FICCIÓN Y REALIDAD: Un apunte


Ahora que, en la 1 de TVE, emiten Memorias de una geisha, recuerdo las críticas que se le hicieron, por ese sinsentido de la utilización de actrices chinas para representar personajes japoneses. Hace poco, Tom Cruise, en una entrevista por aquí, por Sevilla, respondía a un periodista: ¿por qué han incluido toros y un encierro en las calles de esta ciudad, para la película Knight and Day? Cruise, riendo, y con esa sonrisa que tanto le funciona, contestaba: “Sólo es una película; no un documental”.
Tampoco Guillermo del Toro fue fiel a “la realidad” cuando usó los uniformes equivocados en El laberinto del fauno. ¿Será, pues, la obsesión por la realidad una cuestión patria? 
En España, muchos guiones se juzgan por la labor de documentación del guionista. No me extraña que, así, The Wire produzca esa especie de sentimiento reverencial. Creo que es una forma añadida de que cuantifiquemos “objetivamente” nuestro trabajo. Parece que de este modo es más fácil defender lo que nos paguen, ya que la creatividad o el trabajo con personajes, estructura y trama siguen siendo conceptos abstractos para la mayoría de productores. 
O será la herencia realista. Porque, aunque leo con una sonrisa esa pasión que pone Juan Jacinto Muñoz Rengel sobre la otra tradición literaria española -la fantástica-, y cómo está adquiriendo relevancia, me temo que no deja de ser eso; la hermana pobre. La descastada.  Cierto es que las antologías prueban, cada vez más, que hasta los grandes tentaron los argumentos fantásticos (el propio Galdós). Pero no han tenido una continuación constante. O sea, que hasta el propio término “tradición” quizás sea excesivo. 
¿Félix J. Palma, Ángel Olgoso, Patricia Esteban Erlés, Matías Candeira, Hipólito G. Navarro (todos, qué curioso, cuentistas más que novelistas) prosiguen con la estela de esa tradición, o acuden a otros modelos? ¿Dónde está la herencia del Gonzalo Torrente Ballester “fantástico” o de Juan Perucho? No aparece, me da la sensación. El que escribe ficción fuera del canon realista me temo que aún se sale de la consideración de los críticos. 
Esperemos que estos cuentistas y los posmodernos, con sus excesos incluso, acaben dinamitando esta percepción.

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3 comentarios

  1. Fernando, creo que la obsesión por la “realidad” está en todos los países. La verdadera geisha se quejó por la novela y la película, y sacó su libro. Un veterano de Irak dijo de Hurt Locker: “Si usted conoce el Ejército, o sobre las operaciones, o la vida en Iraq, sentirá exasperación por las escenas absurdas y la confusa trama, que le arruinará el interés por el filme, como me ocurrió a mi”. (http://www.vetvoice.com/showDiary.do?diaryId=2975) Es sólo una de las muchas críticas a la oscarizada película.

    Creo que las críticas a la falta de realidad depende mucho del tono de la película. Dudo que los soldados que criticaron “Hurt Locker” protesten por las películas de Vietnam de Chuck Norris o la saga “Hot Shots”. Creo que todo se reduce a una cuestión de marketing.

    Estoy de acuerdo con lo que dices de THE WIRE. Curiosamente, muchos de los que odian el final de LOST son fans de THE WIRE.

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  2. Bueno, seguramente diga una tontería, pero creo que, en estos casos, hay que diferenciar Realidad/realismo de coherencia interna.

    Para mí, The Hurt Locker tiene esa coherencia, más allá de su aproximación a la realidad del artificiero o del soldado como genérico: simplemente, cuenta la historia de un tipo enamorado del mal rollo y ansioso permanentemente por el subidón. Y compro esa historia (por muchos más motivos, también, entre los cuales, que no pretenda contarme nada más que eso).

    Pero parece que, por utilizar el ESCENARIO de la guerra de Irak, esta película está obligada al realismo… y diría que hasta el realismo social, o el realismo “comprometido”. Y me temo que algunos exégetas de The Wire tiran por ahí también.

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  3. El tema de la coherencia interna daría para mucho: al cabo, también es cuestión de percepciones. Yo veo que Lost no traiciona su coherencia interna (dentro del fantástico mezclado con la ciencia ficción) pero otros interpretan que justo lo de la ciencia ficción demandaba, por esa coherencia interna, explicaciones “racionales” (o explicaciones, a secas).

    Puede que me haya pasado con mi afirmación de que esto sólo pasa aquí (me he dejado llevar por el pesimismo, tan castizo). Pero sí que noto que aquí se confunde mucho la realidad (concepto, ya de por sí, escurridizo) con la ficción.

    En cuanto a The Wire, creo que se confunde esa capacidad para otorgar sensación de realidad con el retrato de dicha realidad. Pasaría como el clasicismo (imposible) de Eastwood o, en otro extremo, las persecuciones impresionistas de la dos películas últimas del caso Bourne. O, me viene a la cabeza, el cine de Ken Loach.

    Porque, siendo justos, en The Wire (como en varias de las películas de Eastwood) al final se recurre a arquetipos y esquemas clásicos de la ficción, que, en cierto modo, ya te alejan de ese supuesto verismo.

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