EL CASO FAREWELL: ESPÍAS EN EL FRÍO… ¿OBLIGATORIAMENTE?


El Caso Farewell cuenta una historia “grande” (Historia y consecuencias potentes), dándole, por contra, menos relevancia a esa misma amplitud, para colocar el foco más sobre los seres humanos. Sin embargo, cierta distancia y frialdad hace que me pregunte si éste es el único camino de esta clase de películas; si puede llegar a más personas que las apasionadas por el tema. Y si era necesaria una Subtrama que ni es estable, ni se trata con profundidad, ni parece preocupada con ser menos explicativa y menos probatoria de la tesis del film (y de la propia publicidad del mismo).
Este estreno tardío en España (es de 2009) tal vez indique una tendencia que crece: el estreno de La Deuda (The Debt, 2010), y, lo que se lee en los Festivales de otros films por llegar, probaría un resurgimiento del cine de espías, sea un género o un subgénero (se admiten debates). El Caso Farewell ofrece, además, eso que tan importante es en los documentales (de cine o de televisión) de tipo histórico: un dato y unos personajes poco tratados o conocidos y cómo tuvieron un papel relevante en un suceso fundamental. La tesis: el bloque soviético fue derrumbándose, en parte gracias a un informante de la mismísima KGB, Gregoriev (Emir Kusturica), que pasó documentos a un ingeniero, Pierre Froment (Guillaume Canet), al margen de cualquier servicio secreto.
Como esto es ficción, no necesitamos que nada de esto sea real o totalmente cierto. Me refiero a que esta filtración llevara, casi como si fuera efecto y causa, a la caída de la Unión Soviética. En El Caso Farewell, otros elementos tendrían más relevancia.
Por ejemplo, los personajes. El cine de espías (el que tomaba de modelo a Graham Greene) ya nos expuso bastante bien que este submundo tenía poco de ese glamour que inventara Flemming con su James Bond, y que estos señores eran comunes, canallas, inseguros, dubitativos, mentirosos… O sea, gente como cualquiera de nosotros.
Esto es lo mejor de El Caso Farewell. Gregoriev hace un primer contacto con un amateur en estas lides, por azares y problemas de logística del servicio secreto francés. Y desde entonces, este gran caso de espionaje depende de dos hombres que se encuentran y hablan de temas a ras de suelo. Como comentan en el Village Voice:

“Heads of all concerned governments appear in the film, but more attention is paid to the domestic lives of the reluctant agents as they’re infected by the habit of deception.”

Cuando no es así, suena un poco altisonante. Cuando Gregoriev explica su visión de su tierra y su política no es ya que el personaje clarifique de manera obvia sus Motivaciones (o sea, un recurso algo fácil): es que se sale de tono. Lo que equilibra, también es verdad, es que oírlo produce un efecto en el espectador que juega con su conocimiento: sabemos que esa Rusia que sueña no sucedió. Ni parece que vaya a suceder. Gregoriev queda como un idealista, al cabo, un poco ingenuo (si es que ambos adjetivos no son casi sinónimos). Y es con él que la película gana. Kusturica está grande de verdad en esta película (tan distinta, en tono, en estética, en pretensiones, a su filmografía; recomiendo Underground).

En ese camino de lugares comunes, vamos conociendo el efecto de esta relación en las correspondientes familias de ambos hombres. Por suerte, aquí sí es una buena opción lo que es la decisión principal del director: cierta distancia y frialdad. Me pregunto si es condición imprescindible del género/subgénero; y me pregunto si no es algo contraproducente. O bien yo soy un espectador “fácil” y “emocional”, porque uno de los momentos más intensos y bellos es cuando Gregoriev baila con su esposa, con la que se ha establecido (y no cuento más) un problema de confianza.
Ahí está la contradicción, que tal vez, por la propia historia, era irresoluble: si lo que se contaba contenía situaciones tan familiares, quizá sólo se podía utilizar un cierto minimalismo que evitara los tópicos. Y, sin embargo, a veces todo está tan controlado que uno se distancia emocionalmente.Por otra parte, el ritmo es pausado y coherente con el tono, hasta el momento en que da la sensación de que faltan escenas. De que la progresión y los cambios suceden en semanas donde las elipsis son demasiado fuertes. Como dice Javier Ocaña:

“Querer ser sutil con las soluciones narrativas no significa ser confuso y a la complejidad habitual de las tramas con confidentes se unen excesivos cabos sueltos. Así, buena parte de la base argumental, encabezada por la metodología del coronel de la KGB para descubrir los secretos revelados luego a los occidentales, permanece casi siempre en el terreno de la elipsis, lo que termina pareciendo más un truco de magia narrativo que una finura de guion.”

