FRAGMENTOS INTERESANTES: PAMPANITOS VERDES, ÓSCAR ESQUIVIAS


No estoy de acuerdo, desde el respeto, con el tono general de alabanzas acerca de este libro de Óscar Esquivias. En parte, por mis impresiones (hay relatos que no salvo, como el que le da título; otros que se pierden por el camino o no se cierran adecuadamente), claro está; pero también en parte porque muchas reseñas intuyo que, o se basan en una lectura muy rápida, o en una que acude más a la propia información que da la contraportada. Puede que sean mayoría, pero no hay tantos relatos acerca del paso desde la adolescencia hacia la edad adulta (como se enfatiza aquí), con lo que esto no es, pues, lo que da unidad a esta colección. No más que el dato de que muchos de ellos incluyen personajes homosexuales, lo cual, sin embargo, no parece que nadie haya querido indicar. ¿Será esa obsesión porque los libros de relatos tengan unidad real?
Luego están las reseñas abstractas, ésas que finalmente no dicen nada. Busquen, que seguro las van a encontrar por ahí. 
Pero, sin duda, tiene varios relatos muy valiosos: El dolor, entre aquellos más cortos (el final es estupendo; abierto, y un tanto inquietante); y El centurión, entre los más largos. También éste: Monólogo del técnico de sonido. Por ejemplo, consigue ese equilibrio tan complicado de que el estilo se plieguen bien a un narrador que, al ser en primera persona, no permitiría en verdad desajustes en exceso poéticos. Será, supongo, eso que denomina esta reseña (con la que tampoco coincido en mucho; en especial en cómo marea la perdiz para decir más bien poco) como “elegante postración del yo-autor”. En cualquier caso, por los que estoy leyendo y las correspondientes críticas que leo después, el precio para la verosimilitud de un narrador que usa expresiones y adjetivaciones que son más del autor es algo que tengo cada vez más claro que, o bien no se considera relevante en el análisis de relatos, o bien sólo me obsesiona a mí. Otro día hablamos de esto, pero si quieren saber un poco más sobre esta percepción mía, lean aquí.
El hecho es que Pampanitos verdes sí que se logra bastantes veces la naturalidad, que hay una sencillez estilística que se agradece (porque es lo propio cuando los narradores son personajes comunes), y que en ciertas ocasiones (en especial en este relato) el humor expresado está tan conseguido que es muy probable que uno llegue a la carcajada mientras lee. Si quieren leer uno de esos relatos sencillos y divertidos, aquí.
Lo que no quita, en el caso de Monólogo del técnico de sonido, para que, a medida que evolucione, lo dramático se vaya abriendo paso, y de pronto estemos ante ese tema de cómo todos estamos condenados a parecernos a nuestros progenitores.
“Cada vez que cojo el coche y enfilo la carretera de Burgos, me echo a llorar. En el espejo retrovisor, cuando me miro, compruebo que mis rasgos empiezan a recordar a los de mi padre y a los de mi abuelo: he perdido pelo, tengo sus mismas entradas en la frente, se me han hundido un poco las mejillas. Cada vez que me malhumoro, me quejo, elevo la voz o pierdo los nervios (y me pasa de vez en cuando, no tengo buen carácter), siento que estoy dando un paso hacia una región de sombra, hacia un lago de amargura. “

Monólogo del técnico de sonido. Óscar Esquivias. Pampanitos verdes. Ediciones del Viento, 2010.

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FRAGMENTOS INTERESANTES: CUENTOS DE EVA LUNA, ISABE ALLENDE


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Lo sé. Isabel Allende no está en el círculo alzado a los altares por la crítica. No está a la altura de esos popes, que tanto han calado en nuestros estudiosos, y, claro, en algunos autores. Pero admito que me ha sorprendido, esta lectura, <i><a href=”http://books.google.com/books?id=opuFSQAACAAJ&amp;dq=cuentos+de+eva+luna&amp;hl=en&amp;ei=91p6TpnjJY7tOf3m7KQC&amp;sa=X&amp;oi=book_result&amp;ct=result&amp;resnum=1&amp;ved=0CDAQ6AEwAA”>Cuentos de Eva Luna</a></i>, que ha sido una especie de obligación, para cierto curso. </div>
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Primero, porque cuando no se le va la mano hacia lo cursi (<i>Clarisa </i>lo bordea, por ejemplo), Allende (esta Allende de los primeros tiempos, tan lejos, me temo, de la escritora de <i>best sellers</i> de hoy) consigue momentos muy intensos, bien de crudeza (<i>Si me tocaras el corazón</i>), bien de belleza, (la historia entera de <i>María, la boba</i>, o el desenlace de <i>Tosca</i>, o <i>El pequeño Heidelberg</i>) .

