CURSO PRODUCCIÓN FUNDACIÓN CAROLINA: PRIMERAS IMPRESIONES


Esta semana estoy atendiendo a un curso de producción, para los equipos implicados en los proyectos de largometrajes elegidos por la Fundación Carolina. Todos los años, organizado por la Casa de América, existe un curso de desarrollo, donde se eligen varios proyectos de largometrajes por autores iberoamericanos. Para los elegidos, una serie de tutores y asesores (guionistas de largo recorrido, en general) colaboran para que los guionistas avancen en el desarrollo del guión. Pero, al tiempo, y de forma paralela, los organizadores buscan que los productores y/o directores que forman parte de cada proyecto tengan la oportunidad de conocer un poco mejor el mundo de la producción en España.
Tengo que decir que, al principio, no me sentía cómodo con la idea de venir. Yo leo y escribo guiones. Sé de Intenciones, Subintenciones, Motivos, Tono, Personajes, Estructura. Pero Carla Guimarâes, la guionista de la historia, me comentó que no podía ser de otra manera. Es posible que mi puesto fuera “supervisor de contenidos”, incluyendo en estas atribuciones, la de lectura de guiones. Sin embargo, desde que decidí que el proyecto de Carla, Cerca del Cielo, merecía la pena, he sido yo quien ha manejado y movido los hilos para que la productora en la que trabajaba (Promico Imagen) y la productora brasileña (Araçá Azul) se pongan de acuerdo. Aparte, claro, he realizado las tareas que más propias se me suponen: hemos estado hablando de los posibles cambios en el guión, las posibles mejoras, las direcciones que se nos presentaban. Visto así, ¿quién sino yo iba a venir a Madrid al curso sobre Cerca del Cielo?
Durante nuestra primera sesión, además, he descubierto que mis temores era infundados. Creía yo que me iba a topar con productores avezados (o cínicos, o ambas cosas, que muchas veces se dan la mano), y que alguien que venía del guión desentonaría. Pero no. Los asistentes son directores que vienen del guión, o directamente guionistas.
Algo, pues, está cambiando.
Un corto donde colaboró Carla. Aunque el de ahora, es de otro tono y estilo. Ya les iré comentando, ya.
De hecho, mientras la profesora nos exponía un esquema básico del funcionamiento de la industria (en España), ya surgió la primera polémica. Un compañero expuso unos argumentos muy similares a los de este post, de Bloguionistas. Es decir, indicaba que el mismo esquema ya estaba viciado al ser planteado así: un guionista escribe un guión, lo lleva a un productor, el productor llama a un director, y director y productor pagan el guión (en el mejor de los casos) y se deshacen del guionista. O, dicho de otro modo, ¿por qué demonios no hace cada uno su trabajo, el director dirige, y el guionista hace el guión? Profesionalidad y especialización, vamos.
Lo cierto es que la cosa ha tomado cariz de discusión un tanto bizantina, puesto que, como todos los cursos, la profesora simplemente expone lo que hay, al menos de modo general. Algo que encuentro ingenuo o absurdo es molestarse porque un profesor (de guión, también) cuente a sus alumnos su experiencia, y estos debatan hasta el infinito lo expresado. Como si cada uno de nosotros no fuéramos adultos que puedan elegir qué contenido tomar, cuál no, qué nos sirve para nuestro aprendizaje y qué no.
Al fin y al cabo, claro que necesitamos es esquema, aunque sólo sea para subvertirlo. Como las normas de la narrativa, y aquel consejo que le oía decirle a José Luís Borau a un joven poco humilde (que, por supuesto, no hizo caso de ninguna de las recomendaciones de este gran maestro): primero conoce las normas, y luego, si quieres rómpelas.
Y es que la profesora de hecho ha sido muy sincera. Ella habla de lo que conoce. No habla de la producción en Europa. No habla de la producción en la propia Iberioamérica. Ni de la producción que tome en cuenta elementos (ya no tan) novedosos como el crow funding o el transmedia.
En todo caso, habrá otros cursos, talleres, conferencias, donde podamos oír otras formas de producir. Hay casos claros ya de una nueva generación de productores que quiere hacer las cosas bien.
Pero todo conocimiento es útil. Y sí, la verdad es que uno ya intuye que el esquema está obsoleto como norma, porque la realidad del audiovisual cambia cada día.
Los productores tienen cada día un trabajo más arduo. La financiación ya no puede depender de las ayudas públicas (excepto en proyectos pequeños, y de intencionada marca de arte y ensayo), y, si bien hay más mercado, las negociaciones, y la ingeniería económica que hay que desarrollar demanda (y ya era hora) que los productores sean cada vez más eso: productores. Es decir, ni tienen tiempo, ni cabeza para meterse a discutir sobre diálogos explicativos, puntos de giro, o personajes secundarios. Al menos, el que de veras quiera sobrevivir en esta industria, sin ser un sinvergüenza o (con peor suerte) un huido de Hacienda.
Por otro lado, tal vez lo respirado y comentado en el descanso del curso, me permite vislumbrar otra posibilidad. Una especie de venganza de los guionistas. Tras años en que los productores nos masacraban haciéndonos ver que ellos sabían de lo que funcionaba o no en una historia, quizá ahora sea el día en que los guionistas empecemos a opinar sobre estrategias de marketing.
Si es cierta la estadística, el 30% de los proyectos de cada año de la Fundación Carolina se producen. Eso implica que al menos cinco o seis directores y/guionistas serán productores. Y que lo habrán hecho bien. Porque, amigos productores −parece que suena de fondo−, si vosotros no hacéis bien vuestro trabajo, tendremos que empezar nosotros mismos a generar ideas… y llevarlas a buen fin por nosotros mismos.
Y es que otra de las sensaciones que me han llegado es que, aún viniendo del guión y/o la dirección, donde el ego es una amenaza, y una tentación, la crisis o qué sé yo qué ha hecho que muchos se planteen de manera serie una cuestión esencial: ¿para qué demonios rodamos nuestras historias?
Este camino, estos posibles futuros productores, quieren buscar a su público. ¿Las ayudas públicas? Claro, por qué no, pero ¿voy a estrenar? ¿Cómo? ¿Cuándo? ¿En cuántos países? Nada de lavar dinero, ni de pagarse una casa en una urbanización de lujo, ni esa estupidez supina de creerse o bien un bastión en “la Cultura” o un perteneciente “al mundillo”. O sea, ninguna de las razones por las que ciertos productores (las viejas guardias, en especial) se meten a producir cine.
Seguiremos informando. Yo estoy bastante ilusionado porque ya hemos tocado temas relevantes (el dossier de presentación de proyectos) y por que el jueves tenemos un pitching para el que nos van a preparar.
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