Si la razón fuera una síntesis (sea una elipsis o un resumen; que vengan los expertos literarios a determinarlo), un poco afin a ese cierto minimalismo, entonces no se explicaría, por ejemplo, una escena que resulta alargada. Uno de los primeros “regalos” de Froment a Gregoriev son cintas de cassette y un walkman, que son, en verdad, para su hijo, Igor, un fan de la música occidental. En una visita al campo (donde, de hecho, no sucede nada más), Igor interpreta a Freddie Mercury, mientras canta para sí el We will rock you, con planos de un concierto real del grupo Queen. Uno sospecha que es de esas decisiones de director un poco arbitrarias: que Carion visionó el footage del concierto de Queen, se fascinó, y decidió introducir la escena.

Pero seamos justos: el director tiene ideas visuales bastante buenas. De acuerdo con lo dicho por Ebert:


“He has an eye for unusual, atmospheric touches […] like the way light filters through trees (from the sun or a helicopter spotlight), a face illuminated for a split second in the back seat of a parked car at night, or a kite spotted by a man who’s driving with his head out the side window.”

Bien, si el tono o la distancia emocional pudiera alejarnos, siempre está ese otro elemento que veíamos aquí: la curiosidad. El tema es, sí, interesante. Pero resulta claro que al director tampoco le atraía tanto. Segunda posible contradicción: si aquella filtración fue tan importante, ¿por qué no se nos muestra mejor? O sea,  tenemos una historia centrada en personajes, los cuales, a ratos, nos parecen un tanto lejanos, y, la cual, al tiempo, no nos puede “arrastrar” o “enganchar” ya que el aspecto “grande” (la Historia) no se refleja demasiado.

Por ejemplo, esa obsesión de Ronald Reagan con que Miterrand no tenga ministros comunistas en su gobierno, y ese choque entre agencias de inteligencia no acaban de construir una subtrama fuerte, y parecen aspectos desaprovechados.

Un ejemplo de cuando la historia incluye un intento de Subtrama. Como escena, su problema es que parece querer probar la tesis que otra cosa. Y que, como tal, falla. Aquí sí coincido que resulta más bien ridículo, como se dice aquí.

Con todo, el director incluye detalles valiosos. Uno es que notamos que la traducción que le hacen los asesores a cada presidente no dice exactamente lo mismo que ellos se han dicho. Otro;  el presidente americano aparece más de una vez fascinado con la escena clave del film “El Hombre que Mató a Liberty Valance, de John Ford. Uno no sabe si eso lo ridiculiza, o si, al contrario, lo convierte en un retrato favorecedor (y la ambigüedad es interesante; no estoy de acuerdo en la interpretación unívoca de ser una burla, como se dice aquí), por cuanto Reagan efectivamente habla como ex-actor, pero, además, sabe bien que aquella historia dependía del punto de vista.

De lo que, con el tiempo, construiría la leyenda.
Y, al final, sabemos que es cierto. De estos dos hombres, apenas se sabrá nada. Froment no era un agente oficial; y Gregoriev… Bueno, qué le sucede (y sobre todo, por qué) es un giro inesperado (inteligente) que no puedo revelar. Pero desde luego apoya ese tono de hombres comunes aplastados por un sistema de “greater goods”. Nadie mejor que un director de la CIA (y nada menos que interpretado por Willem Defoe) para declararlo alto y claro.En lo relativo al guión, me quedo con un recurso a recordar (no digo que salve el film; pero me resulta atractivo como aprendizaje). ATENCIÓN: SPOILERS.

Un “sembrado falso”: una aparente pista que uno cree detectar cuando Gregoriev le advierte a Froment de los camioneros… que nos hará creer que, más adelante, un camión que sigue a Froment y un semáforo en rojo anticipa algo malo… que no sucede.

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