8 PLANOS; 8 ESCENAS. CINE 2011


No es un orden que defina méritos. Tan sólo son planos y escenas atractivas, notables, en ocasiones definitorias de la propia película, del guión, o de cómo dirección y guionista se asocian y refuerzan mutuamente. No he visto todo lo que se ha estrenado en 2011, ni siquiera todo lo que se supone que era “imprescindible”, así que la subjetividad se alía con esto: es lo que yo he visto este año. Para bien o para mal. 
1. La boca del lobo. (Hannah, Joe Writgh)
A la espera de leer el guión completo, y de más tiempo para asimilarla, diré que Hannah exhibe un esfuerzo del director por darle empaque a una historia que no va de lo que parece. Esto último la hace decepcionante a veces (aunque tal vez esto sea culpa de los trailers, esa publicidad a veces tan falsaria), pero también sorprendente.
Diríamos que Hannah es una historia sobre cómo los adolescentes se convierten en adultos pero a causa de más de una falla de los que debieran guardar su infancia.
El plano elegido es ejemplo de un buen director. El guión (esta escena sí la he mirado, antes de leérmelo al completo de manera más pausada) sólo apunta a que el personaje sale de la boca de una mina. Tal como vemos, en el metraje esto se transforma. Es un lobo, y allí entrará, más adelante, Hannah a perseguir a su perseguidora. Dándole un matiz que apoya lo que será la transformación final de Hannah, que engarza con el principio. La niña que cazaba como un lobo, a partir de ahora tal vez siga cazando. Matando. Sin piedad.
2. La trastienda del diablo (X-Men: Primera generación, Matthew Vaughn)
Unos buenos actores y una buena dirección puede hacer olvidar (un poco, al menos) los fallos de guión. Sé que esto es casi anatema en la comunidad de guionistas, pero esta entrega de los X-Men lo demuestra. Claro que la cosa luego se pierde (demasiados personajes), y va a menos; aunque no deja de ser la mejor película de superhéroes de este año para mí; muy lejos de cualquiera de las otras. Thor es una broma, en comparación; y el trailer de The Avengers, en mi opinión, anticipa para 2012 de nuevo esa tendencia vista en los Iron Man, y en alguna más: seres de la Marvel que no se toman en serio, y a las que se le añade un humor agradecido, pero ciertamente excesivo.
También es cierto que Magneto ya era, en los cómics, un personaje con mucho potencial, y encarnado en Michael Fassbender, desde luego hace que la película suba en calidad. Tanto como su cambiante relación con el profesor Xavier. X-Men: Primera generación respeta la mitología de los mutantes (y le añade matices y diferencias) y no rehuye el humor; lo que más le pierde es la falta de metraje que impide que los secundarios tomen decisiones coherentes o comprensibles.
La escena elegida es ejemplo de dos cosas: cómo presentar a un “malo” de forma interesante. Y cómo un cambio de posición de cámara puede mostrarnos lo que no veíamos… y darle más matices a la escena.
Kevin Bacon como nazi ya es afectado e intrigante (y lo del disco que suena con Lili Marlen bordea el tópico), pero es cuando vemos la otra pared de su despacho cuando se nos recuerda ese horror del contexto que dábamos por supuesto: el de los campos de concentración. 
3. “Nadie escapa a su propia historia” (Rango, Gore Verbinski)
¿Será que las cuestiones filosóficas emigran y emigrarán desde el cine “adulto” al cine de animación… que también puede ser para adultos? Up, Wall-E y hasta Cars no le hablaban solamente a los pequeños, y en ellas se dan valores e ideas, como ya lo hacía Disney hace décadas. Su calidad, de guiones, de animación, parece que nos hace olvidar que sigue siendo un cine ideológico. Sobre todo esto, habrá que reflexionar algún día.
Rango empieza con unas escenas que se codean con lo existencial, y por algo el protagonista se preguntará varias veces “¿Quién soy?”. Para responderse, como cualquier héroe, a esta lagartija le espera un viaje y el encuentro con nada menos que un espíritu.
Pero uno que no tiene implicaciones religiosas, sino espirituales; eso que tanto molesta a la mitad de la blogosfera de izquierdas estos días.

