13 ASESINOS (Takashi Miike, 2010): ESQUEMAS COMERCIALES PARA UNA SUPUESTA PELÍCULA DE AUTOR


Vista 13 Asesinos (en Filmin), compruebo varios posibles hechos. Uno, que cierta crítica cinematográfica se embelesa (para mal) con todo lo que se exhibe en los festivales de prestigio. Imagino que esta película llegaba a la selección de Venecia por que su director, Takashi Miike, ya es un “autor” (quién decide esto, es un misterio) dado que sus, al parecer, violentísimas películas ya tenían predicamento (otro misterio para mí, por qué demonios la violencia extrema se considera en ocasiones un “valor” en sí). 
Siendo “autor”, parecía, pues, poco relevante si la película era o no digna para el festival. Más llamativo es que quienes la ensalzan, o bien no se muestran interesados en reflexionar sobre los problemas de guión, o bien sus juicios sobre los aspectos narrativos sean más blandos según para qué películas. Varios directores españoles “prometedores” la eligen como una de las mejores del año, como se ve en las listas de Filmin. No sé si temblar ante esto.
Otro dato destacable es que una película de acción mediana (no considero, pues, que sea mala) tiene su espacio si viene de Japón y de un “autor”, pero no si procede de Estados Unidos. No recuerdo que Ronin (ya que estamos con temas de samuráis) tuviera tanto impacto en los críticos, cuando su guión (y sus personajes) son mucho más interesantes. Será que una persecución por París produce a los críticos asociaciones con el cine “comercial” americano (y, por tanto, despreciable) y una batalla de 45 minutos entre samuráis, no. Incomprensible.

  El oponente, en 13 Asesinos. Un psicópata sin matices, que, cuando se desboca, da la opción a Takashi Miike de darse el placer de volver a esos orígenes de crueldad extrema que tantos seguidores le ha regalado.

13 Asesinos no es, como digo, una mala película. Tiene momentos atractivos. Y hasta, al menos, una escena con un planteamiento de dirección efectivo y hasta bello. Cuando el samurai fiel a Lord Naritsugu (un psicópata con más de contemporáneo que de feudal) sospecha que Shinzaemon Shimada, el samurái “rebelde”, prepara algo, se presenta en su casa, de improviso. Entonces, los conspiradores se ocultan tras uno de esos paneles habituales en las viviendas japonesas. El diálogo de ese encuentro (entre los que serán, ya se intuye, próximos oponentes) gana en tensión, con la imagen de las sombras que crean los conspiradores tras el panel.

