LIE TO ME: LAS APORTACIONES DE SHAWN RYAN (IV)


 

En esta breve entrevista se toca un tema clave: ¿habrá “love interest” entre estos dos personajes? Y vean la respuesta.

Y ahí está el posible origen de cómo se ha desinflado la temporada: cierta indecisión para con las evoluciones de los secundarios, o su relación con Lightman. Algo que, por ejemplo, en House nunca permitieron: allí se han preocupado de que todos tengan sus momentos, sus conflictos, sus miserias (aunque hay un gusto por Taub en la séptima temporada que desequilibra un tanto). Y que se organicen de forma que crezcan, y no sean cosa de una (única) subtrama episódica.

Si se requiere (nunca supe por qué habría de serlo) una subtrama en un capítulo, los personajes que la protagonizan y el conflicto que la define tendrán que sostenerse, evolucionando, en próximos episodios.

Si de veras se va a explorar la relación personal entre Lightman y Foster, ¿por qué no se aborda nunca del todo? Cuando Lightman tiene ocasiones para flirteos o relaciones, Foster, si expresa algo, es demasiado sutil; y lo mismo pasa con él para con la relación de Foster con un hombre en el capítulo 18 (Headlock). Tan sutil que nos hace sospechar que simplemente no está ahí; ni celos, ni preocupación. Nada.

Tanto es así que el capítulo 20 (Exposed), el hombre con quien ella está teniendo la relación (que los embarca a ambos en un caso) saca el tema a colación. Como espectadores, tal vez hasta lo celebremos. ¡Por fin! O nos mostremos descreídos. ¿Ahora? ¿De pronto? No importa. Lightman sigue enfocado en su caso, y no deja que nada le afecte.

Como parte de su carácter, podríamos admitirlo. Pero hasta a House, ciertos momentos mostraban lo que le dolía (normalmente, a solas). A Lightman, no se le permite ni esos planos en soledad. Apenas, un poco al final del capítulo, anticipamos que sí comprende que esas formas que expresa en público (su “papel” exagerado) y su desconfianza (nadie dice nunca la verdad) es lo que tal vez le haga quedarse solo. Siempre.

Ni siquiera cuando en el capítulo 19 (Pied Piper) surge una trama que bien podía haber profundizado en la herida: un acusado que tal vez estimó como culpable, sin serlo. Todos a su alrededor suponen que la muerte de dicho preso ha de tocarle de algún modo. Todos hablan y expresan esa preocupación. Lightman no tiene ningún instante de reflexión. De culpa. De duda. Lo que se “sembraba” en el 8 o en el 12 parece que se ha desvanecido.

Es similar a lo detectable en El Mentalista (The Mentalist, CBS). Por muy Protagonista y experto que sean, necesitamos verle fallando. Que algo de cómo afronta los casos, los investiga, falle en algún momento, para que dude, para que tema, para que se (re) plantee algo. Como se comenta aquí:

“while it’s interesting to see the frequently life-risking lengths Lightman will go to in order to prove that his theories are correct, the result is that the show’s a little too perfect. House may inevitably get the correct diagnosis, but he’s usually wrong along the way.”

Ryan parece que, una vez sugerida la deriva más enérgica, no se ha preocupado de que primen esas evoluciones sobre la variedad de argumentos. Como mucho, logra que muchas de esas tramas episódicas involucren más a los secundarios, como sucede en el 16 (Delinquent), donde el caso implica que Torres afronte su relación con su medio hermana. Pero cuando la trama hace que Foster choque con una situación de peligro, nos preguntamos: ¿para qué, si de todas formas, esto no influye (no demasiado) en esa relación de ella con Lightman?

La variedad de argumentos (en busca tal vez de esa apertura a otras localizaciones, fuera de la “jaula” de Lightman) conviene a las Tramas Episódicas, pero complica la continuidad en la evolución de los personajes. Facilita la sorpresa de una semana para otra (¿con qué se enfrentará esta vez Lightman?) pero nos distancia del elemento emocional.

Después de capítulos tan potentes como el 12 (Sweet Sixteen, el que la mayoría de críticos han alabado), una historia como la del 13, donde todo tiene un tono más ligero (y donde Roth se desata con todos sus tics, y esa interpretación que casi lo identifica como un borracho) nos “rompe”. Acabábamos de recibir más sobre el pasado del Protagonista, había visto una faceta diferente de Lightman (algo sembrado y vislumbrado también en el 02×08), y la temporada, en cambio, camina por otras veredas.

Y nos roba nuestra expectativa de saber cómo lleva Lightman ese contacto reciente con su pasado y su probable culpa.

El momento del juicio con Lightman de testigo perito (capítulo 13) resume todo lo bueno y todo lo malo de la interpretación de Roth.

