SOUTHLAND: PRIMERA, SEGUNDA, TERCERA TEMPORADA. ANÁLISIS (I)


Por medio de las recomendaciones usuales que leo en blogs o escucho en podcasts, he estado viendo las tres primeras temporadas de Southland, de la cadena NBC en un primer momento, hasta que otra cadena, ésta, no abierta, TNT, se ha quedado con esta ficción.
No he conseguido comprender cuáles son sus virtudes. O, mejor dicho, no consigo que éstas no se vean superadas por diferentes aspectos que encuentro problemáticos, como poco. Y no niego que haya ideas, momentos, escenas y, sobre todo, planos destacables (a ratos creo que Southland está mejor dirigida que escrita). Es decir, hay valores admisibles, si bien han crecido hacia la tercera temporada.
Vaya por delante que asumo que, aunque el nivel de la televisión (de sus ficciones) sea alto, esto no significa que sometamos al mismo rasero a cualquier serie. Eso sí, tampoco ninguna serie nace sin contexto, ni sin antecedentes o antecesores. Y cualquiera quizá deba partir de esta circunstancia para definirse o distinguirse. 
A mí me resulta interesante los motivos por los que una premisa y una ambición tan limitada como la de Southland (como sus resultados; sobre sus intenciones, ya hablaremos y haremos hipótesis) haya tenido este recorrido. 
Primero, empezó con el objetivo de ser mayoritaria, en la NBC. Luego, cuando esta cadena en abierto la descartó, pasó a la TNT; pero sin que, para el que esto suscribe, la serie haya cambiado demasiado en tono o aspiraciones. Puede que la cuarta se atreva al desarrollo de algunas pistas de mejora en la tercera.
Como no es un elemento de fácil evaluación (y tampoco es que tenga mucho peso en las críticas, me temo), obviemos la originalidad. Southland es un policial procedural con un tanto más de adrenalina y afinidad con la realidad de la cámara movida. Nada más. Cuando esto tenía como meta una cadena generalista como NBC (y normalmente, tan poco acertada en elegir ficciones en los últimos tiempos), puede que se entendiera. Lo curioso es que NBC sabe bien de procedurals exitosos, mediante la franquicia Law and Order (Ley y Orden), cuya serie matriz y un derivado como Law and Order: Special Victims Unit (Unidad de Víctimas Especiales) llevan acumuladas un alto número de temporadas.
Claro que se trataba de otros tiempos, cuando los procedurals no tenían tanta competencia, cuando HBO o AMC todavía no habían introducido sus peculiares revoluciones en el medio. Entonces, un procedural no sentía necesidad de una trama general ni de los personajes evolucionaran. Es lo que ha acabó matando a Law and Order: Special Victims Unit. Una indecisión por si cada caso seguía cerrándose, produciendo efectos y reacciones en los protagonistas, pero no evoluciones, o si se creaba un arco de personaje por cada temporada.
Puede que Southland pruebe el camino opuesto, porque aquí todo se dirige a los personajes. Pero en cualquier caso es una apuesta extraña, por incompleta.
Si la serie sigue, digamos, como hipótesis, la vía del cuidado dramático que llevan a cabo “las grandes”, choca con varios problemas. Uno, la levedad de lo narrado. Otro, consecuente con esto, la falta de matices y sutileza para con el retrato de personajes.
Southland se centra tanto en ellos, que, al cabo, el elemento narrativo se pierde. Esto de por sí es interesante, porque puede no quedar tan lejos (y reflejar, por tanto, sus limitaciones) de ese olimpo incuestionado de lo que es la calidad en cuanto a series de televisión. ¿Un caso reciente? Game of Thrones (Juego de Tronos, HBO, 2011).
Esa levedad de la que hablamos puede ser intencionada. No lo sabemos. Southland consiste en una serie de vignettes sin demasiada hilazón, a excepción de los propios personajes y sus vidas privadas. Puede que su intención fuera ésa. Usando sus mismas armas, oponerse a las “grandes ficciones”, y realizar una serie mediana. Aquí no vamos a encontrar un concepto demasiado elaborado como premisa. Desde luego, nadie exige que los policíacos tengan el mismo concepto ambicioso que The Wire. Lo que sí me cuestiono es si no es, cuando menos, necesario que exista algún concepto…
Puede que sea, suponiendo, que la premisa sea esa de una serie que ficcionalice la estética de esos programas reality que siguen a policías verdaderos. Aunque, si la operación iba a ir por ciertos tópicos ya demasiado explotados, no sé si no hubiera sido mejor dejar a esos realities originales.
Puede que sea − supongamos, de nuevo− que estas vignettes pretendan dar una imagen de conjunto. Sin embargo, como tal, es defectuosa. No ya porque esté lejos de la amplitud y el sentido social de The Wire, sino porque sólo se circunscribe a los policías y detectives.
Sea por el ritmo, sea por la amplia cantidad de personajes dispuestos, el hecho es que Southland se distingue de aquel procedural, Law and Order: Special Victims Unit. Con todos sus defectos, aquella serie se fue definiendo por un sentido; un tema o una pretensión. Las víctimas. Hacerlas relevantes, importantes, casi protagonistas.
En Southland, apenas hay ocasión para detenerse en las víctimas. Es lo que encontramos en las últimas temporadas de otro procedural (menos obvio como tal): House. En la serie de Fox, los casos, los enfermos, los afectados, cada vez han tenido menos relevancia. Esto es una dirección lógica; de los episodic plots a arcos de desarrollo de personajes cada vez de mayor peso en cada temporada (normalmente, han sido dos por cada una). Southland, en cambio, ha empezado ya desde ahí. Desde el principio los casos (unos episodic plots) que nunca se han cuidado de que sean significativos. No ya porque no hubiera espacio para las víctimas (esta es una opción tan válida como cualquiera), sino porque nunca gozaron de verdadera dedicación.

