CERCA DEL CIELO, GUIÓN APOYADO POR AYUDAS AL DESARROLLO DE IBERMEDIA


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Cerca del cielo (Perto du Céu) ha recibido una de las Ayudas al Desarrollo de Guiones en la última convocatoria de Ibermedia.
Cerca del cielo es un guión de Carla Guimarâes, y una coproducción entre Promico Imagen (España) y Araça Azul (Brasil).
En estos momentos, Carla está dando los últimos retoques a una nueva versión del guión, a partir de lo trabajado en el curso de la Fundación Carolina y la Casa de América. Desde ahí, los dos trabajaremos juntos para darle unas últimas vueltas. Y lo enviaremos a una productora española, que se ha interesado como posible tercer participante en la coproducción.
Para que vean, que al final el pitching fue mejor de lo que esperábamos. ¿Lo recuerdan? Lo contaba yo aquí.
Pues entre el público de aquel pitching, estaba el representante de dicha productora (una no pequeña, por cierto). Y se ve que el concepto de la película le gustó.

Estoy muy contento. Siempre es un orgullo ver cómo un proyecto en el que confiaste como lector y analista, y que pienso seguir supervisando, sale adelante. Enhorabuena a Carla.

Seguiremos informando.

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CURSO PRODUCCIÓN FUNDACIÓN CAROLINA: CONCLUSIONES


Todas las historias merecen ser contadas. Es la máxima que, con todos los posibles matices que se quieran añadir, queda como la principal conclusión de esta semana.
Todas lo merecen, porque todas las razones por las que se llega a una historia son válidas. La cuestión no es el qué; es el cómo.
Mi novedoso rol como representante del desarrollo de un guión me ha permitido soñar con que yo pudiera elegir de entre los otros proyectos. Todos no me son afines; todos no me atrae igualmente. Un compañero del equipo de Las Cautivas me hacía esa pregunta: “¿Y una vez escuchas los pitchings, no te sucede que te preguntes, estoy en el proyecto equivocado?”
Lo cierto es que no. Tengo confianza en Cerca del Cielo. Tanta que Carla bromeó incluso con cómo, a ratos, parece que hablo de un guión que fuera mío. Es decir, que he comprendido tanto a los protagonistas y la intención y el tono que queda claro que juntos vamos a desarrollarlo hasta su mejor versión.
Pero, enseguida le contesté al compañero argentino, claro que hay más proyectos que apoyaría.
“Sólo que yo no soy el de la güita”.
Y es que a uno le indigna que algunas películas tarden hasta cinco años en llegar a los cines, y que, cuando lo hagan, además tropiecen con mil y una dificultades. Las películas hay que hacerlas, pero, sobre todo, hay que verlas. El público, general, adulto, infantil, especializado, el de festivales o el de barrio, el que sea al que está dirigido, tiene que poder verlas.
Muchos ya se están poniendo las pilas. Muchos ya están ejerciendo de aficionados al marketing. Al fin y al cabo, la imaginación es un arma igual de válida en la creación de una ficción, como en la de tarjetas o dossieres de presentación. Y, como decía en un anterior post, si tu productor es malo o rácano o inexperto, habrá de ser el guionista el que mueva ficha.
Todas las historias merecen ser contadas, porque somos muchos individuos en el planeta, y es una falacia interesada, una coartada de mediocres, que todo ha sido ya contado. No. El amor o el odio crean una serie de situaciones limitadas; los géneros, también. Pero el contexto lo cambia todo. ¿Cuántas historias conocen ustedes sobre los indígenas del Amazonas? ¿Y sobre la guerrilla colombiana? ¿Y sobre la política de Perú? Yo soy, sin duda, consumidor de ficciones más insertadas en los cánones de género, pero siempre he tenido un respeto inmenso por el (buen) cine de autor. Tras el curso, me he confirmado en mi impresión: la excepcionalidad cultural es necesaria. La narración, y, en especial, la narración audiovisual necesita espacios de todo tipo, y no sólo ventanas donde te ofrezcan McDonalds y, al lado, un McDonald un poco mejor hecho.
Mi amiga y “enviada especial” a un curso de literatura en Nueva York me comenta que, con mayoría de compañeros iberoamericanos, concluye que a ese lado del Atlántico, los autores tienen mayor conciencia política. Es claro que ha sido mayoría ese caso también en este curso. Tal vez sus países pasen por procesos más tensos, más dramáticos, más cambiantes. Quizá sus dictaduras les queden más cercanas en el tiempo; también, sus desaparecidos.
Sea como sea, la curiosidad por cómo y por qué sucede lo que sucede (actualidad) o sucedió lo que sucedió (Historia) es una coartada viable para acercarse a las ficciones. Otra cosa es, sin duda, que se parta de ahí con tanto ímpetu que se tienda al didactismo y a lo panfletario. El público de los 60 y 70 no es el mismo que el de ahora. Y, en general, lo que todos queremos son historias: no tratados sociólogos, históricos, políticos.
Todas las historias merecen ser contadas, y así espero que suceda con todas las de mis compañeros en el curso. Todas poseen elementos de interés, y todas tienen asegurado su porción de audiencia. Buena suerte a todos.