          
Sin embargo, la película tiene dos problemas de guión importantes.
Uno es ése que comparten las películas donde la acción la desempeña un grupo. Demasiados personajes principales es una opción que trae complicaciones. A no ser que el guión se preocupe de darle entidad a cada uno, lo que implica tiempo de metraje. Volvemos al ejemplo de Ronin: allí sí se conseguía darle personalidad a cada uno (sin que, por su parte, esto robara ni cuestionara cuál era el protagonista). Y se lograba, además, eso que es aún más difícil. Que sus acciones apoyaran el “fondo” (el tema) que se trataba. Esos espías que fueran de los dos lados del telón de acero en la guerra fría, ahora sin “dueños”, sin jefes que les indicaran qué hacer, y que se ganan la vida como mercenarios, un tanto perdidos. Y cómo esta nueva situación presentaba un conflicto sobre si se podían permitir tener honor y moral. Claro que aquel guión lo escribió David Mamet
13 Asesinos no consigue esto. Comprendo que sería inverosímil que un único samurái consiguiera la hazaña que se narra. Comprendo que el verdadero protagonista es Shinzaemon Shimada, que decide “rebelarse” contra el señor feudal que es injusto y cruel con sus súbditos.
Sin embargo, media película se gasta en crear esas tan necesarias “stakes”, esas expectativas (por otro lado, tan “de manual”, tan de film “comercial”, que aquí ningún crítico se encargó de comentar, con tono despreciativo), que luego son difíciles de mantener. 
El guión (quién sabe si precisamente para ganarse a los críticos gustosos de lo exótico) usa mucho metraje para explicar ese contexto histórico, y no para individualizar a cada uno de esos 13 asesinos. Si no entendemos quiénes son, y se crea una cierta empatía, difícilmente nos importará si consiguen su objetivo o no. En este sentido, recuerdo Black Hawk Derribado (Black Hawk Down, 2001), cuya dirección tiene sus ventajas, pero llena de seres que pululan de escaramuza en escaramuza, sin que, al final, casi distingamos quién es quién.
Por otro lado, esa propia filosofía samurái, o bien no se expone de la mejor forma, o bien es tan confusa para los occidentales, que a ratos surge la contradicción. En una escena, un joven samurái se presenta ante los reclutadores, poniendo de manifiesto esa extraño sentido del deber y/o el honor (porque no queda muy claro si hay distinción). Entrega su vida a sus “jefes” para la misión, pese a su juventud. 
Hasta aquí, bueno. Podemos no entenderlo pero podemos asumirlo. Es otra época. Es Japón. Son samuráis. Aceptamos una filosofía de vida. Aunque lo hacemos, y esto parece significativo, porque suponemos que Takashi Miike, como japonés, lo expresa de forma fiel. Habría que ver, de veras, si es que es así, o Miike la comprende tan poco como un occidental.
Pero sigamos…
A continuación, se presenta otro samurái que se ha presentado ante la llamada de los reclutadores. Es mayor, es más cínico… y pide unirse a la misión por dinero. El joven de antes, a su lado, le mira con una expresión que podría ser la nuestra: la de incredulidad. Pero los reclutadores se ríen. Lo encuentran divertido, por sincero. Admite a un samurái que, visto lo visto, de samurái tendría poco. Admiten que aquí, de honor y/o deber haya poco.
¿Era la intención del director exponer, así, lo contradictorio de este mundo que retrata? Es mucho suponer, pero admitamos que así sea. ¿No resulta, de este modo, que, además, tenemos que Shinzaemon Shimada, el protagonista, es un tipo que pliega su filosofía a lo que le convenga, con tal de reclutar el máximo de samuráis, para su misión?
Seguir a un grupo que no queda individualizado ya es difícil para el espectador. Seguir a uno que queda definido por una idea de la justicia que es, al cabo, la de dicho protagonista, podría ser una opción. Pero ¿seguir, con interés, si consigue o no su objetivo un protagonista que, en verdad, no representa de forma fiel esta idea? 

Porque Shimada acude nada menos que a su propio sobrino a presentarle la oportunidad de unírsele. Si se quería que el héroe al que seguir fuera un hijo de puta, (y esto ya sería darle mucha cancha al guión), o un ser contradictorio que probara lo absurdo de aquella filosofía samurái, entonces ¿cómo espera, el director, el guión, que sigamos adelante hacia la batalla por medio de la emoción? Es decir, ¿es una especie de cuestión intelectual (“vean ustedes qué mundo tan absurdo es el de los samuráis”) o es una más básica, emocional, de seguir con la trama, para saber si ganan los buenos o los malos?
 
Para cuando llega la batalla, si habláramos del primer caso, el espectador presenciaría la hazaña sin interés. Con espíritu analítico y hasta intelectual, puede; pero como quien observa unos animales que se matan entre sí, y uno se dice, para sí, que qué estúpidos, todos.

Tenemos media película para esa “preparación del golpe”, tan afín a las películas de robos, o, en otro orden, por ejemplo, en Grupo Salvaje (The Wild Bunch, 1969). Y luego, tenemos nada menos que 45 minutos de clímax, donde se desarrolla ese “golpe”. ¿Por qué, entonces, Grupo Salvaje transmite esa sensación de derrota, de cierta épica del que muere luchando, y 13 Asesinos, no?

Ya lo decíamos. 13 personajes son demasiados. 13 personajes que apenas tienen individualidad. 10 de los cuales siguen a ese protagonista de ideales tan confusos.
¿Es terrible, la batalla final? No del todo. Hay un aspecto primitivo y básico en todos nosotros que nos hace seguir con interés si el malo, al final, muere. Sobre todo, si “los buenos” se enfrentan a unas dificultades tan enormes: 13 contra 200 soldados. Aparte, quién sabe si porque Takashi Miike sí que está evolucionando, las peleas se mueven más en un tono de realismo, con mucho barro, y mucha lucha confusa; en el extremo opuesto de, por ejemplo, La casa de las dagas voladoras.

