CINE: ¿QUÉ NOS DA MIEDO?


Mientras veo La habitación 408 (Mikael Håfström, 2007), me pregunto cuáles son los miedos en la actualidad. Bien, conocemos las ansiedades comunes que nos hostigan como adultos, aunque tengan poco reflejo en el cine de género: el paro; la soledad; la enfermedad… ¿Y en ese tipo de películas que deberían asustarnos? El psicópata ya es una caricatura; los monstruos parecen ajenos. Los fantasmas… Ah, los fantasmas. ¿Qué nos da miedo de los fantasmas? A lo mejor es que nos recuerdan la muerte. Curioso que lo que algunos consideren una especie de consuelo, a otros (o, a los mismos, en otros momentos) les provoque horror.

http://www.youtube.com/v/iuCj2MJKxfY&hl=es_ES&fs=1&

En el caso de que sean fantasmas ajenos, desconocidos, el temor parece más lógico. Si, además, delegamos la mirada y el sufrimiento en los ojos y el cuerpo (no olvidemos los golpes y arañazos que vive) de un niño, tenemos El Sexto Sentido.
Por otra parte, si los familiares de uno “se aparecen”, ¿no deberíamos alegrarnos?
Depende del familiar, claro. Estoy pensando en The Abandoned (2006) y Aparecidos (2007). Dos películas de directores españoles, donde el terror procede de padres descubiertos como monstruos. Como monstruos en un sentido que hoy pudiéramos todos entender. Uno, un violento; el otro, nada menos que un torturador de la Argentina tomada por los militares.
http://www.youtube.com/v/dN7uPGESv0Q&hl=es_ES&fs=1&

En el film de Paco Cabezas, todo acaba en un happy ending que desvirtúa un tanto los buenos momentos. La escena en que los protagonistas afrontan que no pueden salvar a la niña lo tiene todo: violencia, sorpresa, desesperación. En The Abandoned, Nacho Cerdá es más fiel al objetivo del género: cuando se penetra en el abismo, no hay salida.
Ambas, juegan en algún momento con la inclusión del pasado en el presente; como algo, por cierto, que debiera producirnos pavor. Algo que también relaciona ambas cintas con La habitación 408.
¿Es ése un camino? ¿El pasado de los padres que no conocimos puede atemorizarnos?

Más opciones. Hace unos años, hubo al menos tres películas donde el miedo se relacionaba con otra conexión sanguínea: los hijos.
Y en La habitación 408 tampoco está ausente.
El cine de este género que va hacia los adultos tal vez se pregunte: ¿qué puede “tocarnos” a todos? ¿Qué puede ser comprensible para un espectador medio? El que va dirigido a los más jóvenes adolece, lo sabemos, de personajes tan insulsos que, a ratos, estamos deseando que los maten. No, miento; eso ya sería algo. Lo que ocurre es que nos da igual si viven o mueren. Así que parece que los cineastas que quieren más “seriedad”, se plantean: la pérdida de un hijo. Aún si no lo tenemos, podemos imaginarlo. Por ese lado, tenemos asegurado hasta la identificación por parte de algún adolescente despistado que no se haya metido a ver cualquier tontería.
En la Tiniebla (Half Light, Craig Rosenberg, 2006) usaba el hijo perdido como trauma anterior a la propia historia, de forma similar a cómo hace La habitación 408. Si en ésta, se convierte en el punto clave de la pesadilla, a modo de tortura, a que “el mal” somete al protagonista, en el film con Demi Moore es un obstáculo (y luego, una ayuda) para apartarse de la “locura” que acucia al personaje principal.
 