En todo caso, este análisis puede completarse o complementarse con más ideas y perspectivas. Para eso tienen ustedes los comentarios. ¿Qué creen que es lo mejor y lo peor de Lie to Me?

LIE TO ME: LAS APORTACIONES DE SHAWN RYAN (III)


Continuemos analizando Lie to me y los aciertos y posibles errores de la Segunda Temporada.

Si decíamos que el cuerpo del doctor Lightman sufre, y mucho, su mente, su psique, también recibirá más de un golpe. Bien porque la segunda temporada ya lo iba exigiendo, bien por iniciativa del propio Shawn Ryan, algunos capítulos nos aportan más información sobre el pasado del personaje. En este sentido, los más interesantes son Secret Santa y Sweet Sixteen. Y lo son por aquello que decíamos.Porque, a diferencia de otros capítulos (donde el pasado es sólo para aportarnos información no siempre relevante), ofrendan un background que genera emociones en el comportamiento actual (elemento dramático) y acciones y situaciones en el capítulo concreto (elemento narrativo).
En el caso de Sweet Sixteen, se conjugan los aspectos probablemente aportados por Ryan. Tenemos una trama episódica con riesgos más “fuertes” (de nuevo, bombas); una trama que, a su vez, se relaciona con el pasado del Protagonista, dándonos acceso a nueva información. Y, también, dicha trama influye y hace que evolucionen los personajes. Porque en este capítulo, Lightman descubre que Foster puede que le mintiera en un instante de ese pasado.
Ryan percibió el potencial de los personajes alrededor de la vida de Lightman, y su acierto se demuestra en que es un aspecto que la Tercera Temporada tampoco descuidó, llegado el momento. Por ejemplo, la relación, divertida, protectora, extraña −todo a la vez− con la hija. Hay más de una Trama episódica que trae a Emily muy cerca de los casos: en el 02×03 incluso interrogan juntos. Por supuesto, la familia siempre es un punto débil, y una buena fuente de conflictos. Por eso, Emily estará cerca de los problemas más de una vez.

Más arriesgado (y divertido) es cuando ella se prueba una adolescente un tanto diferente de las ficciones usuales. Como sucede en el capítulo 02×17 (Bullet Bump) donde la subtrama nos convence incluso de que es capaz de una relación con un compañero de su padre.

Como el riesgo no puede ser siempre (no sería verosímil; Lightman no es un policía) para con su propia vida, la variedad está en que el peligro rodee a los que le rodean a él. De paso, esos capítulos pueden darle al secundario en cuestión la oportunidad de ofrecernos más sobre su personalidad. Así sucede con el agente Reynolds en el capítulo 6 (Lack of Candor).Sin embargo, acaba siendo más bien un recurso narrativo, aceptable, pero no dispuesto a que importe de veras en las evoluciones de dichos personajes. En el mejor de los casos, los ayudantes de Lightman quedan desdibujados aunque sabemos algo más sobre ellos. En el peor, el recurso se nota demasiado, y es predecible. En el capítulo 2 (Truth or Consequence), es Gilliam Foster quien no toma distancia del caso que le encargan; en el 11 (Beat the Devil), es Eli Loker el que toma postura. Y todo, para que, en cada capítulo, cada uno tenga con quién expresar y chocar sus respectivas posturas. Y tampoco resulta muy verosímil que Loker, el usual geek conspiranoico, sea tan blando con la secta religiosa en dicho capítulo 2.
En todo caso,  ¿qué creen que es lo mejor y lo peor de Lie to Me? Seguiremos analizando en próximos posts.

GUIONECES: UNA SUBTRAMA Y UNA ESCENA. EL MENTALISTA. 4×11


El Mentalista, serie de la cadena CBS, nunca me atrajo. El personaje principal, Patrick Jane, posee cierto encanto. Pero me resultaba inverosímil y hasta molesto que este colaborador “civil” del CBI más que ayudar resuelve él solo todos los casos. Demasiado inteligente; demasiado perfecto. House, es verdad, también es muy inteligente; pero él resuelve casi todos los casos, y no sin antes pasar por un buen montón de decisiones erróneas. Y, al fin y al cabo, él es el genio en su equipo de diagnóstico. Patrick Jane es un advenedizo que sabe más de calar y atrapar delincuentes más que cualquier policía. 