Hay valores interesantes fuera de nuestra admiración por Pixar, y habrá que prestar atención a esta animación que guste a adultos.
4. La belleza de lo extraño (Monsters, Gareth Edwards)
Dos películas de estética y aspiraciones indies se codeaban con la ciencia ficción esta temporada.  Monsters comparte con Another Earth (Mike Cahill), por eso, más de un aspecto. Guiones al modo minimalista, donde poco sucede, donde el foco cae sobre los personajes, encuentros, desencuentros y esa a veces exasperante progresión retardada, que igual puede acabar haciéndonos odiar a quienes hacen tan poco. O preguntándonos si tanto existencialismo de andar por casa no se saca del plato. 
Coincidencias, pues, para lo bueno y para lo malo. En cambio, Gareth Edwards abraza la ciencia ficción con más interés. Y no olvida que este género, al cabo, siempre ha sido un modo de hacer comentarios sobre la sociedad y el mundo de aquí y ahora. Esta invasión que sucede en off sí tiene efectos en los personajes. Tal vez el final tenga un dramatismo demasiado dependiente del juego del sembrado de la primera escena; pero esta escena que elijo vale por todo lo demás.

Se requiere una sensibilidad especial y un gusto real por lo fantástico para este retrato del “otro” como algo bello y fascinante. Estos seres tan terribles, tan ocultos, están al margen de las maquinaciones de ambos lados de un muro que no separa, al final, nada. Monsters tiene ese aspecto de recordarnos temas más generales (la sombra de District 9 no queda lejos) y hablar de más cosas que esa culpa un tanto monotemática de Another Earth, y ese fondo no es tan estético y sirve para más; por eso tal vez supere una a la otra.
5. Everything is gonna be ok…” Código Fuente (Source Code, Duncan Jones)
“Somewhere”, por lo menos. La ciencia ficción tiene poco espacio en el cine, al menos la que se toma en serio. Curiosamente, el tema que esta frase recurrente (en un film donde toda la acción es recurrente) indica es de un optimismo inusual en este género, al menos en su vertiente literaria. Los fanáticos del raciocinio imagino que se escaldarán con una historia que trata la ciencia y, sin embargo, apunta a esos “sentimientos” positivos que probablemente les suenen a espiritualidad de baratillo. Peor para ellos. Source Code es un guión muy efectivo, donde cabe la emoción, el suspense y hasta esa reflexión hacia el optimismo. No es poco. No, cuando sabemos desde tan pronto qué va a suceder, y, sin embargo, seguimos observando atentos.
6. La mano de lo desconocido (Insidous, James Wan)
Por supuesto que el terror, como cualquier género, admite diferentes tipos de realización, y ahí están Rec o Paranormal Activity (aunque ni superen, ni parezca que quieran mirarse o admitir su origen; The Witch Blair Project). Cámaras al hombro, coqueteo con la estética televisiva como forma de hacer “realista” lo terrorífico… Caminos interesantes.
Pero de lo visto este año (y en bastante tiempo) son algunos planos de Insidous los que más arriesgados me han parecido. No me alargaré porque mi análisis puede leerse aquí. Sólo diré que este plano replantea esa vieja pregunta: si podemos, debemos y cuánto mostrar al monstruo para producir miedo.
7. Hago más que contártelo. El topo (Tinker, Taylor, Soldier, Spy, Thomas Alfredson)
En un guión de una complejidad llamativa, donde el flash-back se antojaba imprescindible, no todas las historias que alumbran el misterio de quién es el topo siguen el mismo camino. Y es ahí donde Gary Oldman se crece, donde se esparce lo suficiente para que la mitología en torno a George Smiley cobre fuerza; tanto que casi se anticipa que puede haber más películas que retomen a la creación de John Le Carré.

En proceso de lectura del guión (aunque cualquiera sabe qué versión exactamente), adelanto que éste es más claro (más clásico, si se quiere) que lo que luego se muestra en pantalla. A ratos, el montaje de Alfredson empeora el guión; pero en otros instantes, la aportación del director añade y mejora lo escrito.

Por ejemplo, esta escena. Smiley (nos) cuenta su encuentro, hace veinte años, con su némesis, Karla. 

Y mientras lo hace, durante unos segundos, simula ante una silla vacía (que se incluye abriendo un tanto el plano) lo que le dijo a aquel ser que el film no muestra nunca. Luego, Thomas Alfredson cambia el plano a uno del rostro de Smiley. Donde intuimos el efecto de aquella conversación que en verdad sólo fue monólogo. Porque Karla era y es un fanático; y Smiley decía más en serio de lo que él mismo creía que apenas cree ya en su bando.

