10 MENTIRAS, Y GORDAS, SOBRE EL CINE ESPAÑOL (Y ALGUNA QUE OTRA VERDAD) (Y II)


Sigamos con esas frases lapidarias tan extendidas en Internet. Sigamos con el debate.

5. Subvencionar el cine español es “pagarle el tren de vida” a un montón de millonarios.
Esto es falso. O, cuando menos, incompleto. La gente del cine no son esos que vemos en las entrevistas, en las propias películas o en la galas y las alfombras rojas. O sea, no son sólo Almodóvar, Amenábar o Santiago Segura. Ni los Bardem. Por cierto, que yo desconozco el patrimonio de estos señores, aunque se ve que muchos otros sí, y que pueden afirmar, sin duda, que son millonarios. A mí es que la videncia siempre se me dio mal.
Pero vayamos con otra muy peculiar contradicción. Los directores y actores más exitosos (y, por tanto, los que más dinero hacen o han hecho) lo han conseguido, en parte, gracias al éxito en taquilla española.
En el caso de Almodóvar, puede que esa tendencia haya cambiado en los últimos años en España, pero justo eso nos lleva a otro hecho: sus películas se venden muy bien por todo el mundo. Tiene, pues, éxito. Gana, pues, más dinero.
Mucho o poco siempre serán términos relativos. ¿Gana mucho un jugador del Barcelona o del Real Madrid? ¿Steve Jobs? Y, en el propio sistema audiovisual, ¿ganaba mucho Javier Sardá? ¿Y Buenafuente, gana poco o mucho? El dinero que ganamos, mientras vivamos en una economía capitalista, va en función del mercado.
Puede parecernos justo o injusto, pero Almodóvar o cualquier otro director de éxito es una diana un tanto absurda para protestas, o aspiraciones a una vuelta al comunismo.
Por otro lado, las subvenciones no van, como algunos parece imaginar, volando de una caja fuerte enorme y secreta del Ministerio de Cultura al bolsillo de los directores o actores famosos.
Va a los productores. Sólo si el director (otra vez, el caso de Almodóvar) participa mediante su propia productora, recibiría el dinero.
El cine español tiene una cara, como lo tiene el francés o el americano; pero detrás hay mucha gente empleada que es tan mileurista como cualquiera. Carpinteros, electricistas, guionistas, scripts, decoradores… Y muchos actores desconocidos.
 Familia (1996). Una obra muy interesante.
6. Subvencionar el cine español es pagarle a unos “rojos” que hablan de política cuando no les toca.
Veamos. El cine español, como cualquier colectivo, está formado por personas. Ciudadanos. Con su ideología. Tiene derecho a manifestarla en la forma y cuándo lo crean conveniente. Pero las opiniones políticas que algunos expresan no representan a todos, ni todos tienen una especie de mente común, a lo Gran Hermano, que les dice qué pensar. En la profesión habrá quien vote al PSOE, quien vote al PP, quien vote a Izquierda Unida, y quien no vote, o vote en blanco.
En Estados Unidos, actores como Sean Penn o George Clooney han apoyado los ideales más progresistas, dando a veces apoyo público a los políticos demócratas. Algunos directores, también. Habrá, sin duda, americanos radicales (en particular en el siempre inquietante “cinturón bíblico del Medio Oeste”) que, por estos motivos, dejen de ir a ver sus películas.
Como dijo hace unos años Javier Cámara, preguntado por la polémica del momento (que era aquella vez el documental de Julio Medem), respondía que los artistas aceptaban, es lógico, las posibles críticas, justo por esa misma exposición. Eso sí, uno puede, si quiere, “castigar” a un actor o director que piense de manera distinta (él se lo pierde si no distingue entre persona y autor). Pero lo que no puede, no en democracia, es impedirle que opine.
No parece muy coherente que ciertos anti Sinde hablen de la libertad de expresión y luego se echen al cuello de los Bardem por lo que escriban en un periódico. ¿Criticarlos? Por supuesto, si se cree pertinente. Pero atacarles por que opinan lo contrario que nosotros… ¿a qué les suena eso?
Otra cuestión señalada es relevante: ¿hay riesgo de que una cultura financiada por el Estado esté coartada o dirigida? Sí. Pero es el modelo europeo; forma parte del estado del bienestar, que no hay, por ejemplo, en Estados Unidos. Por tanto, habrá que esforzarse para que ese control gubernamental no exista, y las ayudas no tengan componente político. Además, los apoyos privados a la cultura no son menos ideológicos. La ideología está en todas partes, como lo están los intereses. Tele 5 no va a apoyar un film que analice la vida política italiana, por ejemplo. Y Antena 3 no creo que apoyara una historia que hablara de las miserias del mundo editorial.
Por otra parte, los comités que evalúan las ayudas son públicos para todos los que quieran consultarlo. Al ciudadano común, claro, les sonarán poco los nombres. Pero no menos que le sonarían los  de los comités que decidan las compras en el Museo Reina Sofía, o que apoyan obras de danza.
Se confía, en cierto modo, en la profesionalidad: en eso derivado de la educación especializada. No es perfecto, no. Pero si un señor que ha estudiado dos Másters en empresa tendrá mejor consideración, ignoro por qué un experto en Historia del Arte, guión o producción cinematográfica debiera juzgarse de peor manera. Y son ese tipo de profesionales los que forman los comités de selección para las subvenciones. (Aún así, como explico en este otro post, esos comités tienen aspectos mejorables
7. Todo el cine español está subvencionado.
Muchos productores gritarían ahora “ojalá”. Los autores de los blogs críticos con la ley Sinde han ido (algunos) a la web del Ministerio de Cultura y se han mirado (por encima) aquellos proyectos que han recibido ayudas. Si uno se guía sólo por los títulos, acabará diciéndose que qué demonios que dónde están esas películas. Que dónde están esos proyectos que se han pagado con su dinero. Que qué infamia, qué escándalo, pagamos por films que nunca llegan al cine.
Pero investigando, investigando, veremos que no todos los proyectos son películas de ficción. Hay cortometrajes, una vía interesante para que nuevos talentos se preparen para el futuro. Hay documentales, un género mal tratado en los cines (aunque cada vez menos: sólo hay que ver las buenas cifras de Bicicleta, Cuchara, Manzana, o de Garbo, el espía). Y hay series de animación. No cortos, ni documentales ni series, vamos a encontrarlos en las pantallas de cine. No significa que “no se estrenen”. Tienen otros canales.
 Garbo, el espía. Un documental que ha recaudado una cantidad notable en salas.
Aparte, no: no todo el cine español está subvencionado (no, al menos, a priori; más adelante veremos el tema de las ayudas a la amoritización). Los proyectos más comerciales tienen el apoyo (en algunos casos, muy relevante) de las televisiones privadas. Lo hemos visto con Tele 5 y Ágora o El Laberinto del Fauno. Con Antena 3 y Los ojos de Julia y Lope.
Y antes del siguiente (y último) post sobre el tema, unas risas, hombre.
“Lo tengo yo hablado con todo el pueblo”. Amanece que no es poco.
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2 comentarios

