8 ESCENAS DE 2011; SERIES DE TELEVISIÓN (II). JUSTIFIED, THE KILLING


4.“Esto ya estaba escrito…” o no. Capítulo 12, (Reckoning). Temporada Segunda. Justified.
A falta de adjetivos para un género que se antoja difícil de clasificar (otro día hablamos de esto), acudiré a algo que también usaba Alberto Nahum, pero para los personajes: humanos. Tanto que poco a poco hemos ido comprendiendo más al supuesto oponente (hasta el punto de que a ratos la historia de fondo va tanto de él como de Raylan Givens) que al protagonista. Tanto que el propio protagonista se nos hacía cada vez más extraño.

Confrontaba un mundo de delincuentes tan estúpidos como violentos donde ese sombrero de posible sheriff de western a mí me resulta más un signo de “fuera de lugar” (destaca en un Tennesse que poco tiene de la ambientación propia del Oeste) que una pista de que aquí se cuele algo del género de vaqueros. Al fin y al cabo, ni esa moral propia de Givens le ha evitado enfrentarse a eso de lo que de veras trata esta serie: la familia.

Givens, lejos, según mi perspectiva, de esos policías o detectives noir de pocas palabras (y aún más lejos de un moderno samurái), es tan humano como ese mundo de delincuencia que, al cabo, le queda muy cerca: en su propia sangre.

A esto se le suma que esta segunda temporada subía varios escalones gracias a Margo Martindale interpretando a la matriarca Bennet. Con ella y los suyos, otros apellidos se sumaban a esta historia donde estos marcan y producen, quizá, tal vez, un destino. 
Súmenle los acentos (¿cómo es posible que alguien defienda todavía la versión doblada?), el sentido del humor (que de nuevo lo aleja bastante del western crepuscular, y si esto es noir es uno peculiar para la ficción audiovisual habitual), y ya tienen una de las series imprescindibles del 2011.
5. La delicadeza para con el dolor. Piloto, The Killing.
No entiendo (o lo entiendo a medias) la polémica (aquí y allí, en USA) acerca de un final que no resolvía una trama policial, que, por otro lado, no mareaba la perdiz más que cualquier otro procedural. ¿De veras alguien se sintió decepcionado porque los sucesivos sospechosos no fueran los culpables? ¿Cuando estábamos en capítulos tan lejos del final? Y como cualquiera de los procedurals, el whodunnit siempre es un medio para que se exprese un tema o para el retrato de personajes.
Si hablábamos de ritmo, es el usual en AMC; y según me informa Miss Macguffin, la estructura de ir dia a día ya estaba en la versión danesa original. Lo interesante es que aquí estamos ante un tipo de realismo que no necesita sacrificar naturalidad sin ser, a la vez, explícito u obvio. 
Además, las posibles elipsis están en un retrato del sufrimiento que es muy complicado de manejar cuando el procedural no se atiene a un stand alone episode, y da unidad a toda la serie; cuando las víctimas, tenemos tiempo para contemplarlas y seguir cómo lidian con su pérdida.

Y es aquí lo que destaco en ese piloto donde Linden tiene que comunicar la anticipada y temida noticia al Stan Larsen.

Sarah Linden, sin saber qué decir, si confirmarlo por sus palabras o no, repitiendo que lo siente… pero que Stan Larsen no puede estar aquí.
Una segunda temporada confirmará si se afinan los errores, si el ritmo tranquilo de AMC no se fuerza hasta la desesperación (y ahí está The Walking Dead como advertencia), y cuántos capítulos son necesarios para empezar y acabar otro caso.

Yo, por mi parte, quiero más de esa realización elegante, donde un leve travelling igual nos muestra una bicicleta que hace sospechar (y anticipar) a Sarah, que la carga sobre un falso culpable, pintada en una pizarra detrás suya, o abre para dejarnos ver una detective que ocupa una pizarra no sólo con pruebas sino con obras de la víctima.