8. “Te quiero… pero mira quién soy”. Drive (Nicolas Winding Refn)
No sé si este protagonista puede asumirse a adjetivos como samurái; no tengo claro que el sendero hacia esta clase de tipos duros sea a través del western, y más bien me parece que viene de aquellos detectives duros y cínicos de la literatura negra. 
El hecho es que Nicolas Winding Refn es capaz de guiños a los ochenta (aunque los temas musicales a veces no se inserten en el mejor momento), rodar a ratos con estética de vídeo-clip o publicidad, y, otras, de formas más similares al cine comercial (la estupenda escena del primer robo). Y luego, insertarlo todo en un tono minimalista. No está mal. Pero si hay una escena que define el extraño comportamiento de un protagonista, al que los escasos diálogos (a veces, como signo de estilo, un tanto forzado) tampoco ayudan a comprender, es la del ascensor. Estoy de acuerdo con lo que comenta la crítica de Estado Crítico (están en obras en TCM, así que no puedo incluir el enlace de dicha crítica en concreto): este personaje sin nombre es la contradicción andante, capaz del amor y la ternura, y de la violencia más aparatosa. Drive no es la gran película que muchos indicarán, pero es un hallazgo, por todo esto, y por alguna cosa más.
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CAMINOS PARA LAS ADAPTACIONES DE SUPERHÉROES


Ahora que he visto Iron Man 2, y he revisado Iron Man, se me ocurren unas cuantas reflexiones. Algunas de ellas proceden de que ando leyendo muchos números de Batman. 
Empecemos por lo obvio. Es tan complicado adaptar un cómic al cine como cualquier otra obra.
El escollo que se pensaba principal estaba en el aspecto técnico. Sin el desarrollo del CGI, no veríamos un Spiderman lanzando sus redes entre edificios con credibilidad. Bien. Lucas empuja y Industrial Lightand Magic nos trae Parque Jurásico (Jurassic Park, 1993). Unos años, y sería posible Spiderman (2002). Y aquí que llega la contradicción: los efectos generan tantos gastos, que los presupuestos se disparan. Las productoras desean directores manejables; hábiles y fiables, pero, sobre todo, manejables. No sé si lo recordarán pero James Cameron era un candidato a dirigir aquel film, y hasta tenía un guión. Por supuesto, el problema principal fueron, en ese momento, los derechos. Sin embargo, parece significativo que, cuando aquello se resolvió, nadie volvió la mirada a ese guión. Al parecer, una historia más cerca del que sería el Batman de Nolan. Pero no.
Prefirieron a Sam Raimi; un Raimi, por otra parte, adocenado, y lejos de esa dirección alocada (y divertida) que tanto le caracterizaba. Luego, el producto estaba listo: Spiderman hizo una magnífica cuenta de resultados. ¿Que el guión era infumable? ¿Que no había apenas un detalle interesante en la realización? No importaba.
Las películas de superhéroes siguieron esa pauta. Grandes presupuestos, con directores que no tenían por qué dirigir las escenas de acción. Ésas, para una segunda unidad que sea competente, y unos chicos de las empresas de efectos, que sepan incluir lo que se necesite. Visto así, ya no es tan absurdo que optaran por Tim Story para Los Cuatro Fantásticos (2005). Venía de hacer comedia “independiente”, pero, con un buen equipo de producción, y con su única responsabilidad en dirigir actores, ¿para qué más?
Esto implica que lo que será interesante estará, justamente, entre escena de acción y escena de acción. Para eso, la historia, y los posibles subtemas que trate, deberán de ser estupendos. Y si el guión no lo fuera -en una primera versión- entonces se requiere un buen director, con personalidad, que oriente dicho guión.
Obviamente, Sam Raimi no encaja en ese perfil. Para que Spiderman 2 (2004) tuviera una cierta entidad como historia, hubo de venir nada menos que un escritor: Michael Chabon. Y, aún con todo, también andaban por allí los creadores de Smallville, que parece probable que aportaran esa mitología del superhéroe hecha diálogos; basta ver algunos capítulos de la serie de televisión (antes de que estos, sus creadores, la dejaran, claro) para que encontremos similitudes entre esos discursos que sueltan uno de los padres del futuro Superman y lo que le comenta la Tía May a Peter Parker en Spiderman 2.
 