  1. >Un placer la segunda parte de tu artículo. El mayor de los fastidios,y algo en lo que nadie parece fijarse, es que la gran asignatura pendiente es la DISTRIBUCION de películas. Cuando alguien escribe un simple relato o hace un corto lo único que tiene en mente es que sea leído o visto por el mayor número de personas. Quien hace una peli igual. Llevo toda mi existencia como espectador viendo el cine queme interesaba en salas imposibles y en horarios alucinantes. Y las más de las veces viéndolas subtituladas, otra forma de cortapisar un determinado cine. Viendo que ni con la Ley en la mano (no hablo de la de la Sinde) se consigue que lleguen las peliculas a las salas, la esperanza es Internet. Sueño con un lugar, pagando módicamente, claro,que me permita acceder a todo el catalogo mundial de lo que se haga. Darle a un clic ¡et voilà! a ver lo que de otro modo ya he desistido de que sea posible. No espero ya nada de los distribuidores tal y como lo han venido haciendo hasta ahora.Esperemos que tampoco imposibiliten esto que técnicamente es posible, por las mismas razones de siempre.Un saludo Fernando.

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  2. >El problema es complejo, pero desde luego requiere, para empezar a resolverlo, lo que es actitud. Posiblemente, la distribución on line sea un camino, pero tampoco está libre de obstáculos. Al menos, si las plataformas no piensan globalmente.Se habla de que la respuesta es Filmin.es. Bien, de nuevo: es un camino. Pero una plataforma que sólo pueda distribuir en España hace limitado el número de usuarios.Y a 2 euros, ¿cuántos usuarios serían necesarios en España para que se recuperara el dinero? ¿Un millón?En cambio, si las distribuidoras europeas formaran juntas una plataforma común serían:- Menos gastos. – Más películas. De todo tipo y condición y de todas las nacionalidades (europeas o no, porque las distribuidoras europeas compran mucho cine en otros países)- Más potenciales usuarios.Al fin y al cabo, cuando se proponen otros modelos, como Spotify o Netxflix olvidan que, claro, éstas son compañías que operan en varios países. Por tanto, sí hay más posibilidad de beneficio.Filmin me parece un comienzo, pero, al cabo, a veces me pregunto si su campo de actuación es demasiado limitado. A lo mejor no es tanto un tema de tecnología como de actitud emprendedora.

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