Aparte, el seguimiento de cualquier serie en La Sexta es una tarea muy ingrata. Como con Bones, el desorden en que emiten los capítulos prueba que tienen poco de “Serial Lovers”. No porque la mayoría de los capítulos (en ambas series) sean stand alone episodes (es decir, casos que empiezan y acaban) eso significa que no existan tramas en cada temporada.
En el caso de El Mentalista, el ejercicio más útil puede ser buscar en el imdb qué capítulos tratan el tema de John el Rojo. Es la trama que guía toda la serie; si Patrick consigue atraparlo o no. Por algunas ironías de las terminologías del guión, su aparición en dichos episodios son subtramas, donde la trama principal es ésa de stand alone episodes, y la subtrama, un avance, un desarrollo, una progresión en la trama de John el Rojo.
De este modo, uno, más o menos, puede ponerse al día de por dónde va esa historia, sin tener que tragarse todos esos capítulos que, en verdad, no mueven demasiado el ambiente, los secundarios o la actitud del protagonista.
No he cambiado mucho de idea respecto a la serie. Sufre de la misma problemática que Castle o que, a ratos, Fringe y House. 23 capítulos por temporada son demasiados, y, para colmo, cuando la historia ya ha adquirido relevancia y dramatismo, no puedes “detener” el ritmo de la serie incluyendo capítulos prescindibles.
Y, sin embargo, he aquí que siempre pueden sorprenderte. No puedo confirmarlo del todo, pero diría que Bruno Heller, el creador de El Mentalista, arriesga un tanto más que, por ejemplo, Castle. Ese porcentaje de diferencia se da en que en Castle apenas hay continuidad de veras: a medida que pasan esos stand alone episodes nos preguntamos cómo es que Castle y la inspectora olvidan lo sucedido en los capítulos clave.
No está sucediendo exactamente eso en la última temporada de El Mentalista. El capítulo 4×11 prueba que aún hay espacio para que la historia evolucione de formas interesantes.
La trama de la que hablo es la siguiente, sin dar spoilers (a no ser que no hayan llegado a esta cuarta temporada): una agente del FBI sospecha que John el Rojo sigue vivo, lo cual preocupa a Patrick y a Lisbon, los únicos que saben que esto es más que probable. Patrick se defendió de una acusación de asesinato en el primer capítulo de la temporada alegando que había matado al John el Rojo. Por tanto, si se desvelara que mintió (y lo hizo, a sabiendas), muchas miradas no buscadas se posarían sobre él. Aunque lo que más le inquieta es que John el Rojo puede asesinar a la agente federal si nota que ésta se le acerca demasiado.
Esto origina dos conflictos, por fin, en el protagonista. Por un lado, Lisbon le acusa de que su mentira puede llevarle a extremos poco éticos. Esto se agrava cuando ambos confirman que alguien está acosando a la agente del FBI. Si Patrick pone mucho empeño en convencerla del peligro que corre, ella confirmará sus sospecha de que es John el Rojo a quien está poniendo nervioso.
Y por eso Patrick idea una forma alternativa: una que origina otro conflicto mucho mayor, por cuanto es interno. Por una relativa casualidad (que no me pareció tan inconsistente, por sucesos ocurridos en capítulos anteriores), Patrick tiene una ocasión de inventarse la identidad del asesino que busca la federal. Para convencerla de que no es John el Rojo, buscará otro que encajaría, por las circunstancias de su última víctima.
Con estos mimbres, es improbable por no decir imposible que la trama del caso correspondiente en este capítulo nos importe un comino. Lo que nos importa es esta subtrama.
Y nos importa cada vez más, porque Patrick hace cosas muy cuestionables.
En una escena, entra en una sala de autopsias, y se las ingenia para imprimirle a una supuesta arma de ese último crimen de John el Rojo a un muerto. Pero no es cualquier muerto. Y Patrick lo sabe. Y es lo que detiene uno segundos, antes de salir de la sala una vez ha hecho lo que venía a hacer. Por cómo mira al muerto, entendemos que, además de estar realizando estas acciones cuestionables, Patrick es consciente de ello. Eso le da una profundidad al protagonista que no se suele ver en muchos capítulos de El Mentalista.
El hecho es que esto se reverbera y amplifica en la escena final. Patrick acude al entierro del muerto, al que, finalmente, ha conseguido ofrecerlo como el autor de ese asesinato que la federal creía como de John el Rojo.
La esposa lee una carta que se supone que dejó el fallecido a su familia. Sólo que, como espectadores, nosotros hemos visto (pero no se nos ha explicado, y esto ya es un merito) que esa carta la ha falsificado Patrick. La lee, primero la esposa y luego (al venirse abajo y no poder continuar) el propio Patrick (un hallazgo). Lisbon, que también está presente, escucha las palabras de Patrick, que se supone que son del muerto… pero que ella detecta poco a poco que son las suyas. Y entonces Lisbon intuye todo lo que ha sucedido: toda la serie de manipulaciones y el aprovechamiento de una circunstancia trágica para colgarle un crimen a un muerto.
La federal también asiste al entierro, y tiene unas palabras con Patrick y Lisbon. Donde también sospechamos que no se cree del todo lo sucedido. Si no quieren muchos spoilers, sáltense estas imágenes donde se refleja el diálogo.
Por supuesto. Y lo hemos comprobado durante todo el capítulo.
Hay posibles críticas; por ejemplo, los insertos que son flash-backs de cómo Patrick ha manipulado el caso no son necesarios. Y, desde luego: un capítulo logrado no salva una serie.
Como House, cada vez que la dirección de la serie parece oscilar hacia territorios más complejos, un capítulo, el de la temporada siguiente, resuelve todo de manera rápida y sencilla. En ese sentido, el principio de la octava temporada de House se asemeja mucho al de la cuarta de El Mentalista: ambos protagonistas acaban en la cárcel. Pero el giro es aparente, y tiene más de estrategia de llamada de atención (para las promos) que una necesidad narrativa que se persiga y con la que se sea consecuente. House sale de la cárcel en el segundo capítulo; Patrick en este mismo primero. De forma más inverosímil y alambicada en este segundo caso. 
Estos finales de cliffhangers excesivos está en la peor de las tradiciones de los seriales. Sí, aquellos seriales que terminaban con el protagonista a punto de ser devorado por leones o de caer por un precipicio, un cliffhanger exagerado, mediante el cual forzaban al espectador a ver el siguiente episodio… donde el protagonista salía de la situación sin mayor dificultad.
Steven Moffat se está especializando en este tipo de finales fáciles, en Doctor Who, pero también en Sherlock (y hablo menos del final de la segunda temporada que de la primera). Como elección de narrativa de saldo, iguala a uno de los incuestionados con una de las series “de segunda”, como es El Mentalista. Ya ven que no todo es lo que parece.