Ahora que me pongo al día con cómics, como decía, confirmo que esta plaga discursiva y retórica también puede que venga de aquí. Quién sabe. A lo mejor, desde que se alaba a los autores “serios” del noveno arte, el resto cree que incluir literatura (mejor dicho, una percepción peculiar de lo que es literatura), muchos han querido emular a Moore o a Miller. De hecho, parece que el guión de James Cameron también usaría mucho el recurso a la voice over (aunque yo no lo aseguraría hasta leerlo, aquí ). Y así nos va. No hay nada más insoportable de Sin City (Robert Rodríguez, Frank Miller y Quentin Tarantino, 2005) que esa voice over continua, entre la de un narrador, y la que te da acceso a los pensamientos de los personajes, que, a mí me da que busca modelos literartios en la novela negra.
Curioso, por dos motivos; uno, porque gracias a la posmodernidad, se empieza a cuestionar que Chandler y similares sean autores tan “grandes”; y otro, porque, aunque esa literatura fuera buena literatura, una cosa es mirar a ella, y otra cosa es imitarla bien. Escuchen un poco de este extracto de Sin City. Y no me digan que, a ratos, no les da la risa con algunas líneas.
Luego, Raimi tuvo más control con Spiderman 3. Tras asentir con la cabeza a todo, supongo que esta vez pidió más control. Y ya ven. La película se va por unos derroteros, que va de lo más clásico a esos momentos “suyos” a lo Posesión Infernal, quedando como exasperante o ridículo por momentos.
 
Jon Favreu tampoco es un director con personalidad. Por tanto, su aportación a la saga de Iron Man es y será casi anecdótica. Un bloguero apuntaba que incluso se contó con un buen dibujante para diseñar las escenas en Iron Man 2. ¿Sirvió para algo? No. Nada nuevo.  
O esperen. Maticemos. Sí que se vislumbra un posible camino en las dos películas con Tony Stark como protagonista. O sea, sí hay un resquicio de decisión del director (aunque yo diría que muy de acuerdo con el actor). Por una parte, se prefiere un enemigo y una trama que expulse los elementos fantásticos. Favreu reconoce que se consideró que el nacimiento de Iron Man en pantalla incluyera a El Mandarín. Pero se pensó que era “demasiado fantástico”. ¿Se encaminan las historias de super héroes con un marco realista, donde Tony Stara actúa y se relaciona con guerras y situaciones que el espectador puede considerar como plausibles? Puede ser, aunque la noticia de que El Mandarín volvería a Iron Man 3 vuelve todo más complejo. 
¿La otra decisión relevante? Tal vez para distanciarse del “modelo Nolan”, Favreu reconstruye a Tony Stark como un personaje con posibilidades para la comedia. Según leo aquí, el personaje de cómic ya tenía muchas de las características del film, aunque la opción de los dos films es exagerarlo. Yo, a ratos, creo que es parecido a la interpretación de Downey Junior del nuevo Sherlock Holmes. Una mezcla de geek excéntrico y adulto con complejo de Peter Pan; ambas características relacionadas con algo obvio. Su incapacidad para relacionarse con mujeres. Pero no se equivoquen: no hay mucho de autocrítica aquí. Es decir, no es que se nos muestre así para que cuestionemos eso de los superhéroes.
  
No. La estrategia es para que caiga bien a la mayor audiencia posible. Con estos mimbres, poco puede colarse de un conflicto más profundo, como pudiera ser la sombra del padre (tangencialmente tratada en Iron Man 2) o esa tendencia a la autodestrucción mediante la bebida que se entreve, pero que no adquiere la fuerza que tenía en la serie de cómics del personaje cuando éste se hizo para audiencias más adultas.
 Otra cuestión destacable es que ese fondo de actualidad que otorga “realismo” (en el sentido más clásico) acaba por contradecirse, con un enemigo de la antigua Unión Soviética, y una venganza personal que no tiene mucho de política, además de un enemigo “secundario” muy bien escrito en ese sentido de la comedia (y el actor, Sam Rockwell, está estupendo, sin duda) pero que acaba por diluir al héroe, por contraponérsele oponentes tan poco inteligentes.
Resumiendo; Tony Stark/Iron Man es un tipo simpático, por irresponsable, narcisista, y “genio” de la ciencia que, para colmo, necesita un deux machina (S.H.I.E.L.D) que le salve la vida, y que gana porque sus enemigos son poco menos que caricaturas.
Yo no le veo similitud alguna al personaje de cómic que, por ejemplo, participa en la saga Civil War, de Marvel. ¿Estrategia válida? Sin duda. Las adaptaciones necesitan libertad de sus modelos. Pero es triste que no se consideren casi ninguna de las posibilidades de los superhérores cuando, ahora que leo y leo, tiene números y números, y autores y autores, que aportan, en cambio, variaciones en el personaje y hasta el estilo visual.