Ahora bien, aquí encuentro yo otra contradicción, en la crítica cinematográfica. Hablamos aquí de un aspecto puramente narrativo; uno de guión. Y uno muy utilizado en el cine comercial: seguir a ver si los buenos consiguen derrotar a los malos. ¿Cómo es que, pues, los críticos que suelen despreciar dicho cine, aquí se pliegan a los mismos mecanismos?

Sea como sea, 13 Asesinos hubiera ganado mucho más si no fuera por el otro gran problema de guión. (Alerta de spoilers, desde aquí) Si no se diera el vicio del “doble final”. Con la muerte de Shimada, y lo que le confiesa a su sobrino, la película podría haber acabado, y todo se cerraría incluso con cierto sentido. Al final, parecería que el tema es, para Takashi Miike, que los samuráis, su filosofía, su ideología, es absurda y violenta. 
Sin embargo, se añade una escena más. Una en la que de pronto… ¡se resucita a un sumarái que había muerto claramente! Y una en la que el sobrino nos expone qué hará… cuando no lo necesitábamos.

Es decir, tenemos eso que se supone que odian tanto los críticos (la obviedad) y eso que tan poco les suele preocupar (estrategias narrativas de cine comercial). Como decía, para mí, todo es muy incomprensible.

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HADJÍ MURAT, 1912. LEÓN TOLSTOI. CUESTIONES SOBRE LA FICCIÓN HISTÓRICA (II)


