NUEVA SELECCIÓN PARA CORTOMETRAJE RÍO ARRIBA (2011): FESTIVAL INTERNACIONAL DE CINE INDEPENDIENTE DE IQUIQUE


Nueva selección para el cortometraje Río Arriba, en cuyo guión he colaborado.
En este caso, es en el Festival Internacional de Cine Independiente de Iquique– FICIIQQ 2012. Más información sobre este festival de cine, en su página web.
Hay muchos cortos de animación procedentes de España, lo cual me sorprende y me alegra. Lo que ignoro es si se verán; si tendrán visibilidad, que es lo interesante. Tal vez los Premios Goya debiera abrir las candidaturas a más cortos. Quizá veamos algunos de estos que se verán en el Festival de Cine de Iquique (el nuestro, no; ya estaría fuera de plazo). Además, se hizo sin productora, con programas de animación, mucho tiempo y mucho trabajo. Por eso, tal vez noten un cierto aire amateur, pero tampoco tanto.
El teaser del cortometraje es el siguiente:
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TINTIN Y EL SECRETO DEL UNICORNIO. STEVEN SPIELBERG, 2011. ANÁLISIS


A veces, uno no entiende a la crítica, y más, cuando es casi unánime, y ésta ha afirmado, en general, que Tintín y el Secreto del Unicornio, la nueva película de Spielberg, es una obra notable. Yo disiento. Veamos por qué.
Si la apuesta consistía en un ir más allá de las nuevas técnicas de animación, podría estar de acuerdo con la conclusión de José Arce, en esta crítica de La Butaca.
Pero en sus mismas palabras, pronto se desvela el principal problema de la película (el subrayado es mío):
“Así, aunque el protagonista principal no resulta especialmente carismático, la propuesta se convierte en un producto notable por su misma esencia, pero su despampanante espectro técnico la eleva de manera considerable impactando al espectador, aun habituados como estamos a las delicias de la animación moderna.”
Veamos. ¿Se puede hacer cine de aventuras sin personajes? ¿Se puede, sin un protagonista? No es que el guión de Steven Moffat, Edgard Wright y Joe Cornish no hayan conseguido darle carisma. Es que el propio Tintín no existe.
Es como si Steven Spielberg fuera durante toda la película fiel a esos planos primeros donde se muestra al protagonista. En primer lugar, mediante la broma de que su rostro sea presentado antes en un retrato que es el de su personaje de cómic. En segundo lugar, vemos su cara “partida” en diversos espejos, en ese mercado de antigüedades. Dice Jordi Revert, en la Butaca:
“ya empezada la función, y situados en el mercadillo donde se inicia la aventura, es el propio Hergé, resucitado para la ocasión, el que da por cerrada la era 2D de su criatura con el significativo gesto de un retrato sobre el papel.”
Sí. Veámoslo como una defensa de esta postura por las tres dimensiones de quien era un ser de dos. Ahora bien, la tercera dimensión no puede venir sólo de la animación. Es verdad que la calidad de los detalles es impresionante: la arena del desierto, el agua del mar… Incluso la forma de los rostros tiene una cualidad interesante, entre el verismo y cierto trazo de caricatura o cómic. Pero, ¿más allá?
Justo en ese momento en que Spielberg pasa de la cara del personaje de cómic al de tres dimensiones  (roto en mil imágenes en los espejos) parece como si (se) dijera, ajá, sí, éste es Tintín. Que es, que es… ¿Quién es?
El momento inmediatamente posterior a esa imagen dividida en varias, frente a los espejos.
No es nadie en este guión. Es un receptor y creador de acción de lo más abstracto. Si intentáramos resumir  la película podríamos hacerlo diciendo que es “la lucha de Haddock por asumir la herencia de su apellido y superar el dolor y la contradicciones que le ocasiona”.
Sí. La lucha de Haddock. Han leído bien. Es el verdadero protagonista de Tintín y el Secreto del Unicornio.
Como si se cambiaran las tornas, pero desde el principio, Tintín es el Sancho de la realidad que saca y sonsaca a Haddock de sus borracheras, de sus fantasías, y de sus contradicciones. Hasta en esto, Tintín ejerce funcione de Ayudante: funciones de personaje secundario.
Es cierto que se repite, en alguna que otra ocasión, que Tintín quiere el tesoro porque es una gran historia y él es reportero. Bien. Aceptado. Como Motivación de base, es aceptable. Indiana Jones no era sino un arqueólogo que buscaba piezas raras por todo el mundo. Pero recordemos qué mueve al protagonista de aquella película a aceptar el encargo del gobierno, en En Busca del Arca Perdida.
Por un lado, el reencuentro con cierta parte de su pasado. Su Backstory incluye a un mentor cuyo medallón indicaría el lugar de enterramiento del Arca… y la hija de dicho mentor con la que mantuvo una relación.