Y AÚN, UNA COSA MÁS SOBRE SUPERHÉROES EN CINE


Porque hay que ser justos, y no todo en la blogoesfera se limita a opiniones encontradas de “bueno” o “malo”, les coloca aquí dos enlaces que hacen un análisis bastante diferente de la película Iron Man.

Aunque no estén de acuerdo, es posible que les deje al menos la sensación de que siempre se puede ver un tanto más allá, hasta en el cine de consumo.

http://elrinconalvysinger.blogspot.com/2010/05/el-superheroe-como-marca.html

http://thehardmenpath.blogspot.com/2010/05/disney-compra-marvel.html

UNA COSA O DOS SOBRE LOS SUPERHÉROES (EN CINE)


Ahora que se estrena Iron Man 2, encuentro por la blogosfera la usual rencilla entre opiniones, desde los que defienden el “entretenimiento puro” (habría que reflexionar qué significa esto, exactamente) y los que la machacan sin piedad como producto de consumo. Tal vez sea una extensión lógica de una especie de guerra intergaláctica entre los seguidores de los cómics (o más bien de un tipo de cómics, los de Marvel y afines), a los que se engloban dentro del apelativo de “frikis” y los “estupendos”, los de cine de arte y ensayo, los denominados “gafapastas”.
Siendo guionista, tal vez debería ser tan ingenuo como para indicar que lo que cuenta es que haya historia, conflicto y personajes en una película con super héroes, como necesitarían tenerlo, no sé,  un film con marcianos, asesinos o señoras en bata.
Pero pienso que la cosa es un tanto más compleja. Primero, porque en Hollywood, el guionista nunca es libre, y suele adaptarse a lo que le va pidiendo el director. Segundo, porque, por el camino de qué superhéroes la industria dice que necesitamos (o que demandamos), se cuelan estéticas y éticas que no sólo atañen a la historia.

 Los personajes de la versión adolescente. Serie de televisión Spectacular Spiderman.
Veamos. La saga de Spiderman en el cine se ha ido al garete. La nueva Marvel, adquirida por Disney, prepara una nueva franquicia que empiece de cero. Se habla de llevárselo todo más hacia el Spectacular Spiderman, la serie de televisión de dibujos animados, a su vez, inspirada a ratos en la serie Ultimate del héroe. Esto del Ultimate es una idea del 2000, una “reinvención” de los de la editorial de varios de sus personajes, desde el principio. En el caso de Peter Parker, eso implica que sus aventuras se circunscriben al instituto, como adolescente que, a tiempo parcial, lucha contra villanos, también “nacidos” en circunstancias muy diferentes a los cómics originales.

No veo conclusiones sencillas. Si el objetivo es la taquilla, diversas pruebas apuntan a que no es un camino tan seguro. Veamos. The Dark Knight ha recaudado 533 millones de dólares en todo el mundo. La propia serie televisiva, en cambio, ya ha suspendido su emisión. Puede que justo por la compra de Disney de Marvel. Se comenta que volvería a emitir una serie de animación, sólo que esta vez, ya directamente basada en la serie Ultimate. Por el lado de los cómics, una de las series más reverenciadas y repercusión fue justo la que tuvo a un Spiderman de treinta y muchos que se enfrenta a problemáticas de adulto: aquellas historias de Joseph Michael Straczynski. 