LIE TO ME: LAS APORTACIONES DE SHAWN RYAN (I)


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Lie to me me empezó a interesar cuando supe, por este post, que la segunda temporada había cambiado y de manos de un gran guionista y autor. Vistas las tres, es buen momento para un análisis reposado. 

 
Lie to me partía de una premisa que hermana esta serie con House o El Mentalista: un protagonista que es tan experto en lo suyo que su carácter se vuelve poco menos que insoportable. El doctor Cal Lightman y House de hecho comparten una línea que se repite cada cierto tiempo. Tras ver o detectar algo; “Hmm… That´s interesting”.
La única novedad, el posible “gancho”−aparte del aparataje semicientífico acerca de cuánto mienten nuestras caras−, es que Lightman tiene una hija y una ex-mujer, y una empatía diferente para con sus casos. En esto, se opone a House. Lo que le acerca al conocido médico es que la capacidad de éxito de la serie está sobre los hombros del Protagonista y sus manías. Si nos cae bien, si entendemos su humor (nos hacemos fans de sus líneas, como a veces sucede con House) y entendemos sus conflictos, entramos. Si no, imposible. Claro que el actor también tiene su relevancia.
Como siempre, el riesgo de que un actor se involucre en la producción es que sus ideas influyan demasiado. En este caso, Tim Roth ha ido ganando tics y sobreactuación. Es parte de lo que se ha ganado más enemigos que amigos en la crítica bloguera, como vemos aquí.
 Uno de esos momentos donde Roth muestra esa faz chulesca. La imagen no lo capta aquí, pero aparte de la expresión, el actor lo conjuga con un curioso movimiento de hombros. 
Sin embargo, pese a sus momentos exagerados, si uno se fija bien, no desperdicia del todo el equilibrio entre su faceta pública (donde es un exhibicionista; sólo basta ver cómo camina, y mueve los brazos, chulesco) y la privada, donde se controla más, y no es malo con los silencios.
  

Lo más interesante, para mí, de la serie (que no tiene visos de renovar una cuarta temporada; Fox no da una últimamente) es la comparación de la tercera y primera temporada con la segunda: cuando alguien tuvo la idea de incluir a Shawn Ryan.
Este guionista ya debe saber que ha pasado a la Historia de la Televisión con The Shield, y el encargo le parecería un buen desafío. Comparando, a su vez, con The Chicago Code, entendemos que sabe para qué canal trabaja: no es lo mismo Fox que FX, AMC, o HBO.
Y Lie to me es tan sólo una variante del procedural. Una, sin embargo, no exenta de aspectos atractivos. Uno, es el hecho de que no siempre se trata de un asesino o un culpable. Es decir, el esquema del whodunnit no es aplicable en todos los capítulos.
Ryan tiene talento para un elemento concreto: el ritmo, y la fuerza y violencia que le imprime a ciertas escenas. De lo primero hay claras muestras en The Chicago Code (donde se prueba que también sabe crear personajes, con giros y matices en más de una dirección); de lo segundo, es lo que más ha aportado a Lie to me.
Ya desde el capítulo 1 de la temporada 2: de pronto Lightman ataca verbal y físicamente a una chica que le supone un desafío como caso. Sabemos (intuimos) que es un ataque pensado para su Objetivo de descubrir la verdad (otra obsesión que le equipara a House; esa ingenuidad cínica, si es que esto no es contradictorio, en su creencia en la “verdad absoluta”). Y aún así, la violencia ensombrece al Protagonista: para él, el fin justifica los medios.