CURSO PRODUCCIÓN FUNDACIÓN CAROLINA: EL PITCHING. LO QUE DEBERÍA SER Y LO QUE FUE


De vuelta a casa, toca aquello de la recapitulación. Lo mejor es que las reflexiones no sólo se producían durante las clases, sino entre los propios compañeros: más allá del Atlántico (de donde son la mayoría) los guionistas se preguntan, temen, se duelen de las mismas cosas.
El jueves fue el día. Por la mañana, hicimos una prueba más del pitching, ahora con la profesora y un cronómetro como advertencia clara. No podíamos extendernos. Carla y yo nos habíamos reunido la tarde anterior. Nos revisamos mutuamente. Yo quería que ella añadiera un dato o más; que su intervención durara un poco más (tal vez medio minuto). Mi plan era que lo que yo tuviera que decir se limitara a un tanto más que un minuto.
Cuando llegó el momento, me traicionaron los nervios. Y he aquí por qué.
Si te escribes el texto del pitching, tienes muchas ventajas. Las dos principales: que puedes controlar de antemano cuánto dura, y que tu vocabulario será muy posiblemente mejor y más ajustado (el texto y pitching del guionista de El Último Reino es un ejemplo; de otra clase, pero igual de efectivo, el de El Duende o el de El Poder de las Ganas).
Pero también implica una gran desventaja: si se te olvida una palabra, si tu tendencia natural es hacia la improvisación, si quieres explicar mejor una frase… es probable que te atasques.
Carla me tranquilizó. Me dijo que ella lo ve todo el tiempo con los actores. Ella ha escrito varias obras de teatro, y algunas las ha dirigido ella misma. El texto, dice, dijo, no puede ser un peso.
Cuando repetimos, pasé del texto. No es que lo olvidara; es que se me ocurrió una forma de empezar mucho más amena, personal, directa. Me relajé. Salió muy bien. Y no me pasé del tiempo tanto como había supuesto que haría si lo ejecutaba de esta forma.
El pitching de Carla siempre dejaba bastante claro lo relevante del argumento. Protagonistas, trama, e incluso ambientación. Por otro lado, es un proyecto que Promico Imagen y Araçá Azul ya han “comprado”. Es decir, en el pitching de la tarde, con los productores “de verdad”, no nos jugábamos tanto.
La clave, afirmaban los compañeros, y la profesora, es que lo relevante de aquella mi primera intervención (la del miércoles), era justo ese apoyo, en cuerpo y voz, a Cerca del Cielo. Mi turno daba la posibilidad a los productores a decirles “ey, un productor ya se interesó por esto. Fíjense en esto. Y en esto. “
Para eso era fundamental indicar que yo era guionista y, en particular, lector de guiones. Que leo muchos. Y qué fue lo que me atrajo del de Carla. Los compañeros también me habían comentado que era un gusto vernos a los dos pasándonos el turno, porque teníamos dos tonos diferentes, pero complementarios. Y supongo que no es habitual ver de tan buen rollo a alguien de producción y a alguien de guión.
Por la tarde, cuando tuvimos el pitching definitivo, en la Casa de América, fue eso lo que, al cabo, transmitimos. ¿Salió perfecto? Bueno, la perfección es un camino. Pero dije lo que quería, con el tono y el énfasis en lo que quería.
Cerca del Cielo implica, en especial, una mirada distinta sobre los niños. Niños de 10/11 años que son niños pero que no quieren serlo pero que no pueden evitar serlo. Niños sensibles, aunque también crueles; ingenuos, aunque también violentos. Niños que creen que conocen el mundo de los adultos, y que, cuando de veras lo conocen, no saben si rechazarlo o asumirlo, y, de hacer esto último, cómo.
En todo caso, tras el pitching “oficial”, todos los del curso charlamos e intercambiamos impresiones.
Una primera conclusión es que hubo gente que lo hizo mejor por la mañana. Despejados, afinado el discurso desde el miércoles, tener que repetirlo esa misma tarde del jueves les hizo sentirse reiterativos. Perdieron fuelle. Hay gente que fue en dirección contraria. El miércoles se atoraban, se sentían inseguros, se enredaban… Y el jueves tarde fueron concisos y claros. Hay gente que hizo el pitching igual el miércoles que en esa tercera ocasión del jueves tarde. Igual, quiero decir, con algún matiz, pero con una exactitud que probaría que, a cierta gente, el texto memorizado le funciona mejor.
Un pitching es una prueba más a la que se somete al guionista. Bromeamos Carla y yo: un día quizá también nos pidan, no ya que seamos actores, relatistas cortos o expertos en marketing y transmedia. Un día directamente nos exigirán que bailemos. Claqué, si les da por ahí.
Algunos de los compañeros se sintieron incluso mal. Uno de ellos se reía (pero era una broma un tanto amarga) mientras comparaba el pitching con un mercado de esclavos, donde cada uno íbamos presentando nuestros dientes y nuestros cuerpos, para que comenzara la puja. Paco Isbert, de Ártica Producciones, y productor de Los Bárbaros, comentó que él prefería el one-to-one. Con un potencial productor, efectivamente, tampoco puedes robarle mucho tiempo, pero al menos hay un diálogo, y él da fe de que, en los foros de festivales donde ha acudido, la fórmula le ha funcionado mejor.
También hizo una comparación que, creo yo, mueve a la reflexión. ¿Es un pitching una competición de relatos cortos? ¿Una en la que “gana” el que haga el relato con mejores bromas, mejores giros, mejor cierre? Quién sabe.
Lo cierto es que algo que sí es exigible es que el ambiente no sea tan frío. Pedimos a María y a Mariana que en próximas ocasiones, los asistentes se presenten. Que sepamos a qué audiencia nos dirigimos. Que no sea un jurado silente, misterioso, distante.

