato de realidades alternativas. Aunque no estoy seguro de que debiera eliminarlo, porque Ballard sí permite maneras de encarar esta dificultad.

Un modo aldissiano de solventarla es que el mundo que se refleja, ese futurible, se sintetiza en datos y hechos. Los valores narrativos se circunscriben al recuento más o menos interesante; no se recurre a personajes como soporte. Esto sucede en III, La Decapitación, y Buey. Cuando no se hace uso de esta idea, mi impresión es que el relato gana, y es lo que sucede en Un problema de Matemáticas, en mi juicio el mejor de esta colección.

III tiene la opción de la ironía, más sútil en tanto que el narrador es una especie de máquina perteneciente a la compañía cuyas andanzas se cuentan. Suena como una de esas azafatas que describen al visitante de alguna corporación o industria las bonanzas de la historia de la empresa.

El humor, pues, es obra del autor, pero debe enmascararlo al plegarse a ese narrador cuyas intenciones son publicitarias, y no burlescas. Además, a medida que avanza el relato, poco divertido se vuelve las actividades explotadoras de esta compañía. Ello suple la falta de suspense verdadero, de elementos narrativos que nos conduzcan a la continuación de la lectura. Es leve, pero acaso suficiente, porque, cuando ni siquiera se da esta progresión, como sucede en La Decapitación o Buey, el relato se queda en una viñeta más o menos efectiva.

Imagino que no será muy original esta extensión de lo que hoy sucede, el afán capitalista y competitivo, a ficciones en un futuro de colonizaciónde otros planetas. La verdad es que no me atraen en especial esas ficciones, aunque puedo suponer que las novelas que traten el tema harán parecida extrapolación de los mecanismos sociales actuales a dichas colonizaciones. Lo que aquí es diferente es el narrador distante.

La distancia en la concatenación de hechos temibles a la vez que disparatados es también la estrategia de La Decapitación. Sin embargo, es un esquema que aquí desvela sus riesgos. Se agradece que las pistas para centrarnos en el género no caigan en la necesidad de explicación (es un comienzo in media res de género) pero ese batiburrillo de seres y situaciones en torno a la autodecapitación oscila con peligro en las meras descripciones. Me recuerda a aquellas escenas en que Woody Allen, en Celebrity, narraba un imposible programa de televisión con obispos y miembros del Ku Klux Klan en el mismo plató. No funciona del todo, y, al igual que el film del director neoyorkino, tampoco Aldiss supera apenas ese tono de denuncia exagerado o grotesco. Eso sí, hay momentos bastante divertidos, por lo absurdo, efecto que supongo se vuelve más soportable es dosis cortas, como el relato; como esta viñeta.

La hilazón de personajes (más bien, tipos, por su sucinta descripción) está más lograda cuando se enlaza en forma temática, un párrafo acaba con una idea fruto de la breve reseña sobre el personaje, y el siguiente tira de ahí para enlazar con el siguiente. Lástima que Aldiss no lo siga de modo coherente en todo el cuento.


En cuanto a Buey, los puntales narrativos son aún más escuetos, y de nuevo se nos da paso a otro tiempo futuro. No hay duda, eso hay que concedérselo, a que Aldiss plantea posibilidades curiosas desde aspectos que parecieran muy secundarios (el consumo de carne de vacuno). Pero me pregunto si cuando leemos un relato que nos sugiere mayor desarrollo, que nos inspira que se lleve a cabo en una novela, no es un relato fallido.Esto no sucede en la mayoría de los relatos de la colección Zona de catástrofe, de J C Ballard (Minotauro, 1995), que ya comento otro día.