Escena donde se resume la aspiración del Protagonista. Escena, por otro lado, interesante, por cuanto a quien se le dirige el speech no se espera que Lightman cambie de bronca a apoyo tan súbitamente.

Otra aportación aparente es lo que comentaba Alberto Nahum aquí  y en parte aquí: la variedad. Los capítulos han escapado de esa celda de cristal donde los supuestos mentirosos se enfrentaban al genio de Lightman: se ha trasladado a México (02×03, Control Factor) y hasta a Afganistán (02x 08; Bad Santa).

El propio Ryan hablaba de esto, en esta entrevista:
What’s really fun about a show like ‘Lie To Me’ is you can do many different episodes. You can do some comedic episodes, dramatic, family stuff, government conspiracy
Claro que esta misma variedad de géneros y argumentos disuelve (y no debería) un tanto un posible estilo y hasta un tono concreto. 
En el próximo post veremos más aciertos, pero también sus posibles errores.

GUIONECES: CONFLICTOS Y PROTAGONISTAS. ¿CUÁNDO ES UN CONFLICTO DE VERDAD?


Una de las enseñanzas más obvias en la escritura de guión es que nuestra historia requiere un protagonista que se enfrente a conflictos. Fácil decirlo, pero difícil aplicarlo. Y no tan sencillo encontrarlo de veras en las ficciones.

Tomemos cualquier procedural. Castle, por ejemplo. El Primer Punto de Giro no responde a aquellas exigencias de Syd Field. El giro es, simplemente, la llegada de un nuevo caso. No afecta de veras a los protagonistas. En el caso de esta serie, incluso encontramos una deriva desconcertante: para el tono humorístico y leve que caracteriza esta ficción, Castle a veces incluso bromea en torno a la aparición del cadáver. En cuanto a subtramas se refiere, suelen relacionarse con la familia del escritor, con un efecto emocional o narrativo aún menor. Para una relación padre-hija adolescente, los guionistas arriesgaban mucho más en Miénteme.
El procedural opuesto, que se quiere y se sabe “serio”, es Ley y Orden, en especial la franquicia de Víctimas Especiales. Aquí todo es buscadamente grave, y los autores se preocupan de la empatía para con las víctimas.
Aún así, tenemos lo mismo: cada caso plantea una pregunta (normalmente quién es el asesino o el culpable) pero no revoluciona el mundo del protagonista. No le plantea dudas o riesgo personal. No le hace cambiar.
Primera conclusión: Syd Field creó un sistema demasiado cerrado. Ingenuo, tal vez; pretencioso, en su intento de clasificación, quizá. O no aplicable a las series televisivas.
Segunda posible conclusión: sólo las series con tramas generales (serialized episodes) dan paso a que algún posible caso (alguna trama episódica) afecte al protagonista. Es el caso de House. No todos sus pacientes, pero, de cuando en cuando, uno de ellos si mueve a que el personaje evolucione.
En cada temporada, si los guionistas han hecho los deberes, esos casos, esas tramas episódicas, que han sido relevantes, sucedidas en las anteriores temporadas, se acumularán como “carga” que explica la actuación del protagonista en la temporada actual.
En la sexta temporada, House empieza en una instalación psiquiátrica donde su intervención “contra el sistema” acaba causando un accidente a un internado allí.
A su vez, esto es consecuencia de lo ocurrido en los últimos episodios de la anterior temporada. La Vicodina le está causando alucinaciones que le confunden, y le afectan a él y sus compañeros. A su vez, estas alucinaciones se conectan con lo sucedido en la anterior temporada (en dos de esos capítulos de estructura extraña y que pide a gritos nominaciones al guión, House´s Head and Wilson´s Heart): la muerte de la novia de Wilson.
Hasta aquí, ya vemos que los hechos y la evolución del personaje están conectados con todo lo anterior. Al tiempo, los giros y conflictos que se le plantean al principio de esta sexta temporada influyen y condicionan lo que vendrá a continuación.
House duda. Si se aviene a tratarse, a aceptar que tiene un problema emocional o psicológico, ¿no se volverá “normal”? ¿No se convertirá en uno más, y dejará de ser ese médico excepcional? Es el conflicto que, con matices, vuelve una y otra vez a presentársele a este médico. Esta vez, sin embargo, toma una dirección más inesperada.
House acaba pidiendo ayuda. Consecuentemente, durante toda esta temporada, el personaje no es, no puede, el mismo. Mantiene su mala leche, su verborrea, su humor. Pero está viendo a un psiquiatra y está dejando la Vicodina. Hasta House puede cambiar. Como él mismo decía en un capítulo: “Todo cambia. Ésa es la tragedia”. La tragedia para alguien como él, que teme el cambio. Pero es la realidad que todos conocemos. Aunque no queramos, nuestros alrededores cambian. Siempre. En algún momento. Y esto nos acaba afectando. Y acabamos cambiando, también.
Cuando la Trama, el hilo que engancha al personaje a través de temporadas, no se cuida, se da lo que, de hecho, es parte del problema de Castle y también de Ley y Orden. En Castle, sólo muy de vez en cuando surge esa otra historia (el asesinato de la madre de la detective Kate Beckett y el misterio que lo rodea) que, así, nunca alcanza el grado real de Trama General. Y que nos acaba haciendo que despreciemos los capítulos de tramas episódicos, porque estos no ahondan en las emociones de los personajes.Y en cuanto a la intuida posible relación entre Castle y Beckett ya se está retrasando demasiado; es una subtrama que resulta cada vez más artificial.
Aquí, momentos dramáticos, justamente relacionado con esas dos Tramas Generales. Tanto el caso de la madre de Beckett, como esa tensión sexual no resuelta entre ella y Castle.
En el caso de Ley y Orden, Unidad de Víctimas Especiales (como ya analicé en este otro post) la cuestión es de inconstancia: existen Tramas Generales en las temporadas, pero aparecen y desaparecen sin demasiada continuidad. Existen conflictos (y con suficiente fuerza) que plantean decisiones complicadas para Elliot Stabler y Olivia Benson, pero sus efectos se notan durante un capítulo o dos, para luego desaparecer, o aparecer incluso una temporada más tarde.
Seguiremos analizando posibilidades para los conflictos y los protagonistas en próximos posts. Porque en varias ficciones, veremos que el requerimiento o la obsesión por “subir las apuestas” en cuanto a conflictos fuertes está influyendo en qué protagonistas o qué géneros los permiten de veras.