Desde el primer momento, pues, parecería que el objetivo eran los personajes. Y esto conduce a una posibilidad: que un objetivo subsiguiente fuera la humanización de los policías de Los Angeles. Que sean comprendidos, que se produzca una empatía con el potencial espectador de Estados Unidos. Bastante conservador, entonces; y en las antípodas de una serie como The Shield, que se atrevía a situarnos del lado de los policías corruptos, y donde había de todo menos corrección política. La serie de Shawn Ryan, de paso, hacía un retrato igual de realista (o más) de las calles de Los Angeles, sin necesidad de toda esa parafernalia técnica de cámaras en ángulos imposibles de Southland. En aquélla, además, ya estaba esa cámara inquieta; lo que prueba, de nuevo, que esta serie de la TNT tiene demasiados antecedentes que no ha tomado en cuenta para distinguirse.

Seguiremos en próximos posts. Veremos los problemas en el tema dramático, y cómo la tercera temporada parece que lidia de maneras menos obvias con ello. 

LIE TO ME: LAS APORTACIONES DE SHAWN RYAN (II)


Sigamos analizando distintos aspectos de Lie to me y lo que Shawn Ryan ha traído a esta serie. Decíamos que la variedad de argumentos había “abierto” las localizaciones y la investigación del doctor Lightman.

Lo curioso es que esto ha pasado a cierto precio: a un “héroe” cuyo poder residía en su mente se le añade aquello que veíamos en otro post: aquel que se enfrenta a “stakes” y situaciones “graves”. No llegamos al “salvar el mundo” de Jack Bauer, pero casi. Por ejemplo, impidiendo la detonación de una bomba en 02×10, Tractor.
En otros casos, la situación se vuelve violenta sin que se llegue a extremos, como en 02×04 (Honey). Lightman, sus empleados y colegas del trabajo, se ven amenazado por un acusado que defiende su inocencia en el asesinato de su esposa. Este hombre entra armado en las oficinas de Lightman, y exige que éste pruebe que no está mintiendo. Un giro, por cierto, que gana con esa violencia en la forma de rodarse, y en el empuje que le da Tim Roth.
Sea sugerencia del actor, del director o una idea de Ryan, Roth se mueve por el escenario, interactuando con los demás de una forma cortante, agresiva, que hace que ellos también jueguen a ese juego. Y no sólo en este capítulo.
La cantidad de golpes que recibe el personaje se ha duplicado o triplicado en la segunda temporada. Lightman ya no es sólo una mente, sino un cuerpo: y un cuerpo que sufre. Aunque parezca poco, este detalle le da una energía muy agradecida a ciertos capítulos.
Cuanto la serie más se aleja de esta nueva impronta, y la trama es más emocional, más nos recuerda a la Primera Temporada. Aún así, incluso en capítulos como Black Friday (02×07) hay momentos que prueban que Ryan (aún) no se había desentendido lo suficiente de la serie. Como cuando Lightman y su compañera descubre una madre falsa y la presionan, invadiendo su espacio físico. O la presencia de Emily, máxima que tal vez Ryan diera a sus guionistas en más de una ocasión: no olviden a la hija.

Cuando se recupera el más usual whodunnit, como en el capítulo 09 (Fold Equity), la Trama requiere la implicación personal del protagonista para un cierto equilibrio. Pero, aún si ésta fuera la intención de Ryan, esas subtramas no acaban de desarrollarse del todo: como la relación entre Lightman y la doctora Gilliam Foster. Y ni con eso, parece suficiente.

Algo similar sucede en el capítulo 14 (React to Contact), donde la indagación en otro elemento del pasado de Lightman es escasa. Funciona por todo lo que no dice (expresamente), porque sugiere más que explica, sobre la relación con su padre. Sin embargo, iluminarnos con más información sobre el backgrounddel personaje sólo adquiriría relevancia si se desarrolla bien en lo dramático, bien en lo narrativo. Y no es el caso.