Es decir, las Motivaciones eran a) más complejas b) más cercanas a las de cualquier ser humano
Tan claro queda que el protagonista verdadero es Haddock, que el enfrentamiento final con el villano lo tiene él. Por cierto, en un más difícil todavía, donde los descendientes de aquellos dos linajes enfrentados no luchan con espadas sino con… grúas de un puerto.
Es imposible dilucidar con seguridad qué ha sucedido para que se presente un proyecto tan cojo en algo fundamental: la humanidad. Puede que Spielberg no conozca del todo bien al personaje de cómic. Puede que Tintín sea un personaje plano (aquí, que vengan los especialistas en el tema, por favor, que seguro que me equivoco). Puede que no haya querido mojarse, y darle una vuelta personal a cómo lo ve él. Por si el público europeo se soliviantaba con alguien que conocen bien.
Esta preocupación por el público es comprensible, dado el presupuesto, el propio riesgo de una técnica de animación novedosa, y ese hecho de que es un film americano con más papeletas para una recaudación fuera de su mercado local.
Esto mismo habrá tenido, también, su peso en una dirección que mueve la cámara constantemente. O bien Spielberg no confía del todo en una humanidad relativa de estos seres animados, (no deteniéndose en sus rostros más de lo imprescindible) o bien se ha preocupado demasiado por que nadie se aburra. Tal vez esto último tendría más que ver con las aspiraciones de taquilla en Estados Unidos. Si bien se anticipaban menores, quizá Spielberg haya puesto todo su interés en que los jóvenes y niños de su país “entren” a este cómic que allí no es tan conocido.
Por cierto, que la película ofrece en Haddock un tipo de protagonista extraño. Primero, claro, porque se supone que no lo es, como decíamos. Pero también porque es un borracho infatigable. Me pregunto: ¿si fuera un fumador empedernido tendríamos polémica por el público joven al que se dirige, pero si bebe hasta la saciedad no hay problema? Mundo raro.
Por supuesto, un guión con un ritmo acelerado tiene su mérito y no es sencillo. Pero agilidad no significa siempre atolondramiento. Un ejemplo: cuando Haddock recuerda aquellas hazañas de su antepasado, la fuerza de las imágenes (el barco que penetra en las arenas del desierto) y la historia ya de por sí hubieran sido potentes. Cinematográficas. Sin embargo, no hacía falta darle al acelerador. Las elipsis, sin duda, tienen sus ventajas: pero cuando lo que se suprimen son aunque sean escasos momentos de pausa, a veces ni sabemos de veras qué estamos viendo. Ni entendemos qué se nos está contando.
Complicarse la historia y el guión de más es todo lo relativo a esa cartera y quién la sustrae, que sólo justifica la inclusión de Hernández y Fernández. Supongo que Spielberg pensaría que sería absurdo contar con guionistas tan afamados en el humor, y no darles ocasión, con estos secundarios. Bien; no ponemos en duda que la película tiene sus momentos divertidos (no son gags en sí; es más cierto tono de contradicción y absurdo, en particular en las frases de Haddock). De hecho, he aquí otra peculiaridad de Tintin y el Secreto del Unicornio: un secundario que es protagonista, y que, como supuesto secundario, es la vez comic relief; alivio cómico. Es algo así como si en Indiana Jones y la Última Cruzada, Brody pasara a ser protagonista.
La mejor escena sí que encuentra mejor equilibro entre narración y ritmo. Es aquella de la persecución en la ciudad árabe. Y aun así, Spielberg y el guión exageran y sobrecargan el número de cosas que suceden al mismo tiempo, con esos papeles que van de mano en mano, de pata en pata, de garra en garra. Pese a todo, aquí también se ejemplifican los valores y posibilidades de este tipo de animación. La cámara puede “volar” de lo lejano a lo cercano de una manera que, en acción real, se delataría en sus posibles efectos especiales. 
Da la sensación de que es el salto lógico de los aclamados y conocidos set-pieces de Spielberg. En parte, algo de ello había en Indiana Jones y la Calavera de Cristal, en la escena en la selva. Pero allí ya se probaba que iba contra la verosimilitud (aunque fuera dentro del género de aventuras, donde ésta es más transigente). Aquí, entramos al juego mejor: Aunque al tiempo, matiza el género. Tintín y el Secreto del Unicornio no es tanto una película de aventuras, como una  película fantástica, y en eso sí sobrepasa a los posibles intentos de Hergé de realismo.
Sea como sea, la película tiene interés, aunque queda saber si la trilogía planteada sabrá o no otorgarle al supuesto protagonista mayor entidad (humanidad), o si sólo servirá para ponerle título a más acumulación de persecuciones sin alma.