CURSO PRODUCCIÓN FUNDACIÓN CAROLINA: PRIMERAS IMPRESIONES


Esta semana estoy atendiendo a un curso de producción, para los equipos implicados en los proyectos de largometrajes elegidos por la Fundación Carolina. Todos los años, organizado por la Casa de América, existe un curso de desarrollo, donde se eligen varios proyectos de largometrajes por autores iberoamericanos. Para los elegidos, una serie de tutores y asesores (guionistas de largo recorrido, en general) colaboran para que los guionistas avancen en el desarrollo del guión. Pero, al tiempo, y de forma paralela, los organizadores buscan que los productores y/o directores que forman parte de cada proyecto tengan la oportunidad de conocer un poco mejor el mundo de la producción en España.
Tengo que decir que, al principio, no me sentía cómodo con la idea de venir. Yo leo y escribo guiones. Sé de Intenciones, Subintenciones, Motivos, Tono, Personajes, Estructura. Pero Carla Guimarâes, la guionista de la historia, me comentó que no podía ser de otra manera. Es posible que mi puesto fuera “supervisor de contenidos”, incluyendo en estas atribuciones, la de lectura de guiones. Sin embargo, desde que decidí que el proyecto de Carla, Cerca del Cielo, merecía la pena, he sido yo quien ha manejado y movido los hilos para que la productora en la que trabajaba (Promico Imagen) y la productora brasileña (Araçá Azul) se pongan de acuerdo. Aparte, claro, he realizado las tareas que más propias se me suponen: hemos estado hablando de los posibles cambios en el guión, las posibles mejoras, las direcciones que se nos presentaban. Visto así, ¿quién sino yo iba a venir a Madrid al curso sobre Cerca del Cielo?
Durante nuestra primera sesión, además, he descubierto que mis temores era infundados. Creía yo que me iba a topar con productores avezados (o cínicos, o ambas cosas, que muchas veces se dan la mano), y que alguien que venía del guión desentonaría. Pero no. Los asistentes son directores que vienen del guión, o directamente guionistas.
Algo, pues, está cambiando.
Un corto donde colaboró Carla. Aunque el de ahora, es de otro tono y estilo. Ya les iré comentando, ya.
De hecho, mientras la profesora nos exponía un esquema básico del funcionamiento de la industria (en España), ya surgió la primera polémica. Un compañero expuso unos argumentos muy similares a los de este post, de Bloguionistas. Es decir, indicaba que el mismo esquema ya estaba viciado al ser planteado así: un guionista escribe un guión, lo lleva a un productor, el productor llama a un director, y director y productor pagan el guión (en el mejor de los casos) y se deshacen del guionista. O, dicho de otro modo, ¿por qué demonios no hace cada uno su trabajo, el director dirige, y el guionista hace el guión? Profesionalidad y especialización, vamos.
Lo cierto es que la cosa ha tomado cariz de discusión un tanto bizantina, puesto que, como todos los cursos, la profesora simplemente expone lo que hay, al menos de modo general. Algo que encuentro ingenuo o absurdo es molestarse porque un profesor (de guión, también) cuente a sus alumnos su experiencia, y estos debatan hasta el infinito lo expresado. Como si cada uno de nosotros no fuéramos adultos que puedan elegir qué contenido tomar, cuál no, qué nos sirve para nuestro aprendizaje y qué no.