En el siguiente post veremos aún algunos elementos de importancia en Lie to Me. ¿Qué creen que es lo mejor y lo peor de Lie to Me? Comenten.

LIE TO ME: LAS APORTACIONES DE SHAWN RYAN (I)


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Lie to me me empezó a interesar cuando supe, por este post, que la segunda temporada había cambiado y de manos de un gran guionista y autor. Vistas las tres, es buen momento para un análisis reposado. 

 
Lie to me partía de una premisa que hermana esta serie con House o El Mentalista: un protagonista que es tan experto en lo suyo que su carácter se vuelve poco menos que insoportable. El doctor Cal Lightman y House de hecho comparten una línea que se repite cada cierto tiempo. Tras ver o detectar algo; “Hmm… That´s interesting”.
La única novedad, el posible “gancho”−aparte del aparataje semicientífico acerca de cuánto mienten nuestras caras−, es que Lightman tiene una hija y una ex-mujer, y una empatía diferente para con sus casos. En esto, se opone a House. Lo que le acerca al conocido médico es que la capacidad de éxito de la serie está sobre los hombros del Protagonista y sus manías. Si nos cae bien, si entendemos su humor (nos hacemos fans de sus líneas, como a veces sucede con House) y entendemos sus conflictos, entramos. Si no, imposible. Claro que el actor también tiene su relevancia.
Como siempre, el riesgo de que un actor se involucre en la producción es que sus ideas influyan demasiado. En este caso, Tim Roth ha ido ganando tics y sobreactuación. Es parte de lo que se ha ganado más enemigos que amigos en la crítica bloguera, como vemos aquí.
 Uno de esos momentos donde Roth muestra esa faz chulesca. La imagen no lo capta aquí, pero aparte de la expresión, el actor lo conjuga con un curioso movimiento de hombros. 
Sin embargo, pese a sus momentos exagerados, si uno se fija bien, no desperdicia del todo el equilibrio entre su faceta pública (donde es un exhibicionista; sólo basta ver cómo camina, y mueve los brazos, chulesco) y la privada, donde se controla más, y no es malo con los silencios.
  

Lo más interesante, para mí, de la serie (que no tiene visos de renovar una cuarta temporada; Fox no da una últimamente) es la comparación de la tercera y primera temporada con la segunda: cuando alguien tuvo la idea de incluir a Shawn Ryan.
Este guionista ya debe saber que ha pasado a la Historia de la Televisión con The Shield, y el encargo le parecería un buen desafío. Comparando, a su vez, con The Chicago Code, entendemos que sabe para qué canal trabaja: no es lo mismo Fox que FX, AMC, o HBO.
Y Lie to me es tan sólo una variante del procedural. Una, sin embargo, no exenta de aspectos atractivos. Uno, es el hecho de que no siempre se trata de un asesino o un culpable. Es decir, el esquema del whodunnit no es aplicable en todos los capítulos.
Ryan tiene talento para un elemento concreto: el ritmo, y la fuerza y violencia que le imprime a ciertas escenas. De lo primero hay claras muestras en The Chicago Code (donde se prueba que también sabe crear personajes, con giros y matices en más de una dirección); de lo segundo, es lo que más ha aportado a Lie to me.
Ya desde el capítulo 1 de la temporada 2: de pronto Lightman ataca verbal y físicamente a una chica que le supone un desafío como caso. Sabemos (intuimos) que es un ataque pensado para su Objetivo de descubrir la verdad (otra obsesión que le equipara a House; esa ingenuidad cínica, si es que esto no es contradictorio, en su creencia en la “verdad absoluta”). Y aún así, la violencia ensombrece al Protagonista: para él, el fin justifica los medios.

Escena donde se resume la aspiración del Protagonista. Escena, por otro lado, interesante, por cuanto a quien se le dirige el speech no se espera que Lightman cambie de bronca a apoyo tan súbitamente.

Otra aportación aparente es lo que comentaba Alberto Nahum aquí  y en parte aquí: la variedad. Los capítulos han escapado de esa celda de cristal donde los supuestos mentirosos se enfrentaban al genio de Lightman: se ha trasladado a México (02×03, Control Factor) y hasta a Afganistán (02x 08; Bad Santa).

El propio Ryan hablaba de esto, en esta entrevista:
What’s really fun about a show like ‘Lie To Me’ is you can do many different episodes. You can do some comedic episodes, dramatic, family stuff, government conspiracy
Claro que esta misma variedad de géneros y argumentos disuelve (y no debería) un tanto un posible estilo y hasta un tono concreto. 
En el próximo post veremos más aciertos, pero también sus posibles errores.