FRINGE Y HOUSE: Tramas generales o Tramas episódicas (II). Spoilers, ojo.


Sigo viendo Fringe, un poco a marchas forzadas. Penetro en la segunda temporada, y ¡halehop! Cómo ha cambiado el cuento. Empiezo a creer, más aún, que la fama, mala o buena, de J.J. Abrams es inmerecida. Han llegado Akiva Goldsman y otros guionistas. Como no tengo a ningún infiltrado en la industria, no puedo saber si este giro de la serie es nuevo o planificado por Abrams. Aunque, como digo, creo que no.

http://www.youtube.com/v/woAmbfkmaL0&hl=es_ES&fs=1&

Qué bien estaba este capítulo. Y qué divertidos, sus títulos de crédito.
Lo cierto es que ya se va abandonando esa vía de serie procedural, y el trasfondo, esa trama general, gana importancia. Y vuelo. Aunque no me dirán ustedes que esto no tiene visos de ir por el camino (o el despeñadero) de Lost. Como sigan aumentando las preguntas extrañas, volverán otra vez las expectativas que, ansisos, algunos querrán ver respondidas cuanto antes. ¿Quiénes son, en verdad, los calvos sin cejas? ¿William Bell de qué parte está, realmente? ¿Por qué los del otro universo quieren pasar a éste? Voy por el capítulo 17, y supongo que mucho se dejará para una tercera temporada, ya segura según confirma Fox para el próximo año.