MOBY VIDEO CLIP SHOT IN THE BACK OF THE HEAD


Del álbum “Wait for me”. Animado por David Lynch, nada menos.

MANGA: HORARIOS CONTRADICTORIOS


A veces, uno se despierta un domingo temprano. Como el trabajo autónomo (para el lenguaje”post-capitalista”, free lance) es ya de por sí esclavizante, ha de encontrarse tareas sustitutivas que te aporten la impresión de tiempo ocioso.

Así que zapeo, y me topo con Mangápolis, en la Sexta. Bueno, en concreto, tropiezo con una escena desconcertante. En una serie de animación, observo cómo uno de los protagonistas vence en un juego a su contricante mediante el seguro método de arrancarle el corazón. Vaya, que este juego no es el de Pokemon (¿será éste otro elemento reiterativo, definitorio del manga?).

Mangápolis es el usual contenedor, concepto televisivo que consiste en entradillas, o sketch de presentadores para dar paso, o simple transición entre secciones, o series. La diferencia, un poco más original, es que la entidad temática es, claro, el manga. La estética japonesa se traslada a ropas y hasta al casting, que incluye un chico con un algo de rasgos orientales.

Una de las secciones más curiosas es la denominada Informe. Con el citado remedo nipón transmutado en el usual presentador japonés histriónico, se adentra en el tratamiento de aspectos sociales; el que ví, sobre la homosexualidad.

Digo que es curioso, por la idea que se inspira en programas televisivos japoneses, pero con un toque propio que lo pervierte con humor, y con efectos positivos. El replicante de presentador introduce (en supuesto japonés con subtítulos) entrevistas a pie de campo, donde se expresan las visiones sobre qué sucedería si descubrieran que su hijo es homosexual.

Pero también es curioso porque denota una preocupación pedagógica en los creadores del programa. O, si se quiere, un criterio social. Sin embargo, esto se contradice con un posible desajuste entre este horario y su público potencial.

Por aspectos laborales, he estado investigando los programas infantiles y juveniles. Internet y el bendito pero farragoso Google me regalaron un informe, en plan serio, que analizaba los programas y series de todas las cadenas (de entonces; el documento tiene ya unos años). No lo tengo revisado en profundidad, pero me quedé con las conclusiones, un tanto apocalípticas. Ya se sabe que se estila esto de que se halle el enemigo en las ondas televisivas.

Pero veo retazos de este programa, y me quedo pensativo.

Mangápolis no se dirige al público infantil, sino a los jóvenes, calculo que entre 12 y 18 años. Sin embargo, el horario es mañanero, y, por familiares, sé de buena tinta que son horas de consumo para chicos bastante más jóvenes.

Así que los contenidos tal vez no sean los más adecuados. Ni por asomo soy fan de la censura (ahora hay que hacer esos matices hasta el infinito o a uno lo tachan de cualquier cosa). De hecho, al cabo de una semana, escucho que la misma Sexta ha optado por la “autoregulación” (otro término “pos”, imagino que en este caso, “postcapitalismo en el cuarto poder”). Una serie de Manga erótico expuso relaciones con una chica que parecía menor, y eso originó misivas a granel de protesta.

Pero el diablo, o Dios, según quién lo diga, está en los detalles.

Aquella serie se emitía cerca de las dos de la madrugada.

Parece que se repite la cantinela; el sexo despliega demasiados vigilantes, pero la violencia transita frente a los ojos y oídos de nuestra prole sin escándalo.

Volviendo a Mangápolis, la serie que no logro identificar (no es ninguna de las que la página de la Sexta anuncia) finaliza, mientras todavía quedo epatado tras ese corazón arrancado que, por cierto, el “héroe” aplasta a modo de reafirmación de su victoria. La primera serie que veo al completo es Noir, que cuenta las peripecias algo culebrónicas de un grupo de asesinos profesionales.

