GUIONECES (IX): CONSEJOS RÁPIDOS PARA DIÁLOGOS Y PERSONAJES


Después de las vacaciones y unos días de enfermedad, recupero el blog para unas recomendaciones. Provienen de mi propia experiencia, ahora que estoy revisando un guión mío, pero también de algo que he detectado en algunos guiones que me han llegado (y que sólo he podido, por ahora, mirar por encima; lo siento). 
Son normas sencillas.
1. Presenta a los personajes visualmente. Ten en cuenta que el espectador habrá que saber, en todo momento, quién es. Sobre todo, en el caso de esos secundarios o incluso episódicos. Para una trama policiaca, es aún más fundamental. Es uno de los problemas de los CSI más recientes: hablan de personajes, los sospechosos, que no (re) crean en el espectador ninguna imagen relevante. Por tanto, mueve a confusión.
2. Un guión no es un monólogo ni una obra de teatro. Lo que dicen los personajes no les define. No importa que sean diálogos “naturalistas” o diálogos “elaborados”; lo que cuenta es que lo que define a alguien es lo que hace: lo que hizo (el pasado del personaje), lo que hace ahora (su vida actual; su “Estadio inalterado”), y lo que planea hacer (el futuro; sus planes, sus Objetivos). 
3. Pónselo fácil al director: no le obligues a un plano contraplano que sea, valga la redundancia, “plano”. Todos tenemos gestos que transmiten cómo nos sentimos, sin hablar. Tics, gestos, miradas. Además, nadie se detiene, de pronto, para tener una conversación, a no ser que sea justo eso lo que buscan en ese momento: en una entrevista, por ejemplo.
4. Hablando de redundancia. Es clave en un guión, pero en los lugares adecuados. No lo es en una actitud. Un personaje que siempre, todo el tiempo, es valiente, serio, cínico, irónico, no es un personaje. Es un arquetipo. Y a veces, ni eso; a veces es un estereotipo, lo que es mucho peor. ¿No quieres ser “clásico”, y darle una evolución cronológica? De acuerdo; es válido. Aún así, todos somos contradictorios, por lo que, durante lo que sea que suceda en tu historia, necesitas que haya diferentes reacciones, y diferentes matices.
5. ¿En qué sí es esencial la redundancia? En la información que sea relevante para la historia. De nuevo, es aún más imprescindible en las historias con muchos detalles de trama: las policiacas. La redundancia es útil cuando imagen y sonido transmiten la información. Si hablas de una pista (un pelo, sangre, etc) y no lo vemos, perdemos puntos. El espectador presta atención a lo que oye en un documental: en ficción, somos menos receptivos a los datos.
6. No hagas que los personajes nos informen, alegremente, de qué van a hacer a continuación. Primero, es poco realista; en nuestro día a día no vamos retransmitiendo a los que nos rodean cuáles son nuestros planes. Sobre todo, porque, o bien ya conocen nuestra rutina (nuestra familia, nuestra pareja), nuestros compañeros de trabajo), o bien justamente no deseamos que sepan lo que vamos a hacer. Segundo (y si te importa un pimiento “el realismo”, cosa, por otra parte, muy respetable): es un recurso fácil. Pobre. Si creamos una necesidad, algo que el personaje necesite conseguir o saber, cuando le veamos en un acto que trate de lograrlo, todos lo vamos a entender perfectamente.
7. Todos los personajes no pueden hablar igual. Alguien, con tino, creo que ya lo indicó sobre algunos personajes de Tarantino. A no ser que quieras (y es una opción) que todo tenga un tono de “fantasía” o de mundo onírico, la gente tiene diferente educación y cultura, y, además, la tienen de forma distinta en momentos diferentes de su vida. 
8. Sobre las contradicciones. Es cierto que, a veces, puede resultar demasiado “cerrado” ese esquema en el que un personaje “crece” y “aprende” algo en una hora y media de “vida”. No estamos en los años 40. No hacemos ya, aunque queramos, cine clásico. No podemos olvidar de un plumazo la Modernidad. Bien. ¿Qué hacemos, pues? Matizar. Es la palabra milagrosa. Matices, matices, matices. Un protagonista puede no cambiar sustancialmente. Puede incluso (con mucho riesgo) ser hasta algo pasivo. Pero tendrá una evolución. La que sea. Con su lógica particular, según sus Motivaciones, su Background, sus Objetivos. Y lo que se le oponga durante el transcurso de los acontecimientos. Pero habrá “cambio”. La otra palabra mágica. Lo que nos sucede puede que no nos haga cambiar de forma fundamental. Pero cada hecho sí nos hará reaccionar. Con algún matiz. ¿Lo ven? Ya las tenemos en la misma ecuación: matices y cambios. 
9.   Sed originales. En términos absolutos, y no relativos, o, si queréis, comparativos. No se trata de que, para alejaros del “tópico español”, hagáis una de ciencia-ficción, un musical o una de capa y espada. No. Se trata de las propias soluciones internas del personae y las situaciones a las que les sometáis. El espectador ve mucha ficción. Mucha. Buena o mala. Pero hasta mi madre, cuando empieza una tv-movie, sabe por dónde irán los tiros si aparecen los tópicos. Una chica con problemas en su intimidad no puede ser siempre consecuencia de un trauma infantil o adolescente, o de un padre ausente. Freud se ha pervertido de tanto usarlo. Los hombres no siempre buscan a su madre en todas las mujeres, ni las mujeres necesitan siempre un padre protector. Dadle vueltas a vuestro conflicto. Pensad en lo que ya se ha visto; en lo que ya se ha escrito. Una chica puede tener problemas con la intimidad y no con el sexo. Un chico puede ser muy sensible y encantador, y no buscar compromiso. ¿Por qué? Pues ahí está uno de los momentos más interesantes de ser escritor. Inventarlo un pasado. Pero un pasado completo que no se ciña a la infancia, por el amor de Dios. Y que no incluya los lugares comunes: padre alcóholico, maltratador, hermanos sobreprotectores. Las familias disfuncionales crean, también, personas estupendas. Y las familias cariñosas pueden ocasionar monstruos. 
Y, por ahora, aquí lo dejo. Espero que os sirva.
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3 comentarios

  1. Buenos consejos.

    Quiero detenerme en el punto 8. Creo que las grandes series de televisión actuales muestran todos los matices posibles de un personaje y su evolución a lo largo de varias temporadas. Por eso, creo que el cine contemporáneo yerra si pretende mostrar un cambio de 180 grados en un personaje. Pienso que debería centrarse en tramas con un tiempo limitado. Los cambios de los personajes NO serían radicales: matices, matices, como dices.

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  2. Claro, es la ventaja de las series; puedes ir mostrando una evolución más pausada.

    Por otro lado, siempre depende del tono, del género…

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