Sigamos analizando esta novela de Tolstoi, Hadjí Murat.
Por todo lo visto en el anterior post, veíamos que la posible intención del autor era acercarse a un momento de la Historia (y a la guerra, como concepto más general) de una forma que rehuyera todo lo relacionado con el romanticismo. Así el protagonista de la novela, al final, no puede ser el propio Murat sino aquel hecho histórico. En el capítulo VIII, Tolstoi abre tanto la narración que nos desplaza a los efectos en la familia del soldado muerto. No tiene nada que ver con el supuesto personaje principal. Pero sí con la guerra.
“Al recibir la noticia, la vieja lloró todo lo que se lo permitieron sus ocupaciones. Después se puso a trabajar.”
Drama sin drama. También nos cuenta cómo la esposa del fallecido sufre. Pero que ya había iniciado relaciones con otro hombre. La vida continúa.
Con este estilo contenido puede haber, sin duda, una visión del autor (una que no está subrayada). Pero ¿cabe la épica? 
Un ejemplo extremo de esa opción de Tolstoi de la falta de énfasis: al final de dicho capítulo VII, nos deja leer el informe oficial de la escaramuza y la muerte del soldado. No es siquiera rimbombante; es frío y es falso (se exageran las bajas entre los montañeses) y nada más. Claro que el lector puede sonsacar la crítica al sinsentido de aquella guerra, si bien gracias a su propia inteligencia.
Por ese respeto a la Historia, por esa idea propia del realismo, y por cuál sería el tema verdadero de la novela, el autor necesita a toda esa serie de personajes secundarios. Tal vez para, primero entender él todas esas notas que tomara en su juventud, cuando estuvo allí. Y, luego, para hacérnoslo entender.
Una idea de lo complejo de aquellas escaramuzas donde los montañeses ahora eran aliados y luego eran enemigos se ve en el capítulo XVI y XVII. En el primero de estos, vemos cómo los rusos queman y destrozan una aldea, como era orden habitual para las que encontraran vacías. En el segundo, los montañeses vuelven. Y vemos que son aquellos que ayudaron a Murat; es decir, los rusos han atacado a guerrilleros musulmanes que no son propiamente enemigos. 
Otro aspecto relevante lo encuentro aquí. Tolstoi no se fiaba de su memoria, y su obsesión por el detalle le hizo que “interrogara” por carta a la esposa de uno de los soldados que había estado en el campamento con Murat. Estas son algunas de las preguntas que hizo:
– ¿Hablaba un poco de ruso?
– ¿De quién eran los caballos que usó para escapar? ¿Suyos o de alguien que se los dio? ¿Y eran buenos caballos, y de qué color?
– ¿Se le notaba cojear?
Según cuenta el autor de un ensayo sobre Tolstoi (Viktor Shklovsky), incluso en esos últimos años en que el autor estaba enfermo y cercano a la muerte, aún investigaba para la novela. Pedía libros, comprobaba información.
Respecto a Murat y los suyos, tampoco cae en la mitificación. Esa distancia autoimpuesta −sin ser forzada−, esa opción estilística y literaria, lo que produce es una sensación de verdad. Pero una verdad que se nos antoja inasible. Como si Tolstoi no llegara a comprender del todo a aquellos guerreros valientes pero también crueles.
Esto mismo se aplica al protagonista. Harold Bloom afirma que Hadjí Murat no era nada excepto él mismo. Exacto. Pero es un ser que se expresa, se mueve, actúa de una forma que apenas nos deja empatizar ni comprenderlo. El único rasgo −y siendo único, es tan definitorio como ambiguo− en el que insiste es su sonrisa infantil.
La introducción de la edición de Cátedra dice:
“Hadjí Murat es la más perfecta de las atribuciones de unos rasgos que le permiten tener vida propia frente a la complicidad y al apego naturalmente atribuibles”.
¿Quiere decirse que la ficción, así, no falsifica? ¿Que Tolstoi buscaba una verdad más profunda, aunque, al tiempo, no fuera accesible; que no fuera comprensible?
El hecho es que la novela elige un momento particular de la vida de Hadjí Murat. Cuando, por choques con el líder de los clanes musulmanes, decide rendirse a los rusos. No puede ser una elección casual.
Es muy complicado levantar un héroe cuando sus acciones heroicas han sucedido ya. Por eso decía, que el adjetivo épico se me aparece como erróneo.
Por un lado, son los rusos los que, a medida que se va conociendo el paso a sus filas, (nos) comentan esa mezcla extraña de admiración (el adjetivo “valiente” se repite varias veces en los diálogos), temor, y fascinación.
“Tu bandido es encantador”, le dice la esposa de uno de los dirigentes militares rusos a su marido. Y muchos otros jerifaltes y prebostes rusos hablarán de él en este sentido en el capítulo IX.
Se narran sus hazañas, pero de forma resumida. Y las cuentan otros personajes. Tenemos que fiarnos de su propia interpretación. No asistimos a esas batallas; a esas muestras de arrojo.
Por otro lado, como héroe, Hadjí Murat es problemático. Su decisión/acción principal no le acerca a su Objetivo, y durante mucha parte de la novela su actitud (impuesta por las circunstancias) es la siguiente: como el propio texto dice, “La vida de Hadjí Murat se reducía a esperar”. Y su supuesto oponente, el líder Shamil, ni se le opone en verdad, ni aparece en la historia hasta muy tarde.
El imán Shamil, el líder de los montañeses.
Además, Tolstoi, como decíamos, “abre” el enfoque, y acaba narrando las evoluciones de muchos de los secundarios. Al cabo, el resultado es que Murat sea un personaje más en ese mosaico. Como se comenta aquí
“Tolstoy´s radical realism at times so disorients that is becomes hard to pick up the themes of the novella. […] shifts the action from his hero Hadji Murat to train his camera on an apparently insignificant character-for example, Butler, a happy-go lucky Russian soldier with a Romantic outlook and a gambling problem””
Cierto. Si uno llega a Hadjí Murat por ciertos reseñas, las expectativas serían hacia una historia de un protagonista más claro. Y no parece el caso. Cabe preguntarse: o bien la intención de Tolstoi nunca fue el retrato de Murat como héroe (porque se oponía a la idea romántica), o bien se acerca a él con tanto respeto porque ni él mismo alcanzaba a entenderlo como hombre. O bien, ambas cosas.
Un ejemplo es cómo se presenta el pasado concreto de Murat. Llegado cierto momento (y se agradece esta dosificación de la información), en el capítulo XI los rusos le piden que les explique cómo ha llegado a la decisión de pasarse al enemigo.
Tolstoi deja que el personaje lo cuente. Y lo cuenta como lo haría, de forma verosímil, cualquier persona. Resumido. Y sin demasiados comentarios.
Como si Tolstoi nos lo presentara de la forma más objetiva posible, dejando que los juicios los pongamos nosotros. Tanto es así que los diferentes sucesos que llevaron, primero a ser ese “ser legendario” (como guerrero), y luego, a pasarse a los rusos, explican y no explican nada. Es narración pura, hasta el punto de que apenas se intuyen conclusiones.
Porque conocemos y entendemos mejor a Nicolás I, al que se le dedica todo un capítulo, que a Hadjí Murat. Tanta es la diferencia que dicho capítulo opta por una elección extraña (que, teniendo en cuenta el dominio narrativo de Tolstoi a aquellas alturas de su carrera, no parece inconsciente), donde el autor primero resume (e interpreta un tanto) lo que el zar hará, durante la reunión con dos de sus funcionarios… y luego, la narra, de nuevo, de forma más desglosada.
¿Se atreve Tolstoi más con Nicolás I porque pretende ser con él más crítico? Pero, si es así, ¿por qué se contiene más con los soldados, o con Murat? ¿La crítica es contra los rusos, o sólo con sus jerifaltes?
El final de la novela también es significativo. La muerte de Murat sucede en elipsis, y, cuando se cuenta, parece una muerte absurda. Harto de aguardar que los rusos accedan a rescatar a su familia del territorio y de Shamil, decide ir él mismo por su cuenta. Y acaba asesinado por los rusos, cuyas órdenes eran que Murat no abandonara su puesto.
Para finalizar, dejo aquí unas reflexiones que hacía Italo Calvino acerca del arte de Tolstoi. Es mi traducción del inglés de ese mismo extracto que se cita aquí.
“Como el más abstracto de los narradores, lo que cuenta en Tolstoi es lo no visible, lo no articulado, lo que podría existir pero no existe.”