El manga en general me seduce el interés. Por ejemplo, en esa rara alianza entre fondos, ahora estáticos, ahora estilizados e insertados en los movimientos de los personajes, descompuestos en planos rebuscados. Además, en muchas ocasiones, la fantasía está pensada, y es intrigante (y no sólo cuando es futurista). En cuanto a su usual expansión del tiempo de escenas (incluso microescenas) que retrasan el avance de la acción principal me resulta exótico, por diferenciarse de la síntesis narrativa más común.

Sin embargo, aparte de las excepciones de clásicos como Akira o la Princesa Mononoke, al igual que con el terror oriental, esta clase de animación al cabo cansa. Cuando has visto un fantasma con pelo largo y negro, que surge en algún rincón del plano, o que se comunica mediante algún medio de comunicación moderno, ya los has visto todos.

Cuando has visto una competición, con niveles mayores o menores de espectacularidad, los has visto todos.

Con el manga, me sucede algo parecido. Que me perdonen los otakus, pero el género no decide la belleza, ni la verdad. O, en palabras más vulgares, para el hallazgo de una serie buena es tan necesario la búsqueda como en las de otro estilo y estética.

Y Noir no añade mucho, salvo que el protagonismo es absoluto para las mujeres. Las feministas afirmarán, y con razón, que también pueden cargarse a todo Cristo, como los héroes masculinos, que de Aquiles acá, parece que las féminas no pueden ser implacables.

La serie cumple a la perfección las fallas que aquel informe apuntaba. Todo se resuelve a tiros y golpes. No aparece sangre, es cierto, pero no sé si eso arregla mucho. Esta serie se emitía tras el Manga erótico, y uno se cuestiona si el salto en la parrilla de la madrugada a las mañanas no es un recurso de contraprogramación exagerado.

Aparte, los protagonistas son poco menos que superhéroes. No es que prime el realismo.

Ups, perdón por el lapsus; quería decir la verosimilitud. Porque en ese punto, disiento del informe. Se agradece que los pedagógos pretendan que la ficción deba ser un modo más de conocimiento del medio, pero la fantasía, hasta la excesiva, no me resulta peligro alguno para las mentes infantiles.

Dios, la virulencia de la epidemia de realismo en España alcanza hasta a la educación.

Lo que cuenta es que uno acepte ese otro juego, el de la ficción, el de “vale, de acuerdo, acepto el pacto, a partir de aquí, acepto las reglas internas de este universo”. Mientras haya coherencia, también en el desarrollo de los personajes (que, al cabo, siempre serán humanos, hasta cuando son criaturas de otro aspecto u origen imaginario).

Con esas pautas, los guionistas siempre podrán ofrecer tramas, si se quiere, educativas, y que queden tranquilos los pedagogos. Siempre pensé que eran los padres los que orientaban a su progenie a moverse por los pliegues de la vida.

Ahora, con lo de los tiros a tutiplen, y con corazones arrancados, ahí me pongo serio. No se me ocurrirá el adelanto de futuros traumas o patologías varias, pero demonios, ¿nadie cree que estos contenidos deberían llevarse a otro horario?

Además, esto de las modas es ya cansino. Hay series estupendas de animación no japonesas en los canales de pago que podrían traerse a las cadenas en abierto. Divertidas, nada ñoñas, imaginativas, no crean, pero desde luego para niños. Hay va un listado subjetivo y rápido.

Ed + Edd + Eddy y Bob Esponja, para estéticas discordantes y tono un poco gamberro, y Aliens, Vampiros y Piratas, para niños más pequeños.

Esta última se emite por las mañanas en La Banda, de Canal Sur, donde sí parecen aspirar a concordar horarios y contenidos. De hecho, hay una serie, B-Daman, que es Manga, y que sin embargo soslaya la violencia. Eso sí, qué manía tienen estos señores con las competiciones.

Me planteo (mientras emiten un sketch sobre la broma de independizarse en un piso de 30 metros cuadrados) si los adolescentes o jóvenes (porque también hablan de música actual y de ropa fashion, otro concepto “post”, “post-pijo”, me barrunto) están de veras levantados un domingo a las 10 de la mañana. No me cuadra con lo del botellón, ni con mis propias experiencias.

Por otra parte, no sé, Cuatro me parece que toma el pulso mejor a esa relación entre manga (de calidad) y público adulto, en su contenedor nocturno.

Otro día comentamos por qué Padre de familia, aparte de su irreverencia, y de que ya se repiten demasiado (y llevan pocas temporadas), también parece descolocado en su horario del almuerzo.