MELODÍA EN LA CIUDAD; BENJAMIN LACOMBE (MÉLODIE DES TUYAUX)


De vez en cuando, aparte de las obligaciones que uno se impone en cuanto a lecturas, te llegan libros e historias por el lado de las obligaciones “profesionales”. Cuando esto se trata de revisar libros infantiles y juveniles (para el programa donde coordino los guiones, La Banda), lo cierto es que siempre logro maravillarme. 
Y es lo que me ha sucedido con Melodía en la ciudad, de Benjamin Lacombe. Aunque he de matizar; la primera impresión también te conduce. Y yo, miré, y disfruté, antes que nada, de las ilustraciones. En especial, me impactaron las miradas de los chicos protagonistas. La mirada a cámara normalmente te “saca” de la historia. Pero ya ven. Los álbumes ilustrados tienen su propio lenguaje.

Como decía, he leído el libro después. Bien. Benjamin Lacombe ilustra mejor que escribe. El cuento es sencillo, y con un fondo de apoyo a ciertos “valores”. Sin estridencias, eso sí. No es estrictamente original que el circo represente una vía hacia la libertad, aunque tal vez sí lo sea la unión con la música.


Y hablando de uniones: lo que mejor funciona es eso que, quizás descubra yo -éste, como ya se ve, no es un lenguaje que conozca tan en profundidad-: el paso de ciertos pasajes del texto con la imagen.

Por ejemplo:
“(Alejandro) seguía hipnotizado con el recuerdo de aquellos ruidos, de aquella extraña gente, y, sobre todo, de los ojos de la niña. Esa noche Alejandro tardó en dormirse; tenía la mente inundada de una marea de colores”.
Y, a continuación, vemos esto, en dos páginas ilustradas de tal tamaño que pareciera que la niña, Elena, nos mira; que nosotros somos Alejandro, en esos sueños.

Otro hallazgo.  En la página 27, damos con la ilustración que acompaña. Elena mira hacia arriba, triste. O preocupada. No sabemos. Tenemos que leer toda la página, quizás con un cierto “suspense” porque queremos saber qué ha pasado; o mejor dicho, qué va a pasar. La ilustración, pues, “anticipa” la acción.
Leemos cómo los padres de Alejandro tratan a Elena, que ha ido a verle a casa.

“- No está. Y no vuelvas a venir, ¡no se le ha perdido nada con gente como vosotros!-le respondió Jorge. Luciana, la madre, le cerró la puerta en las narices. Alzó los ojos y vio a Alejandro detrás de su ventana.”

Y ahora sabemos el por qué de esa tristeza.
Lacombe es joven; 27 años. Ya tiene libros con repercusión, y con calidad, como La Pequeña Bruja. Alguien podría decir que toma más de un detalle de otra ilustradora en pleno ascenso: Rebecca Dautremer (Princesas olvidadas, Cyrano, Swing Café…). Puede ser. Pero démosle tiempo. Promete y eso ya es algo. O mucho.
Como final, se me ocurre una reflexión. Ya podrían tomar nota las editoriales andaluzas y españolas de este camino emprendido por Barbara Fiore; una casa situada en Granada que se las arregla para traernos todo lo interesante que se escribe e ilustra por el mundo. La comparación con posibles ilustradores de aquí tomaría tiempo y mejor conocimiento. Juzguen ustedes.

 http://www.youtube.com/v/ZZl8FrujhhM?fs=1&hl=es_ES

Un repaso audiovisual a algunas de las obras de Lacombe. 
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