FRAGMENTOS INTERESANTES: EL LIBRO DE LOS AMORES RIDÍCULOS, MILAN KUNDERA.


La risa tiene muchos colores, y Kundera se decanta por lo absurdo, pero de una clase cotidiana; tampoco nada sorprendente en aquella Checoslovaquia sometida a la URSS. Por fortuna, la posible crítica a aquel sistema no es obvia (tal vez más en No se van a reír y en Eduard y Dios), ni es, siquiera, central. Son los propios seres humanos de esta colección de cuentos los que actúan de formas y maneras ridículas, ya sea insistiendo en un pasado falseado, en actitudes infantiles, o en el juego, que para los niños es tan sano, y cuyo funcionamiento se nos escapa tanto a los adultos, convirtiéndolo en algo mucho más perverso. Un relato a recordar (al menos, para mi personal antología) es El Falso Autoestop. Aunque, tal vez, el que abre el libro sea uno de los más definitorios. Personaje infantil, situación grotesca, evolución inesperada, y repercusión negativa.
“−¿Qué pueden encontrar de malo en mi pasado? ¡Usted mismo sabe cuánto me gusta mi trabajo! ¡Nunca he descuidado mis obligaciones! Tengo la conciencia limpia.

−La vida humana es muy ambigua−dijo el profesor−. El pasado de cualquiera de nosotros puede ser perfectamente adaptado lo mismo como biografía de un hombre de Estado, amado por todos, que como biografía de un criminal. Fíjese bien en su propio caso. Nadie pone en duda que le gusta su trabajo. Pero no se le veía con demasiadas frecuencia en las reuniones, y, cuando alguna vez aparecía, solía quedarse callado. Nadie sabía muy bien cuáles eran sus opiniones. Yo mismo recuerdo que en varias ocasiones, cuando se trataba de cosas serias, de pronto hacía usted una broma que producía incertidumbre. Naturalmente esa incertidumbre quedaba de inmediato olvidado, pero hoy, rescatada del pasado, adquiere de pronto un sentido preciso. Recuerde también cuántas veces ha ocultado usted sus presencia cuando venían distintas mujeres a buscarlo a la Facultad. O su último trabajo, del que cualquiera puede afirmar, si le da la gana, que defiende posiciones sospechosas. Claro que todas éstas son cuestiones aisladas; pero basta con la luz que sobre ellas arroja su delito actual para que de pronto se unan, formando un conjunto que pone de manifiesto cuál es su carácter y su actitud.
−Pero ¿de qué delito se trata? −exclamé−. Explicaré delante de todos cómo han ocurrido las cosas: si las personas son personas, tendrán que reírse.

−Como le parezca. Pero verá usted que, o las personas no son personas, o usted no sabía cómo eran las personas. No van a reírse.”

No van a reírse. Milan Kundera. El libro de los amores ridículos. 1968

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