http://www.youtube.com/v/tjua7n0n2SM&hl=es_ES&fs=1&

Aquí están esos créditos, estilo años 80. Está claro que, desde Lost, en la televisión americana se admite ya casi todo.
Siguiendo la serie, me reafirmo. Los capítulos más enfocados a lo procedural ya me molestan. No son malos; no están mal escritos. Los personajes han ganado fondo, y los actores cada vez están mejor. Pero hombre, los chistes de Walter Bishop siempre introduciendo recetas y comidas mientras teoriza… Se están volviendo repetitivos. En cambio, cuando volvemos a lo que sea que sucede con ese otro universo, todo adquiere mucha más intensidad. Aquí, rectifico; o matizo. Estos señores guionistas ya se toman la serie bastante en serio. Y en algo sí puede que hallemos la mano de Abrams: “pseudomístico” o “reaccionario”, según juzgarán algunos, a este hombre parece que le atrae ese tema tan de ciencia-ficción, por otra parte (pienso en Stanislaw Lem): los cruces, exclusiones y choques de la religión y la razón.
Lo que sucede es que volvemos a lo mismo: todo se vuelve complejo. Si la trama general asume tal protagonismo, puede que “enganche” a más espectadores, o a los que ya eran fieles. Al tiempo, cada vez más, como sucedía con House, los capítulos “sueltos”, donde se centre más en la investigación de un caso en particular se asimalarán más con “un relleno”.
Volviendo a House, ya a partir de la tercera temporada, los misterios médicos nos servían como falso interés en cada episodio. Con esto quiero decir que un principio que enganchara no me parece que fuera el motivo real por el que seguíamos viéndolo. Los casos ya no son (no pueden serlo) tan bizarros o curiosos, con lo que los giros de la trama principal de cada episodio resultan un tanto eso: una especie de esquema que te resguarda del aburrimiento. Poco más: lo que queríamos era saber de los próximos pasos de House Ahí coincido con este post de aquí. Esa trama general, la que se supone que era ese trasfondo, ese leit-motiv de toda la serie, ya se nos antojaba más atractiva. Cuando Foreman, Cameron y Chase se marcharon, los guionistas podian haber optado por centrarse más en el doctor, Wilson y Cuddy: ese triángulo tan desternillante, en ocasiones, y tan desequilibrado, en otras. Pero no. Introdujeron nuevos personajes.
Esto, a veces, puede que provenga de decisiones de producción. Si tienes más secundarios, ayudas a que los principales (que no el protagonista; Hugh Laurie está rodando todos los días muchísimas horas) tengan menos sesiones de grabación. Y, por tanto, se les paga menos. Sin embargo, con el tiempo, estos actores también pedirán más dinero. Lo que hará que aumenten los capítulos que se dediquen a sus subtramas personales (¿no le pasó a Lost algo similar?). Cuando el equipo comandado por David Shore decidió, además, traer de vuelta a ese trío que ellos mismos “expulsaron” la temporada anterior uno no podía sino preguntarse si no existían razones de producción de por medio.

FRINGE Y HOUSE: Tramas generales o Tramas episódicas


La serie Fringe y el final de House me hacen pensar lo complicado que es, en verdad, la ficción televisiva. ¿Cómo mantienes el interés, temporada tras temporada?
No soy un defensor a ultranza de J.J. Abrams. Siempre me ha llamado la atención que se le relacione (a él, y ese equipo fijo compuesto por la pareja de guionistas de Alex Kurtzmann y Roberto Orci) con el desarrollo de Lost. Por lo que pude ver en los extras de la serie, Abrams sólo le otorgó ese empujón hacia lo fantástico, dejándolo todo más en manos de los creadores auténticos; Damon Lindelof y Jeffrey Lieber. Tampoco seguí a rajatabla Alias, aunque recuerdo que me parecía divertida. Y rara. Y sorprendente. ¿Se podía tomar los usuales giros del culebrón, con hijos secretos, madres que vuelven de la muerte, y demás, y mezclarlo todo con una trama de espionaje, además, tan enrevesada? Pues se podía, sí. Y añadiendo el toque fantástico de nada menos que unos inventos de Leonardo Da Vinci. Hasta recuerdo un capítulo donde aparecían algo muy parecido a zombies.
Como todo, había que entrar o no, pero, desde luego, lo ponía complicado. Mucha mezcla y de elementos más bien distantes.  O te sonreías, y “lo comprabas” (o sea, no te lo tomabas muy en serio)  o te cabreabas, y te daba por el discurso serio y desproticabas sobre la degradación de la civilización occidental.

http://www.youtube.com/v/FwGgGhrebbU&hl=es_ES&fs=1& 
                                 Un primer capítulo con un avión. ¿J.J. Abrams se homenajea a sí mismo?

Fringe no es una serie original. Casi resulta una actualización de Expediente X, aunque tal vez tomándose menos en serio. Abrams parece haber aprendido de un posible error, al menos en lo comercial. Las series con capítulos que empiezan y terminan tienden a tener más éxito.: El Mentalista y NCIS (lo que aquí conocemos como Navy: investigación criminal) triunfan mediante esta fórmula, y tampoco le ha venido mal a los tres CIS

En algunos casos, pueden y, de hecho, suelen tener, una trama principal, de fondo, que “mueve” cada temporada, y, en general, la serie. A veces, y ha pasado en House, tantos capítulos (son en torno a 21 cada temporada) fuerzan a que sean dos tramas generales las que se incluyen en cada año. Por ejemplo, en la cuarta temporada de House, teníamos, primero, esa selección leonina del equipo nuevo que acompañaría al protagonista. Y, después, la trama de cómo afrontaba House que Wilson tuviera una relación con “Zorra implacable”, una de las aspirantes que aquél rechazó.