Puede que el éxito de Crepúsculo haya hecho pensar en que el público adolescente siempre es el que llena las salas. O puede que Marvel, como temíamos muchos, se haya de adaptar al tono “blando” de la Disney.
Pero nadie sabe nunca lo que va a triunfar. La primera de Spiderman, sencilla, a ratos simple, y no muy interesante en lo visual, tuvo éxito. La segunda, más pensada, mejor guión, un malvado mejor, tuvo aún más éxito. La tercera, indefinible, dando lugar a lo peor de Sam Raimi (y mira que este tipo posee muchas virtudes) tuvo mucho más éxito aún.
¿Entonces? Nadie sabe. Nunca. Qué va a triunfar.
En cuanto a la polémica, me fijo en este post, y me río. Tiene parte de razón. La opinión de los demás nos afecta. Parece que para la justificación de nuestro gusto cinematográfico requiere de que desprestigiemos y vilipendiemos el del otro. Si te gusta Iron Man, tienes que atacar a los “gafapastas”, los “intelectualoides” (los posts de este tipo son un tanto repetitivos, demasiada saña para ocultar lo que haya de ocultar). Si no te gustó The Dark Knight, pero oyes que hasta los críticos serios la ensalzan, tienes que burlarte de los frikis. En el mejor de los casos, si te gusta, no degradas a nadie. Eso sí, aún así se cumple lo que afirma el compañero “Escrito por”: vean aquí un ejemplo de cómo alguien sabe verle los errores a Iron Man 2, y, con todo, se los perdona. Al final, nos gusta lo que nos gusta, y sólo somos intransigentes con lo que no.
Sea como sea, no es probable que estemos ante un film que se  el culmen de la degradación de Occidente. Ni tanto ni tan calvo. Hay matices. Aquí, un bloguero busca un punto medio interesante para Iron Man 2
No podemos despistarnos del todo, con la aplicación de que un tratamiento “adulto” hace, de modo automático, una buena película (o un buen cómic). Soy admirador de Nolan. The Dark Kight me parece muy lograda. Pero reconozco que el viraje hacia el realismo no conduce necesariamente a resultados óptimos.
Si conviertes Gotham en Chicago, y no Chicago en Gotham, se pierde un potencial visual tremendo. Ahora nadie se acuerda, pero el Batman de Burton entusiasmó a muchos. ¿Por qué? Porque era pop. Porque era pop oscuro. Porque era pop divertido.
Aquella Gotham era mucho más interesante: aquella arquitectura, ¿recuerdan? Y aquel Joker era “menos realista” pero tal vez más cercano al cómic. Y Batman Returns ya era el delirio…

Al menos, Nolan nos ofrece, a cambio de sacrificar la imaginación (en las imágenes), una historia “seria”. Jon Favreu comenta que descartó para Iron Man usar un archienemigo como el Mandarín, por ser “demasiado fantástico”. Hombre, claro: un señor que vivió en la China Imperial, y que resucitaba, buscando anillos mágicos…  Y, por supuesto, un millonario con una armadura que vuela por ahí es realista. ¿Ven? Mal camino o camino ingenuo, cuando menos, ése de sacrificar el elemento fantástico. Porque, por desgracia, a cambio Favreau no ofrece ni un guión interesante, ni siquiera algo medianamente original en lo visual.

El Mandarín
Fíjense a qué hemos llegado. ¿Se puede adaptar un cómic y ser “poco visual”? Pues ya ven: se puede.
El detalle ha sido enterarnos de que los que preparan otra de Superman utilizarán a Nolan de asesor. Interesante. Superman tiene muchas más versiones que ese lugar común que afirma que es un super héroe “demasiado perfecto”. DC ya le dio vueltas al personaje; lo recreó, lo cambió, lo hizo menos ingenuo…

Pero aún así, los productores no se fían. Prefieren a Nolan. ¡”Haznos un súper héroe “adulto”! o ¡Haznos uno que sea verosímil!” Interesante, digo. ¿Será que ya nadie cree en héroes? ¿Ni siquiera en Estados Unidos? Vaya, qué lejos estamos de los tiempos de Indiana Jones o John McClane. Corre malos tiempos para los héroes… “inverosímiles”.

Un punto intermedio, o, quién sabe, un punto incluso fuera de la ecuación es Watchmen. Absorbe tanto el cómic, que tal vez se pierda. Pero, al tiempo, no desperdicia el carácter visual del cine, ni lo fantástico, y nos proporciona imágenes que cuentan una historia.
Los críticos quizás, por eso, no sepan a qué carta quedarse con la película de Zack Snyder. Fantástica pero violenta, y “seria”. ¿Cómo le hincamos el diente?