THE EVENT (I): CIENCIA FICCIÓN Y ACTUALIDAD


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<b><i>The Event </i>tiene un poco de todo: falta de complejos abordando la ciencia ficción, misterio aplazado (aunque no tanto como <i>Lost</i>, nadie se arriesga hasta estos extremos), y conexiones con otras series.</b></div>
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<a href=”http://t1.gstatic.com/images?q=tbn:ANd9GcRPa9khaKFWiLFdOjao4UwB6pGJX3n7V1zlZMT6DQoPC3zhh7fY&#8221; imageanchor=”1″ style=”margin-left: 1em; margin-right: 1em;”><img border=”0″ height=”178″ src=”http://t1.gstatic.com/images?q=tbn:ANd9GcRPa9khaKFWiLFdOjao4UwB6pGJX3n7V1zlZMT6DQoPC3zhh7fY&#8221; width=”400″ /></a></div>

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Si, como en <i>V</i>, hay extraterrestres similares a humanos que guardan un secreto, <i>The Event </i>explora más bien el tema del miedo “al otro”, con similitudes, por ejemplo, con la tercera temporada de <i>Héroes</i>. Hay un personaje, Blake Sterling, que recuerda muy mucho al interpretado por el mismo actor (Zeljko Ivanek) en dicha temporada: un desconfiado hombre “del gobierno” que, a priori, exterminaría a todo el que fuera diferente. </div>
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De <i>Lost </i>también adopta una idea: la narración a varias bandas. <i>The Event</i> tiene varios personajes relevantes. Y desde el piloto, esto queda bien remarcado: la acción sucede y sucederá en diferentes lugares, con diversas Subtramas. Por si nos perdemos (que el espectador no se tema que esto será muy complicado de seguir), se usan rótulos antes de cada personaje al que pasamos.</div>
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Lo llamativo, y tal vez relevante, es esa presentación “fuerte”, basada en un imaginario que los EE.UU. no pueden dejar de lado: un avión; un (aparente) secuestro; un (posible) atentado. Luego veremos cómo la ciencia ficción cada vez asume más la actualidad en sus propias ficciones, y cómo <i>The Event </i>es ejemplo de ello.</div>
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Como <i>Lost </i>ha abierto la puerta a que los saltos temporales ya ni sean “extraños” ni requieren demasiada justificación, <i>The Event</i> hace uso de los mismos, ya en el piloto. También con un elemento de suspense interesante. La acción “presente”, el avión, el atentado, se dosifica mediante esos <i>flash-backs</i> que ayudan a definir personajes, pero, sobre todo, nos cuentan cómo se ha llegado a esto. </div>
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Es decir, se equilibra el “queremos saber qué pasa a continuación” con el “queremos saber cómo gente normal se mete en algo así”. Información que se suma a <i>backstory</i> que se suma a Trama general. No está mal. </div>
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En el piloto, juegan con uno de los que será los Protagonistas: Sean Walker (<a href=”http://www.imdb.com/name/nm0728762/”>Jason Ritter</a>). En el presente, un tipo que toma un avión; en sucesivos <i>flash-backs </i>donde le vemos como un tipo normal. Y, bueno, no sólo: también como un “héroe”.</div>
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Es una especie de máxima, tal vez tópica, pero igualmente efectiva. Guionista, presenta (pronto) al Protagonista mediante una acción que le defina. Por eso, tenemos a Walker salvándole la vida a alguien, en un accidente en el mar. </div>
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El problema de este que, si bien no es protagonista (en una serie puede haber muchos), sí que tiene todos los atributos del héroe es uno que ya vimos: <a href=”http://libroviajecinetv.blogspot.com/2011/04/guioneces-xvi-conflictos-y.html”>la verosimilitud</a>. Nos cuesta creernos que un tipo normal y corriente sea capaz de descubrir (nos) una conspiración, huir de “los malos”, etc. Sin embargo, yo prefiero esta cierta recuperación de la confianza en el “average man”. Al fin y al cabo, ¿tan difícil es que un tipo normal sea inteligente? Claro que, llegado el momento, esta ficción hará trampa. Y nos dejará saber que, en verdad, Walker no es tan común. Primero, porque le acompaña una agente del FBI a la que convence. O es el caso de la idea que tiene (siempre destacará por su inteligencia) de chantajear a Vicky la asesina para que le ayude en el tiroteo en la comisaría, en el capítulo 5 (<i>Casualties of War</i>).