Estos eran los hechos externos (uno muy general por cada trama, como se ve), y lo que contaba y valía era la evolución del doctor. Pero cada capítulo, en cambio, matenía, y eso hasta hoy, un caso que se “abre y se cierra”: un misterio médico.
Fringe se acerca a esta postura, y se aleja de Lost, donde era imprescindible casi, ver todos los episodios, para que comprendiéramos esa trama “general”. Además, no acrecienta tanto las expectativas sobre ésta, los misterios y los giros no son tan rotundos.
Puede que esto sea más rentable. En España, desde luego, ya nos hemos acostumbrado a eso de que veamos al menos dos capítulos en una sesión. ¿Recuerdan 24? Aún con esa opción, siempre se quedaba uno inquieto. Toda una semana para saber qué sucede a continuación quizá ya se antoje demasiado. Que se lo digan a Cuatro, que ha visto cómo la mayoría de los seguidores de Lost han preferido bajarse la serie por Internet. Demasiada ansiedad, al parecer, si la trama general adquiere más relevancia que esas tramas episódicas, que empiezan y acaban. ¿Recuerdan cómo molestaban esos dos personajes que aparecieron, para nada, Nikki y Paulo? ¿Y aquella subtrama de un capítulo que trataba de Sawyer persiguiendo una rana que le molestaba con su canto?
Aún sí, esto tiene difícil solución. La sexta temporada de House me ha sabido a poco. Demasiados capítulos bien centrados en esos casos, bien profundizando en subtramas de los personajes secundarios. Y de pronto, un poco a bocajarro, llegan los capítulos 20 y 21.  

Bagaje retorna al que yo creía que iba a ser el camino de la temporada. Aquello que se establecía en esos especiales primeros. House, roto; House, en el psiquiátrico; House, aprendiendo. House, cambiando. Puede que sea una dirección, digamos, hacia el suicidio de la serie, como se comenta aquí. Si el doctor cínico, malhablado y amoral, crece y “se cura”, muchos espectadores quizá abandonen la serie. Aún así, era la única vía posible: los personajes cambian. O eso, o se cae en el arquetipo, o peor, en la caricatura. Y eso también cansa. 

http://www.youtube.com/v/Ocz2Uj3DMGg&hl=es_ES&fs=1&

La temporada remonta, en esos capítulos 20 y 21. Pero tarde. Me pregunto cuántos capítulos necesitamos para conocer a unos personajes. O mejor dicho, cuántos capítulos nos bastan, para que, luego, estos no nos estorben. Si tienes una trama general con un personaje tan fuerte como House
Entre esos dos primeros capítulos y los dos últimos ha habido demasiado espacio. El propio personaje del psiquiatra de House, tan interesante, ha sido desaprovechado. En la nueva actitud del doctor, por fin había alguien que podía y sabía plantarle cara. Nadie duda que ha habido capítulos potentes, con fuerza. Pero uno se impacienta. ¿Cuándo llegan los giros a la vida del protagonista? ¿A dónde le llevan esos “encargos” que le manda el psiquiatra (desgraciadamente, desde un “off”)? Tan de repente hacia el final nos coge desprevenidos. Y hasta me pareció precipitado.
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En cuanto a Fringe, la impaciencia me ha llegado incluso antes. Dado que los personajes no son tan relevantes, ni tan trabajados (no lo pretende, presiento), las subtramas que los involucran molestan pronto. Y los casos de ciencia “fantástica” a los que se enfrenta este equipo de expertos podrán ser más o menos interesantes (con momentos que tontean con el terror), pero lo que yo quiero es que avance más la trama general, la de fondo. Esa especie de guerra entre dos bandos que se intuye que acabará atrapando a los protagonistas. Más lío, sin duda, de agencias, organizaciones secretas, y similares, tan propias del Abrams de Alias. Pero, demonios, es en capítulos como el 14, donde se centra todo en qué diablos sucede con eso del Patrón, cuando la serie alcanza sus mejores momentos. 

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 Promo del capítulo 14 de la Primera Temporada de Fringe.

Cuando Olivia falsifica la prueba a la que le somete uno de los “malos” (aparentes, ya veremos), para saber dónde está la bomba. Cuando la encuentra, y descubrimos que el malo sabía que mentía en su prueba y ésta es la de verdad. Para apagar el contador y el desastre, Olivia tiene que apagar las luces… ¡con su mente!

Qué difícil es la ficción. Tienes que plegarte, al cabo, al medio en que escribes. Las productoras exigen, claro, temporadas que se renueven hasta el infinito, si hay buenos índices de audiencia. Pero, al tiempo, la audiencia es cada vez más compleja. Si te centras en una trama que has de seguir por obligación, puedes perder espectadores a ritmos espectaculares, como le sucedió a Lost. Si crees que los giros extremos te va a asegurar espectadores, puedes despeñarte y caer en los despropósitos de Héroes (la tercera temporada es de chiste, a ratos). Si lo vas retrasando todo, y te detienes, de mejor o peor manera, en las subtramas personales, y en tramas que se abran y se cierran, puedes impacientar.
Y aún habrá por ahí algún ejecutivo de televisión que dirá que sabe cómo conseguir el éxito.