1812: El Mar de la Libertad (Segunda temporada)


Diario de Sevilla – Otras 13 singladuras históricas

Bueno, me han suprimido el apellido, pero algo es algo. A ver si la serie se ve. Tiene ya dos años. Y fue un curro de documentación de narices. Y mucho tira y afloja (y algún destemple) con su director. Aún así, esto es usual en el mundo audiovisual, y las propias tensiones no son necesariamente negativas. Te obliga a ver tus ideas y propuestas desde otra perspectiva. Aparte, en esta industria (¡ja!) hay siempre mucho patrón, y marineros que apenas discuten, así que tampoco me arrepiento de haber planteado mis dudas. Al final, uno transige, pero, demonios, que, al menos, se oiga tu voz. Supongo que todo ello vino de que en esta segunda temporada trabajé los temas desde 0, no como con la anterior, donde me vino algo más dirigido desde el principio.
Sobre todo, 1812: el Mar de la Libertad fue una experiencia. Topar así, un tanto a bocajarro con la Historia, ya era un desafío. Luego, uno se calma, lee, analiza, se documenta, y entiende que es sólo un fondo, y que, al cabo, esto también se trata de historias. Con minúsculas. Historias de una serie de personajes estrambóticos, desclasados, raros y, en muchos casos, “iluminados”. Lo más complejo fue la reflexión y búsqueda de los por qués. No ya porque las motivaciones de un personaje (ficticio o real) se antojan indispensables si uno quiere comprenderlo. Es decir, no me lo pedía solamente el aspecto “técnico” del oficio de guionista. Era algo más. La curiosidad. Por cierto, que este impulso, tal vez más racional que emocional, tampoco es descartable en una ficción. 
¿Por qué un navegante se hace con la “misión” de liberar esclavos de los piratas, en los mares asiáticos? ¿Cómo es que una señora tan retrógrada sin embargo defiende su papel de intelectual en el Cádiz de esos primeros años del XIX, y, además, lee con placer a una pionera del feminismo? ¿Qué mueve a un pendenciero jugador y espadachín a montar el primer juego de pelota vasca en América Latina, y luego, marcharse a crear un país entre Brasil y Bolivia?
También es interesante descubrir que no toda la herencia española es la de aquella leyenda negra (por otro lado, tan interesada y exagerada por Inglaterra, e impulsada por la ventaja de la imprenta de Gutenberg) que contaba cuán ignorantes, sumisos con monarcas y clérigos, y oscurantistas éramos en España. 
Esto es lo que concierne a mi vivencia. En cuanto a sus posibles valores para la audiencia: historias curiosas, localizaciones y apartados del mapa que no suelen conocerse y ceremonias y formas de vida lejanas. Y no, servidor no viajó a ninguno de aquellos sitios. Servidor se vio, eso sí, unas 50 horas de grabación, para ver qué textos podrían ir con qué imágenes, y qué imágenes, con qué textos. Una especie de rito de paso por el montaje y su relevancia, sin tener que pisar una sala.
Si pueden, y les apetece, traten de disfrutarla. Comprobarán que la Historia está llena de posibles guiones o novelas. Sobre todo, si son los secundarios que pasaban por los alrededores de los grandes acontecimientos.
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5 comentarios

  1. Creo que no voy a poder verla (lo siento), pero enhorabuena.

    Interesante reflexión sobre el género de época. Me recuerda a discusiones infinitas que he tenido sobre el fantástico. Veo, sin embargo, un problema en nuestras cadenas al respecto: la identificación de época con épica. Pero supongo que es una etapa que pasará en cuanto el género se consolide.

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  2. Bueno, es que tal vez no se den cuenta de que la épica ya es un género complicado de por sí, como para emparejarlo con lo histórico.

    Por otro lado, a veces me pregunto si la épica es posible, también en las ficciones literarias. ¿No vivimos en un mundo donde frases lapidarias y héroes con valores de otras épocas nos suenan a cosa de otra época?

    Puede que, por eso, se llevan siempre la épica a momentos históricos pasados.

    En la serie, sin embargo, tuve suerte. Más que épica o época, había personas. Extrañas. Igualmente difíciles de entender desde la mirada contemporánea. Pero por otros motivos: no eran “héroes”. Eran locos, en ese sentido de la palabra sin implicaciones negativas.

    En fin, los secundarios de la Historia siempre resultan más interesantes. Lo que no sé es si serían ficciones populares. Pienso en Pérez Reverte y en su héroe del siglo de oro, y en cómo, pese a todo, pese a la anti-épica, pese al realismo, no deja de ser alguien comprensible.

    Más difícil es entender a los seres que yo tuve que investigar. Aunque, para mí, al menos, mucho más ricos.

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  3. Quizá es que neceistamos otra épica: la épica de Tito Pullo, por ejemplo, que mola más que la de César 😉

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  4. No sé. Por mucho que algunos se empeñen en volver a narraciones más clásicas, algo de la modernidad se nos ha quedado. Admitimos mejor los antihéroes.

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  5. No sé si “admitimos”… pero yo soy carne de antihéroe desde chiquitita, lo confieso.

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