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Esa lucha del David contra Goliat es uno de los pilares de la serie. Siempre funciona que sigamos a un hombre perseguido de forma injusta que lucha contra fuerzas más o menos “invisibles”. Y en los tiempos en que vivimos, aún más. <a href=”http://www.filmsite.org/thirt.html”>Hitchcock </a>no nos queda tan lejos, después de todo. Además, esto equilibra la parte que podría ocasionarnos más rechazo como espectadores “impacientes”. Ese otro “lado” principal de la ficción: los extraterrestres y sus Objetivos, sus Intenciones, todo ello menos explícito, más misterioso que el resto.</div>
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<a href=”https://fhrodri.files.wordpress.com/2011/05/capturadepantalla2011-05-20alas00-00-20.png&#8221; imageanchor=”1″ style=”margin-left: 1em; margin-right: 1em;”><img border=”0″ height=”181″ src=”https://fhrodri.files.wordpress.com/2011/05/capturadepantalla2011-05-20alas00-00-20.png?w=300&#8243; width=”320″ /></a></div>
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&nbsp;<i style=”font-family: &quot;Courier New&quot;,Courier,monospace;”>El “tema”, tan querido de Hitchcock, del “wrong man”.</i></div>
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¿Será esto lo que ha sido la causa del fracaso de <i>The Event</i>? Como mucho, ahora mismo el espectador americano acepta la ciencia ficción con tramas que empiecen y terminen (así empezó <i>Fringe</i>). Que no requieran que se siga toda la temporada. La propia <i>V</i> no explica todo lo que pretenden “los visitantes”, pero sí suficiente. Como en <i>Fringe </i>(sobre todo en la tercera temporada), importa menos el “qué (demonios) es esto” que el “cómo resolverán el problema”; “cómo ganarán los buenos”. </div>
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Con todo, no es justo. Y lo es, porque de veras que los guionistas se preocupan de que cada misterio o pequeña pregunta que se lance se resuelva no demasiado tarde en la serie. En el capítulo 2 (<i>To Keep Us Safe</i>) ya se habla de quiénes y cómo son los extraterrestres. </div>
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Por entonces ya se siembra ese subtema transversal a toda la serie: ¿son personas? ¿Merecen la misma consideración que los humanos? Algo que conecta <i>The Event</i> con <a href=”http://www.bbc.co.uk/programmes/b00x8fw4″><i>Outcasts</i></a&gt;, donde “los otros” son clones diseñados genéticamente, y viven “ahí fuera”.</div>
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<a href=”https://fhrodri.files.wordpress.com/2011/05/capturadepantalla2011-05-19alas23-41-40.png&#8221; imageanchor=”1″ style=”margin-left: 1em; margin-right: 1em;”><img border=”0″ height=”222″ src=”https://fhrodri.files.wordpress.com/2011/05/capturadepantalla2011-05-19alas23-41-40.png?w=300&#8243; width=”400″ /></a></div>