Por cierto, detalle curioso: el director de En la Tiniebla colaboró en Perdidos. Cosas que uno halla en el imdb. Me hace pensar. Lost no está, desde luego, falta de inquietud. También por ese continuo juego mental sobre qué sucede, para el espectador y para el propio personaje. ¿Lo que veo es real? ¿Lo que oigo es real? ¿Yo soy real, como afirma el protagonista de La habitación 408? ¿Estarán muertos, como nos hemos preguntado muchos de los que hemos visto Lost?
Claro que esa dirección igual te lleva al terror que al terreno de lo fantástico, y hasta de lo metafísico. Y eso tiene mal final. No, porque lo espiritual deba quedarse fuera de la ficción. Porque si se le dan respuestas muy contundentes, nos parece fácil. Nos parece que nos contestan a las preguntas. Y eso sucede con La habitación 408: “el más allá existe”. Y Perdidos, hasta donde he visto, en esta sexta temporada está aclarando demasiado. ¿Será que la narración está condenada a ser explícita? ¿No se puede navegar desde y hacia el misterio por el misterio? Esto, me temo es la herencia de la novela negra. Y que se nos ha olvidado que en “Los pájaros”, nunca supimos qué hacía rebelarse a estos animales.
Volvamos con los hijos muertos o perdidos. En la misma época, se estrenaron dos films que tenía un final con parecidos.  Las protagonistas, dos madres. Los padres de ambas ficciones eran testigos impotentes, que no sabían o podían hacer más de lo que hacía. Por cierto, que el padre lo interpretaba el mismo actor: Sean Bean.
The Dark (John Fawcett, 2005) nos dirige hacia un paisaje parecido al de En la tiniebla, aunque en dirección contraria. Si en ésta, huía de la familia, aquí la protagonista viaja con su hija a ver a su ex marido, a una zona de acantilados, si en el film de Rosenberg era Irlanda, aquí es Gales.

Un anticipo de The Dark. Se la recomiendo.

Cuando la hija desaparezca, los padres sabrán de una leyenda de fantasmas que dan al film una entidad argumental mayor que la media.

Silent Hill también posee una “pre-historia”, que la protagonista va desvelando (ella como guía del espectador) según avance en la persecución de la hija perdida. Aquí, el marco “fantástico” comienza mucho antes, aunque eso da pie a efectos especiales más extraños que aterradores, por culpa de lo digital. Además, pienso en la escena con las enfermeras: como decía Chicho Ibáñez Serrador, qué difícil es este género; si te quedas corto, aburres; si te pasasn produces risa.
Aún así, quizá lo que atrae de Silent Hill es lo mismo que pasaba con The Dark: no son “historias simples”. Y siempre funciona esa mínima intranquilidad de que no sepamos qué sucede. ¿Qué está pasando?, ¿qué está pasando?, nos decimos si todo se llena de extrañeza, y eso ya empuja lo suficiente para que sigamos viendo. De nuevo, creo que el ejemplo de Lost vuelve a ser oportuno.
Silent Hill acaba con una madre que sólo en teoría ha rescatado a su hija, aunque nos dé la sensación de que ambas se han quedado en un limbo extraño (luna especie de neblina) alejado del padre, y del resto del mundo. Es decir, aquí no triunfa el personaje; no se “cierra” la inquietud. En The Dark es aún peor. La madre rescata a su hija al precio de su propia condena. Sólo que, en su limbo, tiene compañía. Cuando lo entendemos, al tiempo que ella, surge uno de los momentos más aterradores que yo he visto en cine en mucho tiempo.
Una opinión subjetiva, y, en cierto modo, emocional, y así contrasto tanto análisis distante.

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4 comentarios

  1. La habitación 408 otro gran punto de partida un tipo que investiga y escribe sobre lugares supuestamente con fantasmas. Luego se pasa miedo, bueno más que miedo sustos, pero lo del final no tiene nombre. No lo voy a destripar pero vamos la canción de Antonio Machin “toda una vida” se podría explicar para el final pero bueno un buen punto de partida momentos de tensión, y un mal final… si me dieran un euro por todas las películas de miedo que son así. Quizás debió de ser un cortometraje. Un abrazo me ha encantao la entrada.

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  2. Yo acabo de verla otra vez y te recomiendo, cuando puedas, que la revises. Pierde mucho ese punto de partida. No sé si es cuestión de Stephen King, el guión o la dirección, pero hay momentos un poco ridículos. Y lo de recurrir a la empatía por paternidad parece un poco demasiado fácil, o, quizá, un poco forzado y enfatizado.

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  3. Pues lo de la lavanderia no tiene nombre… no digo el punto de partida de la película sino el hecho de que el personajes principal se dedique a lo que se dedique la verdad, me parece interesante, lo de samuel l. jackson no lo entiendo ni tampoco muchas cosas más pero me parecía curioso hacer una película de alguien que se dedica a escribir libros de lugares con fantasmas. La vi en el cine así es que es posible que tuviera que verla again.

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  4. ¿Lo de la lavandería? Me he perdido…

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