Segundo, porque, como relatos, muchos funcionan bastante bien. Es verdad que a medida que estos se extienden (y esto se da, curiosamente, cuando se va llegando al final), no es sólo el ritmo lo que decae. Mientras más se adentra en lo sociológico (y sus encuentros con lo religioso), tal vez la autora se introduzca demasiado con sus juicios y percepciones. Mejor, cuando todo adquiere ese tono de “cuento”, en el sentido de lo maravilloso, y la cierta abstracción (pese a que Allende también utiliza más de una vez un pueblo que viene a ser un hermano menor de aquellos territorios imaginados de los autores “grandes”, como el <a href=”http://es.wikipedia.org/wiki/Macondo”>Macondo </a>de Gabriel García Márquez).

Se me ocurre una excepción: el que cierra la colección: <i>De Barro estamos hechos</i>. Un día habría que interesarse por comparar o analizar cómo Allende aquí abandona lo mágico, y se va -sólo un poco, es verdad-, a ese ambiente urbano que luego tanto reivindicarían los hijos que mataran a los creadores del realismo mágico.</div>

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Además, es curiosa esa pretensión (no sé si conseguida del todo) de un análisis amplio de los personajes femeninos. El hecho es que la mayoría de los hombres son peleles, machitos encarados, fortalezas que se derrumban pronto cuando hay una mujer. Y por ahí, quizá Allende se exceda en los tipos, y se arrebate mucho en las pasiones. Supongo que por ahí vendrán las críticas oficiales. En todo caso, este esquema tiene relatos muy válidos (si excusamos algún desliz) como <i>Niña perversa</i>.</div>
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Eso sí, absténganse los que odien los adjetivos, los colores, lo fantástico.</div>

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<i>“Bailando y bailando El Capitán sintió que se les iba retrocediendo la edad y en cada paso estaban más alegres y livianos. Una vuelta tras otra, los acordes de la música más vibrantes, los pies más rápidos, la cintura de ella más delgada, el peso de su pequeña mano en la suya más ligero, su presencia más incorpórea. Entonces vio que la Niña Eloísa iba tornándose de encaje, de espuma, de niebla, hasta hacerse imperceptible y por último desaparecer del todo y él se encontró girando y girando con los brazos vacíos, sin más compañía que un tenue aroma de chocolate.</i></div>
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<i>El tenor le indicó a los músicos que se dispusieran a seguir tocando el mismo vals para siempre, porque comprendió que con la última nota el Capitán despertaría de su ensueño y el recuerdo de la Niña Eloísa se esfumaría definitivamente. Conmovidos, los viejos parroquianos el Pequeño Hidelberg permanecieron inmóviles en sus sillas, hasta que por fin La Mexicana, con su arrogancia trasformadora en caritativa ternura, se levantó y avanzó discretamente hacia las manos temblorosas del Capitán, para bailar con él.”</i></div>

<a href=”http://www.youtube.com/watch?v=v7AP-z27SRU”><i>El Pequeño Heidelberg</i></a>. Isabel Allende. <a href=”http://html.rincondelvago.com/cuentos-de-eva-luna_isabel-allende_1.html”><i>Cuentos de Eva Luna</i>.</a> 1989
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<a href=”http://www.piedrasanta.com/images/prods/cuentos%20de%20eva%20luna.jpg&#8221; imageanchor=”1″ style=”margin-left: 1em; margin-right: 1em;”><img border=”0″ height=”400″ src=”http://www.piedrasanta.com/images/prods/cuentos%20de%20eva%20luna.jpg&#8221; width=”258″ /></a></div>
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FRAGMENTOS INTERESANTES: EL LIBRO DE LOS AMORES RIDÍCULOS, MILAN KUNDERA.