The Killing ha ofrecido en su primera temporada algunas de las mejores imágenes de la temporada televisiva. 

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HEAVEN´S GATE: LO GRANDE O LO PEQUEÑO


Cada día, los fallos de mi TDT me regalan algo nuevo. Primero, me censuraron Antena 3. Luego, la calidad con la que se ve Tele 5 me instaron a incluirla en la lista de no visitables (aunque ya me lo había yo prescrito mi prescripción facultativa). El otro día, topo con la Sexta3. Y oigan, volveré. Hay siempre sorpresas. Como la opción de ver Heaven´s Gate; (Las Puertas del Cielo) aquella película de Michael Cimino que arruinó a la United Artists, a su director y que fue un escándalo (al parecer el rodaje fue un desmadre cocainímico) y un desastre en su percepción por parte de los críticos.
Obviamente, los críticos de Estados Unidos, entonces, pero también en mucha parte, ahora, difieren muy mucho de los españoles. Allí, apenas ha arribado la estela de la Nouvelle Vague y el Cahiers du Cinema. Les importa, creo, y bastante, la narrativa.  Me paso por Rotten Tomatoes y confirmo que todavía hoy en general se estima esta película como errónea.
A mí me llamaron la atención diversos elementos. El comienzo tiene aquello que se espera del cine de verdad, y, al tiempo, una contradicción. Sin apenas diálogos, conocemos a dos de sus protagonistas (sobre todo, al principal) en la fiesta de graduación en la universidad de Harvard. El baile que parecen improvisar al ritmo de un vals de Strauss es de una belleza increíble. Increíble, también, porque tiene un algo de digresión. No define a los personajes. No adelanta el género (aunque tal vez considerarlo un western tiene sus dificultades), y quizá ni el tono. No creo, en todo caso, que sea el mayor problema de la película. Puede que lo fuera en cuestiones de presupuesto (se dice que el prólogo y el epílogo se comieron una buena parte del presupuesto), pero nada más. No coincido con esto, de Film Threat  y Phill Hall (por cierto uno de los pocos que defiende la película)
“The sequence (running nearly 25 minutes) is meant to establish the central character of James Averill (Kris Kristofferson) as the product of wealth and privilege. […] Had Cimino dropped this entirely, the film could’ve been a true classic.”
Anticipa sólo ese sensación de juventud de “vamos a cambiarlo todo”, sobre lo que da pistas la voice over de James Averill, personaje interpretado por Kris Kristofferson.  Hay aquí también un interés antropológico y social: Heaven´s Gate a ratos será una especie de fresco donde tienen su lugar las masas. Obreras, por cierto; e inmigrantes. Era ese tipo de western que sólo usaba el género como marco donde incluir nuevos temas y preocupaciones.
Veremos reuniones de rusos y otros europeos del Este, peleas de gallos, prostíbulos, filas de inmigrantes por los paisajes de Montana (haciendo que son de Wyoming)… 
Claro que esa preocupación por “lo grande” quizá descuida otros aspectos. 
En todo caso, la película avanza, y yo sigo fascinado. En un tren, llegará Averill a un pueblo que levantaron casi enteramente en producción. Los planos lo aprovechan: vemos incluso el humo que sale de supuestas industrias allá a lo lejos. 
 