Al fin y al cabo, claro que necesitamos es esquema, aunque sólo sea para subvertirlo. Como las normas de la narrativa, y aquel consejo que le oía decirle a José Luís Borau a un joven poco humilde (que, por supuesto, no hizo caso de ninguna de las recomendaciones de este gran maestro): primero conoce las normas, y luego, si quieres rómpelas.
Y es que la profesora de hecho ha sido muy sincera. Ella habla de lo que conoce. No habla de la producción en Europa. No habla de la producción en la propia Iberioamérica. Ni de la producción que tome en cuenta elementos (ya no tan) novedosos como el crow funding o el transmedia.
En todo caso, habrá otros cursos, talleres, conferencias, donde podamos oír otras formas de producir. Hay casos claros ya de una nueva generación de productores que quiere hacer las cosas bien.
Pero todo conocimiento es útil. Y sí, la verdad es que uno ya intuye que el esquema está obsoleto como norma, porque la realidad del audiovisual cambia cada día.
Los productores tienen cada día un trabajo más arduo. La financiación ya no puede depender de las ayudas públicas (excepto en proyectos pequeños, y de intencionada marca de arte y ensayo), y, si bien hay más mercado, las negociaciones, y la ingeniería económica que hay que desarrollar demanda (y ya era hora) que los productores sean cada vez más eso: productores. Es decir, ni tienen tiempo, ni cabeza para meterse a discutir sobre diálogos explicativos, puntos de giro, o personajes secundarios. Al menos, el que de veras quiera sobrevivir en esta industria, sin ser un sinvergüenza o (con peor suerte) un huido de Hacienda.
Por otro lado, tal vez lo respirado y comentado en el descanso del curso, me permite vislumbrar otra posibilidad. Una especie de venganza de los guionistas. Tras años en que los productores nos masacraban haciéndonos ver que ellos sabían de lo que funcionaba o no en una historia, quizá ahora sea el día en que los guionistas empecemos a opinar sobre estrategias de marketing.
Si es cierta la estadística, el 30% de los proyectos de cada año de la Fundación Carolina se producen. Eso implica que al menos cinco o seis directores y/guionistas serán productores. Y que lo habrán hecho bien. Porque, amigos productores −parece que suena de fondo−, si vosotros no hacéis bien vuestro trabajo, tendremos que empezar nosotros mismos a generar ideas… y llevarlas a buen fin por nosotros mismos.
Y es que otra de las sensaciones que me han llegado es que, aún viniendo del guión y/o la dirección, donde el ego es una amenaza, y una tentación, la crisis o qué sé yo qué ha hecho que muchos se planteen de manera serie una cuestión esencial: ¿para qué demonios rodamos nuestras historias?
Este camino, estos posibles futuros productores, quieren buscar a su público. ¿Las ayudas públicas? Claro, por qué no, pero ¿voy a estrenar? ¿Cómo? ¿Cuándo? ¿En cuántos países? Nada de lavar dinero, ni de pagarse una casa en una urbanización de lujo, ni esa estupidez supina de creerse o bien un bastión en “la Cultura” o un perteneciente “al mundillo”. O sea, ninguna de las razones por las que ciertos productores (las viejas guardias, en especial) se meten a producir cine.
Seguiremos informando. Yo estoy bastante ilusionado porque ya hemos tocado temas relevantes (el dossier de presentación de proyectos) y por que el jueves tenemos un pitching para el que nos van a preparar.