La risa tiene muchos colores, y Kundera se decanta por lo absurdo, pero de una clase cotidiana; tampoco nada sorprendente en aquella Checoslovaquia sometida a la URSS. Por fortuna, la posible crítica a aquel sistema no es obvia (tal vez más en No se van a reír y en Eduard y Dios), ni es, siquiera, central. Son los propios seres humanos de esta colección de cuentos los que actúan de formas y maneras ridículas, ya sea insistiendo en un pasado falseado, en actitudes infantiles, o en el juego, que para los niños es tan sano, y cuyo funcionamiento se nos escapa tanto a los adultos, convirtiéndolo en algo mucho más perverso. Un relato a recordar (al menos, para mi personal antología) es El Falso Autoestop. Aunque, tal vez, el que abre el libro sea uno de los más definitorios. Personaje infantil, situación grotesca, evolución inesperada, y repercusión negativa.
“−¿Qué pueden encontrar de malo en mi pasado? ¡Usted mismo sabe cuánto me gusta mi trabajo! ¡Nunca he descuidado mis obligaciones! Tengo la conciencia limpia.

−La vida humana es muy ambigua−dijo el profesor−. El pasado de cualquiera de nosotros puede ser perfectamente adaptado lo mismo como biografía de un hombre de Estado, amado por todos, que como biografía de un criminal. Fíjese bien en su propio caso. Nadie pone en duda que le gusta su trabajo. Pero no se le veía con demasiadas frecuencia en las reuniones, y, cuando alguna vez aparecía, solía quedarse callado. Nadie sabía muy bien cuáles eran sus opiniones. Yo mismo recuerdo que en varias ocasiones, cuando se trataba de cosas serias, de pronto hacía usted una broma que producía incertidumbre. Naturalmente esa incertidumbre quedaba de inmediato olvidado, pero hoy, rescatada del pasado, adquiere de pronto un sentido preciso. Recuerde también cuántas veces ha ocultado usted sus presencia cuando venían distintas mujeres a buscarlo a la Facultad. O su último trabajo, del que cualquiera puede afirmar, si le da la gana, que defiende posiciones sospechosas. Claro que todas éstas son cuestiones aisladas; pero basta con la luz que sobre ellas arroja su delito actual para que de pronto se unan, formando un conjunto que pone de manifiesto cuál es su carácter y su actitud.
−Pero ¿de qué delito se trata? −exclamé−. Explicaré delante de todos cómo han ocurrido las cosas: si las personas son personas, tendrán que reírse.

−Como le parezca. Pero verá usted que, o las personas no son personas, o usted no sabía cómo eran las personas. No van a reírse.”

No van a reírse. Milan Kundera. El libro de los amores ridículos. 1968

FRAGMENTOS INTERESANTES: MEDARDO FRAILE


De Fraile se ha escrito mucho, por expertos y analistas del cuento en España, así que yo me limitaré a indicar lo que me ha llenado de lo que llevo leído.
Fraile tiene una capacidad insólita para el narrador cercano que no cae en lo vulgar, sin que éste, además, no resulte inverosímil por excesos líricos. También, para que la historia progrese llena de naturalidad y, a la vez, apuntes y detalles que sí que conjugan con lo poético, pero sin que esta conjunción rechine.
De paso, sus relatos nos recuerdan que este género se presta, si se quiere, no ya a la narrativa esquelética o esquemática, sino que ese mismo elemento de resumen que requieren estas ficciones facilitan lo poético y la belleza.
“Mira que el sitio era largo, era hermoso; pues bien: siempre había una persona mayor para tropezar con ella. El juego quedaba partido unos segundos; la risa, estrellada; la ilusión, distraída, y todo por aquella pierna gordita que iba aumentando, aumentando, prisionera de una liga feroz aferrada a ,o suyo. Y todo por aquellos leguis que olían a tela de dril sin mojar y por aquel dril verdusco que olía a leguis, a botas y a caballo. Y todo por aquellos corrillos de señoras, vestidas de paraguas, con un librito demasiado pequeño en sus manos, al atardecer, charla que te charla sobre el padre Tal o el padre Cual, como esponjándose bajo el sonido -algo lejos-de una campana. La cosa era obstaculizar, poner un guión al juego roto para que siguiese en una línea distinta. La cosa era interrumpir el mapa de la fantasía”.