Cimino y el guión van acercando el personaje a ese dilema de fondo. No crean, sin embargo, que estamos ante un héroe. Averill mira más que actúa, pese a que ya oye y sabe (en un interior también lleno de personas; la masa parece atraerle) que se prepara una cacería. 
Una cacería contra esos inmigrantes que los terratenientes del ganado suponen (o quieren suponer) que están robando y creando “la anarquía” (concepto que se repetirá varias veces; tal vez haya aquí hasta un componente político). 
Ya tenemos el conflicto planteado. Es fuerte; es importante; es peligroso. Averill es un sheriff de un condado al que esos terratenientes enviarán un pequeño ejército de mercenarios. Cuando acude al club y les enfrenta que ni se les ocurra acudir sin órdenes de detención, pensamos que será el héroe. Pero insistimos. No lo es. Luego, no será consecuente; no tendrá prisa por prepararse. Es como si ya se hubiera rendido, antes de tiempo. Como si ya no fuera ese Averill joven e idealista. Pero es que Cimino y su guión (al menos en la versión que pude ver; creo que hay varios montajes) nos ha dado una elipsis de 20 años. Desde aquel baile de la universidad, al tren y a su papel de sheriff
Es una manera curiosa, indirecta, de ser fiel a una caracterización: Averill ahora es mayor, más cínico. No le falta el sentido de la justicia. Lo que le falta es la fe en el sistema. Perfecto, si hablamos del personaje. Problemático, para una trama. Una solución podría ser una subtrama, aunque ello expone también dificultades. 
La Subtrama del triángulo amoroso entre Averill, Ella (Isabelle Huppert) y Champion (Christopher Walken) crecerá tanto que casi se vuelve el centro del film. 
Nota: A PARTIR DE AQUÍ, SPOILERS
Esto, en lo negativo, en cuanto que desequilibra un poco el conjunto. Ahora bien, al tiempo, aporta ese contrapeso que se iba echando en falta. Ante lo grande, el fresco, el conjunto, … el detalle. El detalle de una relación amorosa que está tratada de una forma muy interesante.
Hemos visto que Champion acude al burdel, y que tiene una relación especial con Ella. Y luego, vemos que Averill llega en el tren con un coche de caballos que, comenta, es para Ella. El espectador ya asimila ese conflicto de la Subtrama. ¿Quien demonios está con Ella? ¿Champion o Averill? ¿Los dos? Esto promete.
Más porque Champion es un vigilante de ganado que ya se toma la justicia por su cuenta (es decir, está con los terratenientes ganaderos). De hecho, su presentación no puede ser más clara, y ahí no creo que acierte Roger Ebert , que considera esta presentación del personaje un error.
“is in several of the initial scenes before he finally gets a close-up and we see who he is.” 
Yo creo que es un acierto. No hay forma más sintética (y visual y poderosa) de presentación quién es Champion que asesinando a uno de esos rusos que ha robado una vaca. Por cierto, una de las imágenes más potentes. No le vemos la cara: Champion dispara y asesina a través de una sábana tendida de la casa del inmigrante. 
Más aciertos: para seguir definiendo a Champion (y sus contradicciones), le veremos insultar a la caravana de inmigrantes… para luego mostrarlo siendo educado e implicado sentimentalmente con Ella. Una inmigrante.
Ella es un personaje imposible para lo que sería el cine clásico, y no digamos ya el western clásico. Madame, prostituta, y con una absoluta naturalidad en la forma en la que se relaciona con sus dos amantes. Naturalidad que reafirma cómo se mueve la actriz con ellos, a veces desnuda. Me gustó mucho ese momento en que, medio desnuda, cubierta con una sábana, sale fuera a ver qué le ha traído de regalo Averill. Huppert está magnífica. Inocente, sencilla, pero consciente de que el triángulo será problemático. Un gran personaje.
Mientras esta relación tiene el ritmo adecuado, es el Trama Principal donde tal vez estén esos fallos. Quizá el espectador de entonces (y también, en parte, el de ahora) aguarda que, cuando se muestra a los villanos de la función, el héroe (aunque sea un anithéroe) actúe de un modo u otro. Pero Cimino sigue preocupado por ese fondo: otra vez un baile, reuniones de inmigrantes, … Y ahí todo se va atascando. 
Si a esto le sumamos que esos villanos se apropian de la bandera americana, que el presidente apoya a los mercenarios y su cruzada, que fue un evento histórico real, y que no hay final feliz, supongo que ya tenemos más señales de por qué los críticos americanos vapulearon Las Puertas del Cielo.
Aquí, otra crítica interesante.