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<a href=”https://fhrodri.files.wordpress.com/2011/05/capturadepantalla2011-05-19alas23-42-23.png&#8221; imageanchor=”1″ style=”margin-left: 1em; margin-right: 1em;”><img border=”0″ height=”225″ src=”https://fhrodri.files.wordpress.com/2011/05/capturadepantalla2011-05-19alas23-42-23.png?w=300&#8243; width=”400″ />&nbsp;</a></div>
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&nbsp;<i><span style=”font-family: ‘Courier New’, Courier, monospace;”>El Presidente recibe el informe sobre la composición genética de los extraterrestres. Las diferencias con los humanos son del 1%. Y sin embargo…</span></i></div>
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No son baladíes estas coincidencias con <i>Lost </i>(“los otros”, sus intenciones, etc). Tal vez en el mundo post atentados terroristas sentimos que conocemos menos (<i>ergo</i>, tememos) los demás. Tampoco parece que las nuevas tecnologías hayan mitigado ese terror. Un terror que, y es llamativo, ya no se expresa mediante el cine de este género. Se ha desplazado a la ciencia ficción, y <a href=”http://www.filmica.com/casiopea/”>este artículo</a> algo de eso apunta, relacionando aquel film <a href=”http://www.dvdgo.com/dvd-monstruoso-estuche-metalico/1301112/125929″><i>Cloverfield</i></a&gt; con una ciencia ficción que aspira a hablar de nuestros temores. Yo añadiría a esas ficciones otro film muy destacable: <i><a href=”http://www.imdb.com/title/tt1470827/”>Monsters</a&gt;. </i>No parece casualidad que el tercer capítulo de <i>The Event </i>se llame <i>Protect them from the truth</i>.&nbsp;

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Si a esa ciencia ficción se le suman políticos y/o militares y organizaciones (y religión, en <a href=”http://www.syfy.com/battlestar/”><i>Battlestar Galactica </i></a>y <a href=”http://en.wikipedia.org/wiki/Caprica_%28TV_series%29″><i>Caprica</i></a&gt;), ya tenemos por qué este género parece el mejor recipiente para reflexiones sobre qué nos preocupa y nos aterroriza. Y no el cine de terror, envuelto, en general, en una espiral poco afortunada.

Sea como fuera, The Event rentabiliza ese miedo mediante una operación en lo dramático y en lo narrativo. En lo primero, nos da acceso a unos extraterrestres humanos en todo (alejados de los de V, pero también de la parafernalia de vestuario de Los Otros de Lost), pero con un secreto que apenas desvelan. En lo segundo, con un final de temporada acelerado (y que remonta y mucho) donde se hacen unos enemigos (los “villanos” de la función) peculiares y temibles, a la vez.

Seguiremos analizando todo esto en próximos posts. </div>
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GUIONECES: CONFLICTOS Y PROTAGONISTAS (II). HÉROES O SEMIDIOSES


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No es sencillo crearle a un protagonista un conflicto que sea, a la vez creíble, y que sea de veras conflicto como tal: que le plantee dos posibilidades “imposibles”, que cada puerta, cada camino,  signifique un precio, un sacrificio, un efecto emocional sobre el personaje y su evolución. Tanto es así, que la ficción televisiva, que tiene ese punto de premura, de dependencia de audiencias, y de renovaciones que llegan o no, ha optado, en muchas ocasiones, por un camino digamos más sencillo o más obvio.
¿Que se exigen conflictos “más grandes que la vida”? Busquemos protagonistas excepcionales, en el sentido literal de la palabra. Personas con las que nosotros no tenemos mucho en común.
Esa necesidad de fidelidad con esos famosos “stakes”, que tienen que estar bien altos, las expectativas, el riesgo, están haciendo que algunas ficciones recurran a unos protagonistas, unos héroes, que rozan aquellos mismos de la mitología griega. Y también en cine.
Jason Bourne. Nikita. James Bond. Jack Bauer. El protagonista de Human Target.
Conocen todas las armas. Saben de todas las estrategias militares. Son fuertes, ágiles, inteligentes, y muy resistentes al dolor físico. En cierto momento del capítulo 11 de la Primera Temporada de Nikita (que en unos momentos analizaremos), la protagonista se libera, con una fuerza casi sobrehumana, y se le añade una música con coros, como bien siendo habitual en la épica.
Así escapa Nikita de sus cadenas. Junto al tema musical que surge, estamos casi ante un super héroe.
Con este tipo de protagonistas, esos riesgos, esas amenazas, parecen más apropiadas. Al tiempo, también parece más consecuente y verosímil que sean capaces de afrontar conflictos “fuertes”: evitar un golpe de estado, salvar el país, impedir una masacre terrotista.