Las personas mayores. Medardo Fraile. Cuentos de verdad, 2000, Cátedra.

FRAGMENTOS INTERESANTES (X): LARRY NIVEN /INGENIEROS DE MUNDO ANILLO


Uno de las ventajas de Ingenieros de Mundo Anillo, sobre su antecesora en esta serie, es que se centra más en las razas habitantes de este peculiar mundo. Eso permite más detalles, más uso de la sensación de “maravilla”, y un poco de concrección a tanto elemento abstracto del elemento puro de ciencia ficción.  

“- Los acontecimientos insólitos pueden despertar en el alienado el don de la profecía. Pero sabemos que tienes artefactos no conocidos en otros lugares, y que eres de una raza también desconocida. El mundo es muy grande y tampoco lo conocemos por completo. Y tu amigo peludo es de una raza más extraña aun.

– No has contestado a la pregunta.

– ¡Sálvanos! Nosotros no te lo impediremos.

El chacal dejó de sonreír, aunque no por eso llegaron a juntarse sus labios. (Se habría necesitado un esfuerzo deliberado para eso, con aquellos dientes…)

– Si eres un loco, qué nos importa? Las actividades de las demás especies rara vez interfieren con las nuestras. A la hora postrera, todos nos pertenecen.

– Me pregunto si no seréis los verdaderos amos de este mundo.”
Ingenieros de Mundo Anillo. Larry Niven.1980. La Factoría de Ficción, 2003 

FRAGMENTOS INTERESANTES: CUANDO SE MUERE LA NEVERA, MATÍAS CANDEIRA, 2008


La ficción, cuando la lees, a veces te da encuentros extraños y casualidades varias, casi, casi como cuando la escribes. A mí me sucedió que acabé de ver The Lovely Bones, donde un frigorífico (o similar) era donde se ocultaba un secreto y un drama, y también, alguien lo llevaba a un lugar donde deshacerse de él, y, al tiempo, topé con esta historia de Candeira, hermosa, secreta, misteriosa, que me causó, quizá por la coincidencia, un dolor muy peculiar.
Candeira se merece mejores reseñas que las que pueda hacerle yo, y además me parece un escritor modesto, cercano y cuya visión del mundo es verdadera y no impostada. Él “ve” y “vive” la vida como si todo fuera un cuento fantástico. Lean y lo comprobarán. Y ya tiene nuevo libro. Yo se lo recomiendo, desde esa seguridad que da el descubrimiento azaroso de las coincidencias, y de un autor, que ya te hace seguirlo hasta… hasta ese precipio, tal vez, donde nos deshacemos de las cosas que mueren.
“Debe ser el día en que se mueren las cosas y la gente se despide para siempre. […] Hay muchas más personas y pertenencias, unidas por cariños inabarcables, en este acantilado blanquecino. La familia los descubre al bajarse del coche. Decenas de seres humanos que dicen “adiós, adiós”, a sus objetos, a una parte de sus sueños, quizás, y hacen con la mano el signo de despedida. Varios escolares con las narices hinchadas de llorar arrojan sus canicas al mar embravecido y todavía siguen la trayectoria con los ojos; al fondo, un hombre con barba y pasado besa un vestido de novia y luego lo deja a merced del viento, se pone a temblar violentamente bajo el disco anaranjado del sol. Hay una mecedora, un poco más allá, que arrastra ahora sus ruedas chirriantes por la hierba y empuja a una anciana por el borde. ”
Cuando se muere la nevera. Matías Candiera. La soledad de los ventrílocuos. Tropo editores. 2008

FRAGMENTOS INTERESANTES: LA DORMILONA (L´ENDORMEUSE, GUY DE MAUPASSANT, 1889)


“Señor, la cifra de suicidios aumentó tanto en los cinco años que siguieron a la Exposición Universal de 1889 que se reveló urgente tomar medidas. Se mataban en las calles, en las fiestas, en los restaurantes, en el teatro, en los vagones, en las recepciones del presidente de la República, en todas partes.
No sólo era un desagradable espectáculo para aquellos que, como a mí, les gusta vivir bien, sino también un mal ejemplo para los niños. Entonces hubo que centralizar los suicidios.
       ¿De dónde venía esa recrudescencia?
       No lo sé. En el fondo creo que el mundo envejece. Se empieza a ver claro, y nadie se resigna. En la actualidad ocurre con el destino como con el gobierno; se sabe lo que es; se constata que el timo está en todas partes, y uno se marcha. Cuando se ha reconocido que la Providencia miente, hace trampas, roba, engaña a los humanos como un simple diputado a sus electores, uno se enfada, y como no se puede nombrar otra cada tres meses, como hacemos con nuestros representante concusionarios, abandonamos el lugar, que es decididamente malo.”
“La dormilona” (L´Endormeuse) Guy de Maupassant, 1889. De la colección La máscara y otros cuentos fantásticos, Guy de Maupassant. Traducción de Mauro Armiño.

FRAGMENTOS INTERESANTES: TACUARA-MANSIÓN, HORACIO QUIROGA, 1920)


“Frente al rancho de don Juan Brown, en Misiones, se levanta un árbol de gran diámetro y ramas retorcidas, que presta a aquél frondísimo amparo. Bajo este árbol murió, mientras esperaba el día para irse a su casa, Santiago rivet, en circunstancias bastante singulares para que merezcan ser contadas.

Misiones, colocada a la vera de un bosque que comienza allí y termina en el Amazonas, guarece a una serie de tipos a quienes podría lógicamente imputarse cualquier cosa, menos el ser aburridos. La vida más desprovista de interés al norte de Posadas, encierra dos o tres pequeñas epopeyas de trabajo o de carácter, si no de sangre. Pues bien, se comprende que no son tímidos gatitos de civilización los tipos que del primer chapuzón o en el reflujo final de sus vidas, han ido a encallar allá.”
Horacio Quiroga. Relato Tacuara-Mansión. 1920. En Cuentos. Edición de Leonor Fleming. Cátedra.Todo un principio, ¿no? Lo sé, lo sé. Hay mucho mito con que la narrativa literaria necesite empezar “agarrándote por el cuello” (Andrés Ibañez lo probaba con los comienzos de grandes obras; muchos son bastante poco “guionescos”). Pero es un modo de hacer; y ciertamente puede ser efectivo.

Tengo mis “peros” acerca de Horacio Quiroga, aunque algunos de sus relatos de veras te trasladan a un mundo increíble, pero cierto: los parajes del Chaco y la provincia de Misiones.

FRAGMENTOS INTERESANTES: PADRE E HIJOS (OTSY I DETI, IVÁN TURGUENÉV, 1862)


“Campo y más campo se extendían hasta el mismo horizonte, tan pronto alzándose, como descendiendo nuevamente. En algunos puntos se veían pequeños bosquecillos y barrancos cubiertos de esparcidos y bajos matorrales, que se ondulaban recordando la representación de los antiguos planos de los tiempos de catalina. No faltaban ríos con sus abruptas orillas, ni minúsculos estanques con finos diques, ni aldeas con sus isbasbajitas de tejados semiderruidos, ni torcidos cobertizos de paredes trenzadas con el ramaje seco y puertas medio caídas junto a los graneros abandonados. También iglesias; unas, de ladrillo algo descascarillado, y otras, de madera con cruces inclinadas y sus cementerios saqueados. El corazón de Arcadi se encogió un poco. Como si fuera a propósito, los mujiks que se les cruzaban por el camino vestían ropas harapientas y montaban unos rocines penosos. Los sauces al pie de la carretera, con sus cortezas levantadas y las ramas rotas, parecían enteramente mendigos. Unas vacas flacas y ásperas, como si estuvieran roídas, arrancaban ansiosamente la hierba de las cunetas. […] `No, -pensó Arcadi-, no es rico este lugar y no sorprende ni por el bienestar ni por el amor al trabajo. No. No puede quedarse así, la transformación es necesaria… Pero ¿cómo hacerlo? ¿Por qué cosa se habría de empezar?´  
Padres e hijos (Otsy i deti, 1862), Iván Turguénev. Traducción de Bela Martinova.