Es decir, parece que se ha acabado el tiempo del average middle man que se encontraba ante una situación imposible, al modo, se me ocurre, del protagonista de North by Northwest. Hoy día, parece que nos dicen estas ficciones, nadie se creería que un tipo cualquiera sea capaz de enfrentarse a conspiraciones y a los villanos sólo con inteligencia. Es, pues, el tiempo de los espías, los agentes secretos, los asesinos profesionales, los soldados.

También esta promo de Human Target hay coros en la banda sonora.
Ignoro si esto es bueno, si es malo, o si es prueba de algún tipo de efecto sociológico. Lo que sí creo es que, por equilibrio, los autores necesitan acercarnos estos seres tan lejanos en sus cualidades físicas y mentales.
Una vez escuché que Jack Bauer era un héroe “del sistema”, que justifica la tortura, el espionaje y todo ese imperialismo yankee que tanto gusta criticar en estos lares.
Esta promo de la Séptima Temporada insiste en ese lado del personaje de “duro” sin matices. Tal vez la propia Fox desconozca en realidad los giros que ha vivido Jack Bauer. O no desee “anunciar” un héroe con debilidades.
Vistas las últimas temporadas, yo, en cambio, encuentro a un tipo que, de acuerdo, tiene más vidas que un gato; pero al que le traiciona su presidente (ya lo había hecho en la quinta temporada), al que su inexplicable (incluso para él) sentido de cumplir órdenes le lleva a quedarse sin familia, a arrestar a su único amigo, y a seguir embarcándose en cruzadas que no son suyas. De hecho, hacia el final de la última temporada, Jack Bauer por fin ejecuta un plan propio: y es una venganza tremenda, violenta, sanguinaria. Y lo peor es que este “monstruo” lo han creado otros. Si somos políticamente correctos, odiaremos cada muerte que cause; si atendemos al desarrollo de la ficción, entendemos que Bauer no tenía tan fácil una opción diferente.
Aún pese a esas capacidades de super héroe o de semidiós, Jack Bauer sufre y mucho. Y toma decisiones que nos asquean (y los autores no son estúpidos: tienen a bien darnos un personaje testigo que se asquee con nosotros), nos hacen dudar, nos vuelven problemático que sigamos a este protagonista como nuestro “héroe”. En Estados Unidos los temas de las torturas y el terrorismo y los servicios secretos y su necesidad o sus límites están en la prensa y en la calle: la ficción los recoge y narra. ¿Se requerían tantas temporadas? ¿Todas las temporadas tratan estos temas con igual intensidad o con giros más o menos interesantes? Serían otras cuestiones.
Harry el Sucio, héroe de los setenta, era rudo y era “fascista” pero sin dudas, y sin apenas sufrimiento. Puede que los tiempos no hayan cambiado tanto, y se siga indagando en nuestra bajas pasiones, ofreciéndosenos un héroe que dispara primero y pregunta después, o aquello de la venganza por encima de la ley. Sin embargo, será quizá porque los autores han vislumbrado que tenían que acercárnoslos, estos seres de la ficción de hoy son más humanos.
A Jason Bourne le torturan sus asesinatos pasados, y aquella segunda parte le exigía, al final, una travesía hasta Rusia sólo para pedir perdón. El protagonista de Human Target se culpabiliza por sus tiempos de asesino, que intenta equilibrar con sus servicios actuales como guardaespaldas.
Dejo a otros los análisis ideológicos o políticos. Sin embargo, intuyo que no es tan sencillo que sea ésta una estrategia de justificación del “gran héroe americano”. Hasta el gran Imperio tiene, en todo caso, crisis de conciencia.
En Nikita, un tema constante (mejor o peor tratado sería otra cuestión) es el efecto del asesinato; en las psiques de los protagonistas, pero también en las propias víctimas. En un próximo post, veremos cómo esto puede convertirse en una ventaja para los conflictos en lo narrativo y en lo dramático; en las tramas episódicas o stand alone plots y en las tramas generales (que otros autores denominan background plots).